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| Salvamento marítimo y un cayuco |
Como otros tantos canarios fui y soy de las que piensan en el gasto tan exagerado que nos estamos haciendo con esta visita.
Aún así, me senté esa mañana ante el televisor para ver su llegada y encuentro con las miles de personas que se trasladaron a Aguineguin para recibirlo.
Las palabras del capitán del barco de salvamento no podían dejar insensible a nadie cuando habló de las experiencias vividas por él, emocionante fue escucharle relatar el dolor que siente al rescatar un cayuco y ver los cadáveres de las personas que habían puesto su esperanza en manos de la mafia que se mueve entorno a todo esto.
O las mujeres y niñas que habían sido violadas en altar mar por unos hombres sin escrúpulos. Ante esto un nudo me apretaba la garganta, a la vez que la impotencia me dejaba sin palabras.
De igual modo fue emocionante escuchar la voz de la señora que dio el testimonio de aquella otra que no pudo asistir por estar protegida, quien con lagrimas en los ojos nos contó su propia experiencia dura y cruel como la de muchas mujeres y niñas.
Hay que ser muy insensible para no sentir que algo se movía dentro de uno. Por suerte tengo un corazón que sufre ante el dolor de los demás.
María Sánchez.

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