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| Frente a la sentencia…agua y crema |
Luis Seco de Lucena
Artículo de opinión
Hubo un tiempo, no tan lejano, en que se hablaba de regeneración democrática, de ejemplaridad pública, de limpiar las instituciones como quien abre las ventanas de una casa cerrada durante años para que entre aire fresco.
Con esa bandera llegó Pedro Sánchez a La Moncloa. Con esa bandera se presentó la moción de censura que expulsó a Mariano Rajoy del Gobierno. La corrupción era entonces una herida insoportable, una línea roja, una cuestión moral que exigía una respuesta inmediata.
Por eso resulta imposible no detenerse ante la imagen que hoy devuelve el espejo.
Porque algunos de los hombres que hicieron posible aquella operación política, los mismos que se envolvían en discursos sobre dignidad institucional y limpieza democrática, han terminado condenados por aprovecharse de su posición para enriquecerse. Según la sentencia, no solo se trataba de dinero. También aparecen reflejadas conductas que retratan una utilización obscena del poder para satisfacer impulsos tan primarios como vergonzosos.