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| Julio en una de sus firmas del libro Valbanera |
Por: Julio César González Padrón
Artículo de opinión
Lo que ha ocurrido esta semana no es una simple sucesión de titulares incómodos. Es un “colapso moral y político” que afecta al corazón mismo del poder en España, pero desde mi punto de vista, lo más grave no es solo la acumulación de causas judiciales, sino la actitud del presidente del Gobierno: Pedro Sánchez, abusando de un silencio calculado, casi desafiante, como si la realidad no fuera con él.
El lunes, el juez Peinado comunica oficialmente a Begoña Gómez su “procesamiento por cinco delitos graves”. Cinco. No uno, no una sospecha vaga, no una diligencia preliminar; sino cinco delitos que afectan directamente a su esposa.
El miércoles, José Luis Rodríguez Zapatero —expresidente socialista y figura clave del aparato del partido— es citado a declarar como “imputado” por el caso de corrupción, Plus Ultra y por las joyas encontradas en su despacho de Ferran. La imagen de un expresidente entrando en un juzgado por presunta corrupción es devastadora para cualquier democracia madura.
Y, por si fuera poco, salen a la luz los “pagos camuflados” vinculados al PSOE, mientras un informe de la UCO señala que la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, conocía la trama dirigida por Cerdán y mañana tendrá que comparecer. Esto no es una tormenta perfecta: es un “tsunami institucional”.
Y a todas estas Pedro Sánchez sigue instalado en La estrategia del avestruz; esconder la cabeza mientras el país arde.
Desde mi punto de vista, la reacción de Pedro Sánchez es tan cobarde y preocupante como los hechos en sí. Su silencio no es prudencia, es “evasión deliberada”. Es la estrategia del que cree que, si no habla, la realidad se disuelve. Es una vergüenza para la imagen España ante el mundo. Pero la realidad no se disuelve. Se agrava.
Un presidente no puede comportarse como un espectador de su propia crisis. No puede refugiarse en el mutismo mientras su entorno más íntimo está siendo investigado por delitos que afectan a la credibilidad del Estado. Este silencio transmite una idea demoledora y es que, “o no controla la situación, o no quiere asumirla”.
Durante años, el “sanchismo”, que nada tiene que ver con el auténtico socialismo histórico del PSOE, ha construido un relato basado en la superioridad moral, en la idea de que todo cuestionamiento era una conspiración, una campaña, un ataque interesado. Pero cuando la justicia llama a tu puerta, cuando los jueces procesan a tu esposa, cuando un expresidente de tu partido es imputado, cuando la UCO señala a tu directora de la Guardia Civil… el relato se desmorona, y cuando el relato se desmorona, queda lo que siempre debe quedar: “la verdad”.
La verdad de un poder que, desde mi punto de vista, ha confundido el Estado con un cortijo. La verdad de un partido que ha normalizado prácticas que erosionan la confianza pública. La verdad de un presidente que se parapeta en el silencio porque no tiene una explicación que ofrecer.
Pero los españoles tenemos derecho a preguntarnos… ¿puede un presidente seguir actuando como si nada ocurriera?
A mi juicio, no. No es razonable. No es ético. No es compatible con la dignidad del cargo, como tampoco lo fue lo de mentir pactando con los enemigos de España y cambiando las Leyes para su propio interés implicando al propio Tribunal Constitucional, donde colocó de presidente a un “amigacho” antiguo ministro, para poder manipularlo a su gusto, como así declaró en publico con aquella frase que lo perseguirá de por vida… ¿De quién depende la fiscalía…?
Un presidente serio y democrático debe dar explicaciones. Debe asumir responsabilidades políticas. Debe garantizar que la justicia actúa sin interferencias. Y si no puede hacerlo, debe plantearse si su continuidad es compatible con la estabilidad institucional del país, que se ha propuesto en convertir en una república bananera.
Seguir escondiéndose no es una opción. Seguir negando la evidencia no es una opción. Seguir actuando como si nada pasara es una “falta de respeto al país entero”.
Porque no nos engañemos como hace el resto del gobierno social comunista que preside; lo que realmente está en juego, no es solo el futuro de Pedro Sánchez. No es solo el futuro del PSOE; es la propia “credibilidad del Estado”, la confianza en la justicia y la percepción de que todos somos iguales ante la ley.
Cuando un presidente se oculta, el país entero queda expuesto. Cuando un presidente calla, la democracia se debilita. Cuando un presidente se aferra al poder mientras su entorno se desmorona, la institución que representa queda dañada.
La verdad es que todos somos un poco culpables de no haberlo cortado en seco, desde que comenzó mintiendo al país y a su propio partido, que está llevando a la ruina, pues como decimos en mi pueblo: pronto se te vio la perica y es que quien nace barrigón, ni que lo fajen de pequeñito, qué … ¡Casos se han dado!
¡Qué cosas!
Fdo. Julio César González Padrón
Marino Mercante y escrito

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