En un mundo cada vez más dominado por el sonar, los GPS de alta precisión y los aparejos sintéticos de última generación, la costa de Gran Canaria guarda el secreto de una de las tradiciones marineras más singulares y poéticas del Atlántico: la pesca de la vieja mediante el uso del tradicional mirafondos.
La vieja un pez de colorido deslumbrante y carne finísima tan cotizado en los manteles isleños, no es una presa fácil. Se alimenta en los fondos rocosos y en los sebadales, picoteando algas y pequeños crustáceos con su característico pico en forma de loro. Para capturarla sin dañar el entorno ni asustarla, los antiguos pescadores artesanales de la isla desarrollaron un método paciente, casi contemplativo, que convierte cada jornada en un diálogo directo con el mar.
La ventana transparente del mar
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