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| Sebastián Quintana-(Chano el guapo) |
Relato de Joaquín Santana.
Hay nombres que se escriben con tinta en los libros de historia, y otros que quedan grabados a fuego en el salitre, las rocas y la memoria colectiva de un pueblo. Este último es el caso de Sebastián Quintana Vélez, a quien toda la costa de Telde conoció, respetó y quiso bajo un apodo que evocaba tanto su planta como su nobleza: 'Chano el Guapo'.
Hablar de Chano es hablar de la mismísima playa de La Garita. Su antigua casa, inmortalizada en el paisaje costero con ese icónico mural de un barco azul que desafía al tiempo, era el reflejo de una vida enteramente entregada al Atlántico. Chano no solo vivió del mar; Chano entendía el mar, lo respetaba y, sobre todo, lo vigilaba con el celo de un guardián silencioso.
El héroe anónimo de la marea
Quienes conocen la bravura de La Garita saben que sus aguas no perdonan. Sin embargo, durante décadas, el mejor salvavidas de esta playa no llevaba uniforme oficial, sino las manos curtidas de un marinero de raza. Fueron muchas las almas que hoy siguen respirando gracias al arrojo de Chano, un hombre que no dudaba en jugarse la propia vida para arrancar de las garras de la corriente a vecinos y visitantes por igual. Su valentía era pura, desinteresada, nacida de ese profundo respeto por la vida humana y por el océano que consideraba su hogar.