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| EL PELIGRO ACECHA |
Lo que debería ser un espacio exclusivo para el deporte y el esparcimiento se está convirtiendo, por pura falta de mantenimiento, en una auténtica trampa para los jóvenes de la zona. En el campo de fútbol de Melenara, la escena se repite con alarmante frecuencia: chavales que saltan la muralla perimetral del recinto, esquivando cascotes y estructuras debilitadas, ajenos al peligro real al que se exponen.
El estado del muro es, cuanto menos, preocupante. Años de abandono institucional han dejado la infraestructura en un estado prácticamente derruido. Lejos de ser una barrera segura, la pared presenta grietas severas, desprendimientos de hormigón y zonas donde la estructura parece ceder al mínimo impacto.
El verdadero peligro: El riesgo no es solo una caída desde la altura del muro. La falta de integridad de la estructura significa que cualquier sección podría colapsar sobre los propios menores, provocando un accidente de consecuencias fatales.
Una llamada urgente a la responsabilidad
La combinación de la temeridad propia de la edad con la negligencia en el cuidado del mobiliario público es una bomba de relojería. No podemos esperar a que ocurra una desgracia para llevarnos las manos a la cabeza.
- A los jóvenes: Es vital concienciar sobre el riesgo de tratar una estructura en ruinas como si fuera un parque de parkour.
- A las autoridades: Urge una intervención inmediata. No basta con poner una cinta de "no pasar"; se necesita la rehabilitación urgente del muro o, en su defecto, un vallado de seguridad subsidiario que impida el acceso antes de que tengamos que lamentar daños personales.
La seguridad de nuestros barrios empieza por mantenerlos en pie. El campo de Melenara necesita atención ya, antes de que el muro dicte su propia sentencia.

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