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| Don Julio en una conferencia |
Por: Julio César González Padrón
Artículo de opinión
En política, como en la vida, no siempre basta con tener razón. También hay que escoger el momento. Y quizá por eso, ante la posibilidad de una “moción de censura”, conviene detenerse un instante y preguntarse… Si, en las circunstancias actuales del país, sería un acto de responsabilidad… O un balón de oxígeno gratuito para un gobierno que parece desmoronarse por sí solo.
La tentación es comprensible. Cuando un Ejecutivo acumula desgaste, contradicciones internas y una evidente pérdida de credibilidad social, la idea de forzar un debate parlamentario suena atractiva. Permite fijar posiciones, denunciar excesos, señalar errores y recordar que existe una alternativa. Pero la política no es solo un escaparate; también es estrategia, un cálculo y una lectura fina del clima social.
Y hoy, el clima social es peculiar. La ciudadanía observa con una mezcla de cansancio y escepticismo. Muchos perciben que el Gobierno social comunista de Pedro Sánchez, sustentando d por egoístas Bildu etarras, separatistas vascos y catalanes y un manojo de “perroflautas” anti constitucionales, atraviesa un momento de debilidad evidente, fruto tanto de sus propias decisiones y errores, como de la erosión natural del tiempo. Pero precisamente por eso, cabe preguntarse si una moción de censura no sería, paradójicamente, la tabla de salvación que necesitan.
Porque una moción de censura, incluso cuando se sabe perdida de antemano, tiene un efecto inmediato: “reordena el tablero”. Obliga a los partidos a posicionarse, moviliza a los afines del Gobierno, reactiva discursos que estaban agotados y, sobre todo, permite al Ejecutivo presentarse como víctima de una ofensiva “injusta” u “oportunista”. Y ese papel, el “de víctima”, suele ser políticamente rentable.
Además, una moción de censura exige un candidato alternativo. Y ese candidato, quiera o no, queda expuesto. Se convierte en el centro del debate, en el blanco de los ataques, en el protagonista involuntario de un examen público que quizá no sea el más oportuno. Mientras tanto; en este caso, el gobierno social comunista de Pedro Sánchez, que hasta ayer parecía tambalearse, puede recuperar el foco, cohesionarse y encontrar un relato barato para reagruparse.
Por eso, quizá la pregunta no sea si el Gobierno merece una moción de censura —muchos ciudadanos ya tienen su propia respuesta—, sino si “es el momento adecuado” para llevarla a cabo”, para presentarla. Porque hay ocasiones en las que la mejor estrategia es dejar que los acontecimientos sigan su curso natural. Y el curso natural, hoy, parece inclinarse hacia un desgaste progresivo del Ejecutivo que no necesita empujones externos para hacerse evidente, porque ellos solo se lo hacen y se lo comen.
Forzar una moción ahora podría interpretarse como un gesto de impaciencia, o peor aún, como un movimiento que interrumpe un proceso de desgaste que ya estaba funcionando por sí mismo. A veces, la política exige saber esperar. Y esperar no es resignarse; es comprender que la oportunidad no siempre coincide con el impulso.
En definitiva, la moción de censura es un instrumento legítimo, democrático y necesario. Pero como todo instrumento, su eficacia depende del momento en que se utilice. Y quizá, solo quizá, este no sea el momento de rescatar a un Gobierno que se está hundiendo, por sí solo, sin ayuda. Tal vez la verdadera responsabilidad consista en no regalarle el protagonismo que ha perdido por méritos propios.
Y en esta ocasión, y sin que sirva de precedente me voy a despedir, no usando una de esas exclamaciones típicas canaria, que tanto me gustan usar y como los tenía acostumbrados, sino con un poema mío; pues también soy poeta y me gusta expresar mis sentimientos a través de algo tan grande, bello y noble que la poesía, pues todo lo que sale del alma y al formar parte de ese trocito de Dios que todos llevamos dentro, resulta auténtico por imperativa necesidad espiritual.
EL PAÍS MALDITO
¿Cómo demandar felicidad y paz,
en este país de injusta existencia,
nacida cruelmente por pensamientos extraviados?
Desde que Zapatero sembró la semilla del odio,
y luego Pedro Sánchez, la cuidó y cultivó,
amargos presagios invadieron nuestro futuro.
¡Que largas y tristes son las resecas praderas!
donde solo brotan espinosos abrojos sin flores!
Y si algunos se aventuraron a brotar,
cargados de espinas y veneno crecieron.
donde el Sol no quiso iluminar con su luz
.
Demasiada codicia “sanchista” latente,
demasiado odio alimentado y,
oscuras sombras antipatriotas que lo arrullaron.
Tanto fue el tiempo que lo mecieron,
que hasta han oscurecido las noches de luna llena.
y hasta las flores de esperanza,
que para mis hijas planté,
ahora por no ver el Sol,
murieron apenas florecer.
Y hasta las plataneras, que dulce plátanos daban,
por tan mala agua en su troco vertida,
el sabor a rico plátano canario, en agrio lo han tornado.
Porque el egoísmo de Pedro Sánchez es tal,
que acabará convirtiendo a España, en un país fallido,
solo, muy triste, sin amor, si esperanza alguna…
Sin nada siquiera.
¡Qué cosas!
Fdo:
Julio César González Padrón
Marino Mercante y escritor

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