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sábado, 20 de junio de 2026

Mar, salitre y gaviotas , la pesca de morena con tambor un arte más ya desaparecido ó poco visto en la actualidad

PESCA DE MORENA CON EL TAMBOR

 El tambor de pescar morenas es un arte de pesca tradicional tipo trampa, muy arraigado en las Islas Canarias y otras regiones atlánticas, diseñado específicamente para capturar peces anguiliformes (con forma de serpiente) gracias a su fisonomía selectiva.

​En antaño, antes de la llegada de plásticos como el PVC, los pescadores fabricaban estos tambores a mano utilizando materiales locales, reciclados y de origen vegetal. El proceso artesanal se estructuraba de la siguiente manera:


​El armazón principal debía tener una forma cilíndrica alargada. Antiguamente se utilizaban tres tipos de materiales principales según la zona y la época:

  • Mimbre o junco: En las etapas más antiguas, se tejían de forma similar a las nasas, utilizando fibras vegetales flexibles como el junco o varas de mimbre.
  • Hojalata o latón: Con la llegada de los envases metálicos industriales (como los bidones de aceite o latas grandes), los pescadores los reutilizaban. Limpiaban la plancha de metal y la perforaban a mano a golpe de clavo y martillo por toda la superficie. Estos agujeros eran vitales: permitían que el agua circulara, que el olor de la carnada se esparciera y que el tambor no ofreciera demasiada resistencia a las corrientes marinas.

​El verdadero secreto del tambor estaba en sus extremos. Se diseñaban uno o dos embudos (llamados técnicamente entradas troncocónicas o "mataderos").​Se fabricaban alineando varillas flexibles de madera (como el olivo silvestre), cobre o verga galvanizada. ​Estas varillas se colocaban apuntando hacia el interior del cilindro, formando un cono que se iba estrechando.

  • Mecánica: Al ser flexibles, la morena empujaba las varillas con la cabeza para entrar atraída por el olor. Una vez dentro, las puntas de las varillas volvían a cerrarse o quedaban en una posición que le impedía dar la vuelta o empujar hacia afuera, atrapándola eficazmente.

​En uno de los laterales del cilindro se recortaba una pequeña trampilla o puerta amarrada con hilo. Dado que la morena es un animal agresivo y con una mordedura peligrosa, no se podía sacar por el embudo de entrada. Esta puertecita lateral permitía volcar el tambor de forma segura para extraer las capturas o introducir el cebo nuevo.

​Para que el tambor no flotara ni se lo llevaran las corrientes de fondo, en su interior se colocaban piedras pesadas del propio litoral rocoso amarradas firmemente. Además, al ser de hojalata o mimbre, el artefacto se mimetizaba perfectamente con las grietas del fondo marino donde habitualmente se esconden las morenas.

El cebo tradicional: Para activar la trampa de antaño, los pescadores machacaban pescados grasos como la sardina o la caballa y los metían dentro. Al "machacarlo", el aceite y la sangre del pescado salían de manera constante por los agujeros de la hojalata, creando un rastro infalible en el agua.


Joaquín Santana :

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