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| Julio González, analista político según sus años |
La guerra que el mundo empieza a olvidar
Por: Julio César González Padrón
Artículo de opinión
Mientras el planeta gira de sobresalto en sobresalto —la guerra cada vez más “enroscada” en Oriente Medio; la visita del Papa convertida en espectáculo mediático; el Mundial de fútbol anestesiando conciencias; la trises u real corrupción del gobierno social comunista de Pedro Sánchez, que la ha convertido ya en institucional; el eterno drama de Cuba— parece que hemos decidido mirar hacia otro lado. Como si la tragedia que se libra en el corazón de Europa fuese un capítulo ya leído, una guerra “vieja”, un conflicto que ya no genera titulares porque no encaja en el ritmo frenético de la actualidad global.
La guerra que no interesa recordar
La invasión rusa no es un conflicto congelado ni un enfrentamiento lejano. Es una guerra injusta, unilateral, imperialista y profundamente destructiva. Y, sin embargo, se ha vuelto incómoda para quienes prefieren pasar página. La fatiga informativa ha hecho su trabajo: la tragedia se ha normalizado.
Pero Vladímir Putin no ha normalizado nada. Él sigue avanzando en su estrategia de desgaste, destrucción y ocupación. No tiene prisa. No tiene intención de negociar. No tiene interés en la paz. Su objetivo es otro que, “desgastar a Ucrania, erosionar a Europa y demostrar que la fuerza bruta aún puede reescribir fronteras”.
El método Putin: destruir para dominar
Putin ha entendido que no necesita victorias rápidas. Le basta con destruir, con convertir ciudades en ruinas, con quebrar la moral de una población civil que lleva cuatro años resistiendo lo insoportable. Su estrategia es simple y cruel: si no puede conquistar, arrasa. Si no puede convencer, aterroriza. Si no puede ganar legitimidad, impone miedo, y mientras tanto, el mundo mira hacia otro lado.
El sueño imperial que nunca murió
Quien crea que la ambición de Putin termina en Ucrania no ha entendido nada. Su proyecto es claro: reconstruir la esfera de influencia de la antigua Unión Soviética, devolver a Moscú el control sobre todos aquellos países que un día lograron liberarse de su yugo.
Primero fue Crimea. Y no pasó nada. Ahora es Ucrania. Y el mundo bosteza. Después, ¿qué vendrá? Los países bálticos, Rumanía, Polonia… la lista está escrita desde hace años en la mente de un líder que se ve a sí mismo como heredero de los zares, restaurador de una “Gran Rusia” que nunca existió más allá del mito y la nostalgia imperial.
No es paranoia pensar en ello. Es simplemente leer la historia, escuchar sus discursos y observar sus actos. Pero la triste realidad es brutal y “Ucrania sigue sangrando”. Y lo hace sola, cada vez más sola, mientras el mundo se acostumbra a la idea de que la guerra es un ruido de fondo.
Quien crea que la ambición de Putin termina en Ucrania no ha entendido nada. Su proyecto es claro, “reconstruir la esfera de influencia de la antigua Unión Soviética”, devolver a Moscú el control sobre todos aquellos países que un día lograron liberarse de su yugo. Primero fue “Crimea”. Y no pasó nada. Ahora es Ucrania. Y el mundo bosteza. Después, ¿qué vendrá? Los países bálticos, Rumanía, Polonia… la lista está escrita desde hace años en la mente de un líder que se ve a sí mismo como heredero de los zares, restaurador de una “Gran Rusia” que, dicho sea de paso, nunca existió más allá del mito y la nostalgia imperial.
No es paranoia pensar en ello. Es simplemente leer la historia, escuchar sus discursos y observar sus actos. ¡Blanco y en botella!
La amnesia moral de Occidente
Occidente, mientras tanto, parece haber entrado en una especie de amnesia moral. La guerra de Ucrania ya no es “trending topic”. Ya no genera indignación. Ya no moviliza. Y esa indiferencia es peligrosa, porque “Putin se alimenta de ella”.
Cada vez que el mundo se distrae, él avanza. Cada vez que Europa duda, él presiona. Cada vez que la atención global se desplaza, él aprovecha dejándonos claro que, la indiferencia es su mejor aliada.
A todas estas, Ucrania no puede permitirse nuestro olvido.
La población ucraniana sigue pagando un precio insoportable: ciudades destruidas, familias separadas, millones de desplazados, miles de muertos, un país entero convertido en campo de batalla. Y aun así, resisten. Resisten porque saben que no solo luchan por su territorio, sino por su derecho a existir como nación libre.
Pero “ningún pueblo puede resistir solo para siempre”. Y menos cuando enfrente tiene a una potencia nuclear con ambiciones imperiales y una paciencia infinita.
Por ello alerto del peligro de mirar hacia otro lado porque, olvidar Ucrania no es solo una injusticia moral. Es un error estratégico monumental. Porque si Putin logra imponer su visión del mundo —un mundo donde la fuerza vale más que el derecho, donde las fronteras se cambian por capricho, donde la democracia es una molestia— entonces nadie estará a salvo; ni los bálticos. ni Europa del Este. ni siquiera la propia Unión Europea, pues la historia ya nos enseñó lo que ocurre cuando se permite que un líder con ambiciones expansionistas avance sin freno como el caso de Putin. No aprendimos entonces. ¿Vamos a repetirlo ahora?
Ucrania no necesita solo armas, dinero o diplomacia. Necesita algo más básico, el que no la olvidemos. Que no permitamos que su tragedia se diluya entre titulares pasajeros. Que entendamos que su lucha es también la nuestra. Que su resistencia es un muro que nos protege a todos.
Porque si Ucrania cae, no será el final de la guerra. Será el principio de algo mucho peor, porque este Putin es capaz por sí solo, de convertir al propio Donal Trump, al Natanyahu, o al propio Kim Jon -Un líder norcoreano, en auténticos angelitos buenos, o “niños de teta”.
Y para no olvidar a nuestro léxico y expresiones canarias, a las que tanto me gusta recurrir, como buen mauro de Telde que soy, añado…Si le digo cristiano le engaño, pero a este ruso, temprano se le vio la cara o se limpió las legañas. ¡Que se te ve la perica Putin! Y yo sé de sobra, que no hay muladar sin pulgas, ni linaje sin putas, y te aseguro, que lo tuyo apesta desde hace tiempo a trapo quemado. Así que… ¡Júyete pá ya guardielantre ruso del diablo! Qué hay más allá… ¡Casos se han dado!
¡Qué cosas!
Fdo:
Julio César González Padrón
Marino Mercante y escritor

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