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| El ayuntamiento no existe para el valle de Jinámar |
Artículo de opinión
Por la dignidad de nuestros barrios y el fin del abandono municipal.
Gastar en fiestas y desatender lo urgente. Esa parece ser la hoja de ruta de un Ayuntamiento que, en lugar de gestionar para todos, parece haberse olvidado de que los vecinos del Valle de Jinama también existimos, también pagamos nuestros impuestos y, sobre todo, también merecemos vivir con dignidad.
Llevamos más de un año conviviendo con una estampa tercermundista en una de nuestras aceras: un vertido continuo de aguas fecales y acumulación de basura que convierte el día a día de quienes pasan por allí en una auténtica pesadilla insalubre. No hablamos de un problema estético; hablamos de un foco de infecciones, de olores insoportables y de un peligro real para la salud de nuestros hijos y mayores.
Lo más indignante no es el problema en sí, sino la absoluta desidia de quienes nos gobiernan. Se ha puesto en conocimiento de las autoridades, se ha denunciado reiteradamente y, ¿cuál ha sido la respuesta? El silencio. El ninguneo. El mirar hacia otro lado.
Parece que para este grupo de gobierno hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Los de primera reciben atenciones; a los de segunda se nos exige cumplir con nuestras obligaciones fiscales, pero se nos niegan los servicios más básicos.
Desde aquí lo decimos alto y claro: No somos vecinos de segunda. Somos ciudadanos con pleno derecho a exigir que se dejen de tanta foto, de tanta fiesta y de tanto gasto superfluo, y que se pongan a trabajar de inmediato en lo que verdaderamente urge.
Exigimos una solución definitiva ya. La paciencia de Jinama se ha agotado.
Joaquín Santana