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| Habla la libertad de los condenados |
La ética que nace donde no llegan los despachos.
Por Julio César González Padrón
Estimado amigo lector: como hoy es domingo, parece que algo a refrescado el tiempo, considero que hoy no te voy a” pegar la paliza” hablándote de Zapatero o de su aventajado y no por ello menos torpe, alumno Pedro Sánchez “látigo de la ética” y campeón de la traición y la mentira”
Hoy vamos te voy a hablar de algo tan sagrado como la “filosofía de la mar”, porque hay una sabiduría que no cabe en los ministerios, ni en los parlamentos, ni en los sillones de cuero donde algunos creen que se gobierna el mundo. Esa sabiduría nace lejos de los focos, en la soledad inmensa del océano, donde el hombre se enfrenta a sí mismo sin testigos ni coartadas. Nace en los puertos donde se mezclan idiomas y destinos, en las derrotas que enseñan más que las victorias, en las madrugadas en cubierta mirando un horizonte que no termina nunca. Esa es “la filosofía de la mar”; la que no se estudia, la que no se declama, la que no se presume. La que se vive.
Mientras tanto, en tierra firme, algunos políticos se enredan en vericuetos legales, en maniobras procesales, en juegos de sombras que huelen más a miedo que a justicia. Y uno no puede evitar preguntarse qué pasaría si, aunque fuera por un día, cambiaran el despacho por la cubierta de un barco, el expediente por el viento en la cara, la estrategia por la verdad.
La libertad de los condenados, quienes ya no tememos a nada, ni a nadie
Quien ha navegado medio planeta no acumula millas: acumula “miradas”. Ha visto la injusticia en puertos donde nadie mira, la bondad inesperada en lugares olvidados, la fragilidad humana en todas sus formas. Ha visto la pequeñez de nuestras vanidades desde la inmensidad del océano. Y eso cambia a un hombre para siempre.
De ahí nace esa libertad interior “de los condenados” que yo conozco bien; la libertad de los que ya no temen. La libertad de los que han sobrevivido a tormentas reales, no a tormentas de tertulia de café. La libertad de los que han aprendido que la verdad no necesita permiso para ser dicha.
Esa libertad que aprendida de mi difunto padre y que yo llamo: “de los condenados”, es la que falta en quienes hoy se aferran a tecnicismos para evitar responsabilidades. Porque quien ha crecido por dentro no necesita esconderse detrás de la prescripción de un delito ni de la invalidez de una prueba, como pretende ahora José Luis Rodríguez Zapatero y aplauden la parte hipócrita de su partido y comunistas de Sumar. Quien ha vivido de verdad sabe que la ética no prescribe. Y que la dignidad no se negocia.
Humanismo práctico es solo aquel el que se forja en la intemperie
Mi filosofía es humanismo puro, autentico y del bueno; no del académico aprendido en Logias masónicas, no el de los discursos huecos, no el de los que hablan de la humanidad sin haberla visto de cerca. El mío es un “humanismo práctico”, forjado en la convivencia con personas de culturas distintas, en la humildad de saber que uno no es más que un humilde pasajero en cada puerto y aprendiz en cada travesía.
Ese humanismo es el que falta en la política. El que entiende que la ética no es un trámite, sino un deber. Que la ejemplaridad no es un adorno, sino una obligación. Que la verdad no se esconde, más por el contrario, se enfrenta con valentía y con “dos cojones”
Por eso, cuando veos a ciertos dirigentes maniobrar para evitar que la justicia les roce, siento que viven en un mundo paralelo, un mundo sin mareas, sin noches en vela, sin horizontes que me obligan a pensar en que sería de n mundo sin mar.
La serenidad del capitán que ya no se impresiona
Hay una serenidad que solo tienen los capitanes que han visto demasiadas tormentas como para asustarse de una nube. Esa serenidad nace de haber comprendido que la vida es demasiado corta para vivirla con miedo y demasiado larga para vivirla sin dignidad.
Esa serenidad, es la que falta en quienes hoy se aferran a resquicios legales para evitar responsabilidades. Porque quien ha visto la inmensidad del océano sabe que la verdad, tarde o temprano, siempre sale a flote. Y que la rectitud en la vida, no es una pose, es una forma de navegar.
La mar enseña lo que la política olvida
La mar enseña a mirar lejos. A distinguir lo esencial de lo accesorio. A saber, que la vida no se mide por lo que uno tiene, sino por lo que uno es. A comprender que la verdad no necesita maquillaje. A recordar que la ética no es un lujo, sino un deber.
Quizá por eso mi filosofía de vida, es la de un viejo marino que ha visto el mundo sin filtros y que tienen hoy más valor que nunca. Porque en tiempos de sombras, hace falta gente que haya aprendido a orientarse por estrellas, no por intereses. Porque en tiempos de ruido, hace falta la voz de quienes han aprendido a escuchar el silencio del océano. Porque en tiempos de cobardía, hace falta la valentía tranquila de quienes ya no temen a nada en este mundo
Y porque, al final, la vida es como el mar, solo la entiende de verdad quien ha tenido el coraje de navegarla.
Y para no perder mi costumbre de acabar mis artículos, recurriendo al rico léxico canario, en esta ocasión, además también quiero que sea marinero; por lo que te diré y refiriéndome especialmente tanto a Zapatero como a Pedro Sánchez que……. En calma de mar no creas, por muy sereno que los veas y en cuanto a su futuro, no desesperes compañero, porque el tiempo de la marea, ni se para, ni espera, y eso te lo dice alguien porque sabe que, quien ha naufragado, teme a la mar aun rizada y en lo que claramente veo, no brujuleo, que, en noche cerrada, más vale tener la vela aferrada, porque al final amarga más sus promesas de políticos, que cabo de calabrote y eso lo se bien, porque… ¡Caso se han dado!
¡Qué cosas!
Fdo:
Julio César González Padrón
Marino Mercante y escritor

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