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| Analista político |
Por: Julio César González Padrón
Artículo de opinión
Hay nombres que parecen inofensivos, casi domésticos, como si hubieran sido diseñados para sonar entre risas familiares o en la puerta de un colegio; “Julito” es uno de ellos. Un diminutivo que huele a infancia, a bicicleta, a trompos, a tardes de verano. Y sin embargo, en los pasillos de La Moncloa, ese nombre provoca un leve estremecimiento, un parpadeo más largo de lo habitual, un silencio que se instala como un invitado inesperado.
La pregunta, entonces, se vuelve inevitable: ¿Cómo puede un nombre tan pequeño proyectar una sombra tan larga?
¿Pero quién es Julio Matinez? “el lacayo” del que depende el expresidente Zapatero y su familia o al menos así lo considera el juez Calama, como guardián de los secretos del propio Zapatero, y que la UDEF, lo ve como el eslabón más débil del caso de corrupción, que implica no solo a Zapatero, sino a su alumno aventajado Pedro Sánchez, que intenta maniobrar para largarle el muerto al exministro, hoy en prisión preventiva, Ábalo.
Nada, yo diría que “Julito”, es solo es la punta de un iceberg a la deriva que tienen el 85% de su cuerpo sumergido; lo que lo hace muy peligroso para la navegación que le queda a este actual gobierno social comunista que preside Pedro Sánchez ya Zapatero del que sabremos muchas cosas, nada agradables, en las próximas semanas.
Julito como símbolo incómodo
En política, los nombres no son solo nombres; son señales, y el de “Julito”, se ha convertido en una de esas señales que parpadean en rojo. No es una persona, es un recordatorio. Un eco que resuena en los rincones donde se guardan las historias “oscuras” que nunca terminan de cerrarse. Un nombre que, al pronunciarse, parece abrir una puerta que el presidente Pedro Sánchez y Zapatero, preferirían mantener bien cerrada.
Porque “Julito” no es un personaje del relato oficial. Es el personaje que aparece cuando el relato oficial se queda sin tinta y las sospechas de corrupción sobre vuela sobre la cabeza del gobierno, como buitres, a la espera de que sus víctimas acaben en cadáver.
El silencio que hace más ruido
Pedro Sánchez domina el arte del “cobarde silencio” como quien domina un instrumento. Lo usa, lo modula, lo convierte en herramienta política. Pero hay silencios que no protegen, delatan. Y cuando alguien menciona “Julito”, el presidente activa ese silencio denso, casi táctico, que solo aparece cuando la pregunta es demasiado directa para esquivarla y demasiado incómoda para responderla.
Y es que, en política, el silencio no siempre es ausencia de palabras. A veces es exceso de significado.
Una grieta en el relato presidencial
El liderazgo de Sánchez se ha construido sobre una arquitectura de control; control del discurso, del calendario, de la escena y del fuera de escena. Pero “Julito” es esa grieta que aparece en la pared recién pintada. No derrumba la estructura, pero la desafía. No destruye el relato, pero lo interrumpe.
Para algunos, simboliza una contradicción entre lo que se proclama y lo que se practica. Para otros, es simplemente un nombre que señala un punto débil. Sea cual sea la interpretación, lo cierto es que “no estaba previsto en el guion”.
El miedo a la historia demasiado simple
Los asesores de comunicación temen las historias que se explican solas. Y “Julito” tiene esa cualidad peligrosa; es corto, es pegadizo y, sobre todo, invita a la curiosidad. Un nombre así, puede convertirse en un símbolo, en un meme, en una pregunta que se repite más de lo que conviene.
En política, cuando un nombre se vuelve popular, deja de ser un nombre y se convierte en un espejo y eso lo conoce muy bien Pedro Sánchez y su maestro Zapatero.
Llegado a este extremo nos preguntamos… ¿Y ahora qué?
La inquietud que provoca “Julito” no desaparecerá con un gesto ni con una comparecencia. Seguirá ahí, flotando en el aire, como esas palabras que se dicen una vez y ya no pueden desdecirse. Recordando que incluso los líderes más calculadores tienen puntos ciegos, y que los diminutivos, a veces, llevan dentro historias demasiado grandes. Con los indicios que ya tienen en su poder el juez, ¿se atreverá a encausar a Zapatero primero y luego a Pedro Sánchez?
Quizá la verdadera cuestión no sea por qué inquieta, sino “qué revela esa inquietud” sobre el momento político que vivimos de corrupción institucional a todos los niveles de este gobierno social comunista, que preside, gracias a una carambola democrática Pedro Sánchez, el único presidente de la historia, que no miente, pero que cambia de opinión o de dirección, más rápido que la veleta de un velero, cuando de cambiar de rumbo se trata.
Estamos viviendo ahora mismo en España un tiempo de descuento para un gobierno y un partido, PSOE, que nunca antes se vio salpicado de tanta corrupción y el nombre de “Julito” es un pequeño botón de lo que digo y que le servirá a los jueces, para terminar de desabrochar la camisa de la poca vergüenza de este presidente, su partido y su gobierno, fruto de pactos, con grupos, poco aconsejables , que no solo odian a España , (Bildu e Independentistas catalanes y vascos)sino que solo les importa mantener al gobierno, mientras sus continuos chantajes le sigan funcionando y en un tiempo en el que un simple nombre puede convertirse en un terremoto.
Lo que son las cosas el nombre de un tocayo de este humilde maúro de Telde, es pura gasolina de 98 octanos, dispuesta a arder y llevarse a todo un gobierno por delante. Y no se lo tomen a coña Pedro Sánchez y Zapatero, qué…. ¡Casos se han dado!
Y cerrando el articulo como lo haría un canario de pro como yo… ¡Cristiano!, pues no le digo qué, pegaron a tirar del hilo y al final se armó la de mojo con morena. Así que, no corran que es peor; que quien nace barrigón, ni que lo fajen de chiquito y la única verdad es que la penca de tuno que está para uno, no hay baifa que se la coma y con esta ahora de “Julito”, no sé por qué me da qué, les va a entrar cagalera y de la rala.
¡Qué cosas!
Fdo:
Julio César González Padrón
Marino Mercante
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