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jueves, 25 de junio de 2026

Un Gobierno sin Presupuestos

Don Julio González, marino mercante jubilado
 

¿Erosión Democrática o Simple Bloqueo Político? 

Una Llamada a la Responsabilidad Institucional


Por: Julio César González Padrón

Artículo de opinión

En cualquier democracia parlamentaria avanzada, la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado”, constituye el acto político más relevante del año. No es una formalidad técnica ni un trámite administrativo; es la expresión concreta del proyecto de país que un Gobierno propone y que el Parlamento, en representación de la ciudadanía, valida o rechaza. Los presupuestos son la arquitectura financiera que sostiene las políticas públicas, la herramienta que permite planificar, priorizar y ejecutar. Sin ellos, un Gobierno puede seguir existiendo, pero difícilmente puede gobernar.

Por ello, resulta tan significativo —y para muchos, alarmante— que durante toda la legislatura actual el Ejecutivo social comunista que preside Pedro Sánchez, no haya logrado aprobar ni una sola Ley de Presupuestos”. No hablamos de un retraso puntual ni de una negociación complicada. Hablamos de una incapacidad estructural para articular mayorías, para generar consensos y para ejercer la responsabilidad política que la ciudadanía le otorgó en las urnas.

La parálisis presupuestaria como síntoma de una crisis de gobernabilidad

La ausencia de presupuestos propios no es un hecho aislado. Es el reflejo de un Gobierno, como el social comunista actual, que ha perdido la capacidad de construir acuerdos estables, incluso con aquellos grupos que inicialmente facilitaron su investidura. En un sistema parlamentario, la gobernabilidad no se mide solo por ocupar el poder, sino por la capacidad de ejercerlo con eficacia. Y cuando un Ejecutivo no consigue aprobar la ley más importante del año, año tras año, la pregunta es inevitable: ¿Puede considerarse plenamente funcional un Gobierno que no puede gobernar?

La respuesta, desde un punto de vista institucional, es compleja. Legalmente, el Gobierno puede continuar. Pero políticamente, su legitimidad se erosiona. La democracia no se sostiene únicamente sobre la legalidad; se sostiene también sobre la confianza, la eficacia y la capacidad de cumplir con las obligaciones básicas del mandato recibido.

El impacto real sobre la ciudadanía: provisionalidad, incertidumbre y desgaste institucional

Gobernar con presupuestos prorrogados implica que el país funciona con una estructura financiera diseñada para un contexto pasado. Las prioridades cambian, los desafíos evolucionan, las necesidades sociales se transforman. Sin embargo, la acción del Gobierno queda encorsetada en un marco presupuestario que no responde a la realidad actual y esto afecta a la inversión pública, a la planificación económica, a la capacidad de respuesta ante crisis, a la financiación de servicios esenciales y la no menos importante estabilidad de empresas y administraciones

Y, sobre todo, afecta a la percepción ciudadana de que las instituciones funcionan con normalidad. Porque cuando un Gobierno renuncia de facto a aprobar presupuestos, transmite la idea de que la política se ha convertido en un ejercicio de resistencia, no de dirección.

¿Un insulto a la ciudadanía? Una reflexión sobre la responsabilidad democrática

Calificar esta situación como un “insulto” puede parecer excesivo, pero no lo es si se entiende en su dimensión simbólica. La ciudadanía cumple con sus obligaciones como es la de pagar impuestos, respeta las leyes, participa en los procesos democráticos. A cambio, espera que quienes gobiernan cumplan con las suyas. Y entre esas obligaciones, pocas son tan esenciales como presentar y aprobar unos presupuestos que reflejen las prioridades del país.

Cuando un Gobierno, como ocurre como éste social comunista, que encabeza Pedro Sánchez, renuncia a esa responsabilidad durante toda una legislatura, el mensaje que se envía es que la estabilidad institucional es secundaria frente a la supervivencia política. Y eso, inevitablemente, genera frustración, desafección y una sensación de abandono institucional.

La democracia como mecanismo de corrección: devolver la voz al pueblo

En este contexto, surge una cuestión legítima y profundamente democrática: ¿No debería ser la ciudadanía quien decida, mediante su voto, si este Gobierno merece continuar o si es necesario abrir una nueva etapa política?

Convocar elecciones no es un fracaso; es un mecanismo de corrección. La democracia no solo sirve para elegir gobiernos, sino también para resolver bloqueos. Cuando un Ejecutivo no puede aprobar presupuestos, como es el caso que nos ocupa hoy en España, no puede legislar con normalidad y no puede garantizar mayorías estables, la vía más honesta es devolver la palabra al pueblo.

La democracia no se debilita cuando se consulta a la ciudadanía; se debilita cuando se evita hacerlo por miedo al resultado. Típico de las dictaduras bananeras a la que Pedro Sánchez, cada día que pasa, parece querer imitar cada vez más.

La responsabilidad de saber cuándo parar

Gobernar no es solo tomar decisiones; también implica reconocer cuándo ya no se tienen las condiciones para seguir haciéndolo. Un Gobierno que no logra aprobar presupuestos durante toda una legislatura no solo muestra debilidad parlamentaria; muestra desconexión con la realidad del país y con las expectativas de la ciudadanía.

En una democracia madura, la responsabilidad institucional exige saber cuándo es necesario abrir las urnas. No como castigo, sino como renovación. No como ruptura, sino como oportunidad. No como derrota, sino como respeto a la soberanía popular.

Como conclusión, podemos añadir que, la legitimidad democrática no se hereda, se renueva.

La legitimidad de un Gobierno no se agota en el día de la investidura. Se renueva cada día mediante la acción política, la capacidad de diálogo y el cumplimiento de las obligaciones institucionales. Y cuando esa renovación deja de producirse, cuando la parálisis se convierte en norma y la improvisación en método, la democracia ofrece un camino claro, que no es otro que el de “devolver la voz al pueblo”.

Porque la democracia no es solo votar cada cuatro años. Es garantizar que quienes gobiernan lo hagan con capacidad, con respaldo y con un proyecto claro. Y cuando eso falla, la solución no es resistir, sino escuchar.

Lo otro se llama “dictadura” y eso ya suena demasiado en la calle y no sin razón, porque… ¡Casos se han dado!

 Y, por último, este viejo “lobo de mar y maúro de Telde”, que sabe mas por viejo que por sabio, te aconseja Pedro Sánchez, que…. Pega el toque a la pipa y te mandes a mudar ya, porque si bien es cierto que, pasarás a la historia, como el “peor presidente” que haya podido tener España en sus 51 años de democracia, superando incluso a Zapatero. Todavía estás a tiempo de evitar terminar en Soto del Real, que a este paso, van a tener que cambiarle el nombre por: “Residencial PSOE *****” 

¡Qué cosas!


Fdo:

Julio César González Padrón

Marino Mercante


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