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| Julio, en una de sus presentaciones de uno de sus libros |
Por: julio César González Padrón
Artículo de opinión
La respuesta breve es no; “España no ha olvidado del todo el Corpus Christi”, pero sí es cierto que su presencia pública, su carácter festivo y su centralidad cultural han disminuido de forma notable en muchas regiones. Aun así, sigue siendo una de las solemnidades más antiguas, simbólicas y profundamente arraigadas del calendario católico, con tradiciones únicas como “las alfombras de flores, aserrín y tierras volcánica de colores” que se confeccionan en Canarias, siendo, además, un patrimonio cultural en sí mismas.
El Corpus Christi, es una de las solemnidades más antiguas y significativas del calendario católico, pero parece haber perdido en España parte del esplendor que durante siglos lo convirtió en una auténtica fiesta del pueblo. Para quienes crecieron en un país donde este día era festivo, multitudinario y profundamente religioso simbólico, la sensación actual es casi de extrañeza. ¿Cómo es posible que una celebración tan arraigada haya pasado a un segundo plano?
Las fiestas del Corpus Christi, tienen “Un origen medieval que transformó Europa;” nacieron en el siglo XIII, impulsada por la religiosa belga “Juliana de Cornillon”, quien promovió la idea de dedicar un día específico a honrar la presencia real de Cristo en la Eucaristía. El papa “Urbano IV” la instituyó oficialmente en 1264 mediante la bula “Transiturus de hoc mundo”. Desde entonces, la solemnidad se extendió por toda Europa con una fuerza extraordinaria.
En España, el Corpus arraigó con especial intensidad y durante siglos fue una celebración “cívico-religiosa”, donde la Iglesia, las cofradías, los gremios y las autoridades civiles, participaban en una procesión que era, a la vez, acto de fe, representación teatral, fiesta popular y expresión artística.
En ciudades como “Toledo, Granada, Sevilla, Valencia o La Laguna”, el Corpus se convirtió en una de las grandes fiestas del año. Era festivo nacional, las calles se engalanaban, los balcones se llenaban de colgaduras y la procesión se convertía en un acontecimiento multitudinario.
El Corpus era, además, un día profundamente identitario; los gremios desfilaban con sus estandartes; las autoridades civiles acompañaban al Santísimo; las calles se cubrían de juncos, flores y aromas; los niños estrenaban ropa nueva; las bandas de música llenaban el aire de solemnidad.; etc, etc… Era, en definitiva, una fiesta que unía a la comunidad.
Entre todas las tradiciones del Corpus, pocas son tan hermosas y singulares como las “alfombras de flores y tierras volcánicas de Canarias. En lugares como La Orotava, Telde, La Laguna o Arucas”, las calles se transforman en auténticos lienzos de arte efímero.
Quien haya participado en su confección —como yo en aquello juveniles años de Boy Scout, con una alfombra de quince metros y el lema: “Siempre Listos”. Sabemos que no se trata solo de una tradición estética, sino de un acto comunitario, casi ritual, donde cada pétalo, cada grano de picón y cada color tenía un sentido.
Estas alfombras no son simples adornos: son “ofrendas colectivas”; son “memoria cultural”; son “identidad canaria”; son “arte popular elevado a categoría universal”.
Pero… ¿Por qué ya no es festivo?
En España, el Corpus dejó de ser festivo nacional en 1989, cuando se trasladó la festividad al “domingo siguiente”, para facilitar la participación sin afectar al calendario laboral. Algunas comunidades autónomas lo mantuvieron como festivo durante un tiempo, pero hoy solo “Castilla-La Mancha” conserva el día como fiesta oficial.
El resultado es evidente; menos presencia pública, menos participación espontánea, menos visibilidad mediática, menos conciencia social de la fecha original.
Y nos podemos preguntar… ¿Se ha olvidado entonces el Corpus?
No del todo. En muchos lugares sigue vivo, aunque con menor intensidad. Las parroquias celebran la exposición del Santísimo, como ocurre en mi parroquia de San Gregorio de Telde el domingo 7de mayo. Las ciudades históricas mantienen procesiones solemnes. Y en Canarias, las alfombras siguen siendo un acontecimiento cultural de primer orden, pero sí es cierto que, para buena parte de la sociedad española, el Corpus ha pasado de ser una fiesta central a convertirse en una celebración discreta, casi íntima, conocida sobre todo por quienes mantenemos una vida parroquial activa o un vínculo cultural con la tradición.
Y llegado a este extremo nos preguntamos… ¿Qué nos dice este cambio?
El olvido parcial del Corpus no es solo un fenómeno religioso; es un síntoma de cómo han cambiado nuestras sociedades. La secularización, la aceleración del ritmo de vida, la pérdida de tradiciones comunitarias y la fragmentación cultural, han reducido el espacio para celebraciones que antes articulaban la vida social.
Sin embargo, el Corpus sigue recordándonos algo muy esencial; que la comunidad, la belleza, la memoria y la fe pueden expresarse de forma pública, artística y compartida.
Por lo tanto, se trata de un patrimonio que merece ser contado
Quizá el Corpus ya no sea festivo en toda España, ni tenga la fuerza de antaño. Pero sigue siendo una de las celebraciones más ricas, antiguas y simbólicas de nuestra historia y que mejores recuerdos me trae de mi infancia y juventud de los felices momentos vividos en mi querida ciudad de Telde. Y mientras haya parroquias que lo celebren, ciudades que lo procesionen y pueblos que sigan creando alfombras de flores, picón o aserrín, el Corpus no estará olvidado.
Solo necesita que lo recordemos, que lo expliquemos y que lo vivamos, aunque sea de forma distinta a como lo hacíamos cuando éramos jóvenes y gritábamos aquello de… ¡Ánimo chiquillos vamos a ayudar en la calle a confeccionar nuestra alfombra de “picón y serrín y flores” de todos los años!
Querido amigo lector como conclusión final, decirte que, podría rellenar folios y folios contándote cosas de nuestro solemne Dia de Corpus Cristi. Pero como diría un maúro de Telde como YO… ¡Paren a ese hombre ya cristiano!... Que este Julio González,que además de un perfecto maúro es también un “viejo lobo de mar de Los Llanos”, cuando le gusta un tema, pega la tablilla, le da suelta a la lengua y no para en todo el día… Con decirle cristiano, que una vez fue a pelarse a la barbería de Alfonsito Torres, el de la Plaza de San Gregorio, y cuando le preguntó al pobre peluquero, como era que quería que lo pelara, Julio, le contestó: ¡Cómo Siempre Alfonsito! A lo que el pobre de Alfonsito Torres, se apresuró a contestarle: ¡¡NO!!, ¡Como siempre no!... Al menos esta vez tiene que ser “callado”, que todavía me duele la cabeza de la última vez viniste por aquí y nos soltaste una de tus tantas historias… Y ¡Vemeria Purísima!, que me la gocé enterita, usted. Y que no digo yo, que no fuera interesante como siempre, pero a mí, es que me dejaste la cabeza entullía total. Así que, …. de acuerdo Julito, yo te pelo como siempre, pero esta vez y por Dios te lo pido… ¡Tu calladito mi niño lindo! Jajajaja. Y Es que, con este Julio González, cuando pega a hablar… ¡Dios mío!... Mejor apaga el farol y vámonos, que … ¡Casos se han dado!
¡Qué cosas!
Fdo:
Julio César Gonzálaez Padrón
Marino Mercante y escritor

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