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jueves, 18 de junio de 2026

Un país que se mira al espejo.

 

Julio y sus historias de política


Cinco grietas que explican la crisis ética que nos desborda

(Continuación del articulo publicado antes de ayer sobre el atrincheramiento de Pedro Sánchez)

Enlace: https://teldehabla.blogspot.com/2026/06/un-presidente-atrincherado-mientras-el.html

Por: Julio César González Padrón

Artículo de opinión

Hay momentos en la historia de un país, en los que la realidad deja de ser un paisaje y se convierte en un espejo. Y lo que ese espejo devuelve hoy es demasiado incómodo, hiriente incluso. 

Nuestro país que asiste actualmente y, casi en silencio, a una “crisis ética” que no estalla de golpe, sino que se filtra por las grietas que llevamos demasiado tiempo ignorando. Cinco de esas grietas —“responsabilidad política, crisis institucional, erosión de la confianza pública, silencio gubernamental e impacto en la democracia”explican por qué hemos llegado hasta aquí y por qué será tan difícil salir.

La responsabilidad política debería ser el cimiento moral de cualquier gobierno. No es un gesto, ni una pose, ni una rueda de prensa; es la capacidad de asumir consecuencias. Sin embargo, en el clima actual, la responsabilidad es algo que Pedro Sánchez ha convertido en un concepto maleable, casi decorativo. la pide cuando le conviene, la esquiva cuando le incomoda y la diluye en un mar de excusas, tecnicismos y relatos prefabricados.

El problema no es solo la falta de dimisiones —que ya sería grave— sino la normalización de la impunidad”. Cuando un país se acostumbra a que nadie responda por nada, la política deja de ser un servicio público y se transforma en un ejercicio de supervivencia personal. Y un país gobernado por quienes solo buscan sobrevivir, como es el caso de Pedro Sánchez, es un país condenado a no avanzar.

Las instituciones no se derrumban de un día para otro. Se erosionan lentamente, como una piedra que el agua desgasta sin que nadie lo note. Hoy vemos organismos que deberían ser independientes convertidos en trincheras partidistas. Vemos órganos de control que ya no controlan, sino que negocian. Vemos instituciones que deberían ser árbitros actuando como jugadores.

La crisis institucional no es un concepto abstracto. Es la pérdida de la arquitectura que sostiene la convivencia. Cuando las instituciones dejan de ser fiables, el ciudadano queda desprotegido. Y un ciudadano desprotegido es un ciudadano vulnerable a la arbitrariedad, al abuso y al desencanto.

La confianza es un recurso político tan valioso como escaso. Y cuando se pierde, no se recupera con discursos, sino con hechos. Hoy, sin embargo, asistimos a un fenómeno preocupante, pues la ciudadanía ya no espera que sus gobernantes digan la verdad. (Aunque en el caso de Pedro Sánchez, no lo ha hecho nunca) Lo grave no es que se mienta como él hace; lo grave es que ya no sorprende a nadie.

La desconfianza se ha convertido en un estado emocional colectivo. Y cuando un país deja de confiar en quienes lo dirigen, empieza a buscar refugio en la polarización, en el cinismo o en la indiferencia. Ninguna de esas salidas conduce a un lugar sano.

Hay silencios que protegen y silencios que delatan. El silencio actual del gobierno social comunista de Pedro Sánchez, ante una crisis ética como la que estamos sufriendo, no es prudencia, es cálculo. Es la estrategia de quien cree que el tiempo lo cura todo, que la opinión pública se cansa, que la tormenta pasará sola.

Pero el silencio también es un mensaje. Y el mensaje que recibe la ciudadanía es devastador, pues parece que nos está diciendo con toda su “jeta sanchista”“No merecéis una explicación.”

Ese silencio no solo agrava la crisis; la legitima. Porque cuando el poder calla, la sospecha habla más alto.

¿Pero qué, impacto produce en la democracia?

La democracia no muere con un golpe; muere con un susurro. Muere cuando se normaliza la falta de transparencia. Muere cuando la ética se convierte en un accesorio. Muere cuando el poder deja de sentir vergüenza, como es el caso que nos ocupa.

El impacto de esta crisis no se medirá en titulares, sino en generaciones. En jóvenes que crecerán creyendo que la política es un teatro de sombras. En ciudadanos que asumirán que la corrupción es parte del paisaje. En un país que, poco a poco, dejará de exigir lo que merece y a todas estas, hoy declaró como imputado por delitos de corrupción su maestro José Luis Rodríguez, quien se ha declarado inocente de todo, incluido el asunto de las joyas, que “no sabe no contesta”, o lo que es lo mismo, se acogió a su derecho a mantener silencio absoluto. 

A pesar de su manifiesta falta de colaboración ante la justicia, el Juez Calama, no le retiró el pasaporte, ni declara otra medida cautelar como seria la de presentarse cada 15 días en el juzgado

El que llegó a la Moncloa como ejemplo de honradez y rectitud, hoy se le ha venido todas sus argumentaciones abajo y aunque se preocupó de defender a la empresa de sus hijas, todo parece que no va a poder tampoco demostrar que no están implicadas.

La democracia no se destruye: se desgasta. Y hoy, más que nunca, está desgastada.

Como conclusión final, diremos que, verdadera pregunta no es si estamos ante la mayor crisis ética de nuestra historia reciente. La pregunta es si tendremos el coraje de mirarla de frente. Porque un país que no se reconoce en su propio reflejo, está condenado a repetir sus errores. Y este país nuestro, ya no puede permitirse más errores.

 

Y para no perder mi costumbre de acabar los artículos, utilizando a nuestras ricas expresiones canaria … “Te digo así mismo con la boca llena, Pedro Sánchez y Zapaterp, que ya nos tienen caliente con sus cosas compadres; así que, dele un pique al toque y arranquen la caña de una puñetera vez… ¡Quítenseme d´ante cristianos! y no me vengan ahora con más trolas… harfavol, qué, … ¡Casos se han dado!

¡Qué cosas!

Fdo: 

Julio César González Padrón

Marino Mercante y escritor


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