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| Don julio, analista político según sus años |
Una reflexión sobre la España que fuimos y la que estamos siendo
Por Julio César González Padrón
Artículo de opinión
A mis 74 años de edad, cuando ya no compito por nada; cuando ya no tengo que pedir permiso para pensar, la memoria se convierte en un animal salvaje. Y yo la dejo suelta. Porque —como siempre digo— “hablo y escribo con la libertad de los condenados”.
La libertad de quien ya no debe explicaciones. La libertad de quien ya no espera recompensas. La libertad de quien ya ha vivido demasiado y cruzado demasiados océanos en este mundo, conociendo cientos de países y culturas, como para temer a nadie.
A pesar de ello; hay algo que, si me incomoda, y es que echo de menos la Transición. No por romanticismo, sino por justicia. Porque yo la viví en propia carne. Porque sé lo que costó. Porque sé lo que significó.
Fue un tiempo en el que España, por primera vez en mucho tiempo, se miró al espejo sin miedo. Un tiempo en el que decidimos que ya estaba bien de matarnos, de odiarnos, de dividirnos. Un tiempo en el que la palabra “futuro” dejó de ser una amenaza y empezó a ser una promesa.
Y en ese clima de positivismo, incluso quienes no éramos socialistas puros, sino jóvenes románticos sedientos de libertad, nos sentimos atraídos por aquel PSOE de entonces. Un PSOE serio. Un PSOE elegante. Un PSOE patriota. Un PSOE que no necesitaba destruir al adversario para gobernar. Un PSOE que modernizó España con la honradez y con sentido de Estado. En definitiva; un PSOE formado por auténticos caballeros españoles.
Ese PSOE murió. Y lo digo convencido y sin temblar, porque —igual que aquel que entró en Jerusalén montado en una burra, y con sus: “dos santas pelotas bien puestas”, a mí me pasa lo mismo, “mi reino no es de este mundo”. Y esa certeza me da una valentía que no se aprende… Se hereda del tiempo.
“Zapatero nos trajo la maldita semilla del veneno y su alumno Pedro Sánchez, se encargó de plantarla, abonarla y regala, hasta que floreció ese maligno espíritu reformista que es el llamado “sanchismo”.
Si, la primera grieta llegó a España con Zapatero. No por sus leyes sociales, sino por algo mucho más grave; “su empeño en reabrir heridas, que la Transición había logrado cerrar con hilo fino y manos temblorosas”.
Zapatero devolvió a España al lenguaje de las trincheras. A la de “ellos y nosotros”. A la de “buenos y malos”. A la de “rojos y fascistas”. La moralina de salón que divide más que une.
“La Transición”, fue un pacto de caballeros adultos, pero Zapatero devolvió a la política el infantilismo emocional. Y cuando un país vuelve a dividirse moralmente, es que ya ha empezamos a perderse.
Porque lo de Zapatero, ya no fue solo una grieta; fue un socavón.; y lo de Sánchez no fue una desviación, es una demolición controlada. El “sanchismo”, tal como yo lo veo, es un proyecto que no tiene absolutamente nada que ver con el PSOE que yo admiré y aplaudí en su momento. En definitiva, “esto del Sanchismo una vergüenza nacional”
El sanchismo es, política convertida en guerra; instituciones convertidas en herramientas; deshonrosos pactos convertidos en chantajes; España convertida en moneda de cambio en un mercadillo sin dignidad y el adversario político convertido en enemigo.
El PSOE de mi juventud jamás habría jugado con la unidad del país para mantenerse en el poder. Jamás habría despreciado el consenso que nos salvó de repetir nuestra historia más oscura. Jamás habría convertido la política en un teatro de propaganda permanente.
Por eso lo digo sin rodeos: “el sanchismo no es socialismo. Es otra cosa. Y no es nada bueno”.
Hoy España vuelve a parecerse demasiado a sí misma en sus peores momentos. No porque estemos en 1936 —la historia no se repite tan literalmente— sino porque vuelve a respirarse ese aire envenenado de sospecha, de bandos, de trincheras morales.
Y eso, para quienes vivimos la Transición, duele. Duele porque sabemos lo que costó construir la convivencia. Duele porque sabemos lo fácil que es destruirla. Duele porque vemos a demasiados jóvenes jugando con fuego sin saber, que el fuego quema.
Quiénes me conocen bien, saben de sobra, que, yo solo soy un humilde ex marino mercante y no tengo ambiciones políticas ni den ningún tipo que no sean las de servir a los demás y a España. No tengo cargos. No tengo intereses. No busco aplausos ni favores, más por el contario “Hablo y escribo con la libertad de los condenados”. Y no temo a nada ni a nadie porque —como le ocurría al de la burra— “mi reino no es de este mundo”.
Y desde esa libertad, desde esa altura, desde esa ironía, digo lo que otros no se atreven a decir y, además; lo hago en alta voz, y firmando mis artículos, poque como buen marino, “siempre le he puesto a los golpes de mar, pecho sereno” y después de tantos años de navegar por esos mundos , ya acumulo demasiado “salitre en mi cuerpo y alma”, como para temer a unos politiquillos de tres al cuarto, como los que actualmente componen o aplauden a ese “odioso y destructivo sanchismo, actual lacra de España”
España no merece líderes que siembran división para cosechar poder. España no merece que se juegue con su memoria ni con su dignidad y unidad. España no merece volver a las trincheras que tanto costó enterrar.
La Transición nos enseñó que la convivencia no se hereda; “se defiende con honor y dignidad, y no vendiéndose a los que odian o no quieren saber nada de nuestra España, como pudieran ser los Bildu etarras o los independentistas catalanes.”
España es algo más grande que un manojo de mal nacidos como ellos, y hoy más que nunca, hay que defenderla. Aunque sea a gritos. Aunque sea solo. Aunque sea desde la libertad de los que ya no esperan nada, como yo.
Y como buen canario y además maúro de Telde a mucha honra, te diré como lo haríamos los hombres de verdad, que nos hemos curtido en la mar y hemos vencido a muchos fieros temporales…. “En mi vida, soy yo quien manda el barco; así que “Sanchista” …. ¡Júyete pá ya guardi elantri! Que mal rayo te parta en dos, que ya me has calentado demasiado la oreja y como me sigas intentando cogerme ahora la camella, que, te meto un tanganazo en toda la cara, que te mando del viaje pá las plataneras. Mira qué… ¡Casos se han dado!
¡Qué cosas!
Fdo:
Julio César González Padrón
Marino Mercante, escritor y canario/español cabreado.
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