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| Barqueros de un asadero, después de una buena pesca |
Quien lo ha vivido
sabe cuál es la sensación de la compañía de las personas con las que codo a
codo pasas noches de duro trabajo en el mar.
Cuándo tras un exitoso lance de chinchorro se llega a
acuerdo apartar una caja de pescado y encender una buen brasa, en ocasiones se echaba mano de lo
que avía, unas cajas viejas de
madera y lo que se buscaba por la
zona, esas brasas te sabían a gloria, sentarte al calor de la lumbre en el frío de
la madrugada, aun con las ropas húmedas
del trabajo ya terminado, uno se apunta
acercarse a la panadería del lugar, donde los panaderos están elaborando el pan
del día, y comprar un buen saco de pan ,
donde el panadero siempre regalaba
alguno a cambio se le invitaba al asadero entre risas y bromas, otro se acercaba a la caseta donde se
guardaban los materiales de la pesca y trae las bebidas que siempre avía algo
para matar el frío, Lo mejor de todo eran las conversaciones, recordar anécdotas de otros años de grandes
pescas, recordar a los que ya no estaban entre nosotros , y hablar de sucesos pasados.
Hay se creaba un ambiente de familia, reír, cantar, beber y comer del fresco pescado que era lo más fresco sin duda y sin ningún reparo, si pasaba alguien por el lugar se le convidada a sentarse a la
lumbre y compartir con todos lo que
estaba en la mesa , y así pasábamos unos
momentos cercanos entre todos
( La añoranza del hombre es el recuerdo del pasado y de
quien se sentó junto a él en la misma mesa)
Joaquín Santana: