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| Euphorbia candelabrum |
Artículo de opinión
Domingo Riguela Padrón
La participación ciudadana en la gestión ambiental es un pilar fundamental. Los políticos suelen llenarse la boca con la palabra "gobernanza", pero, en la mayoría de las ocasiones, esta se queda solo en el discurso. Nuestra isla, y específicamente Telde, está plagada de decisiones que han dado la espalda a la ciudadanía: desde la implantación de jaulas marinas hasta el controvertido trazado de las vías tangenciales, pasando por la fría lógica de dónde colocar una rotonda.
Un ejemplo sangriento de esta desconexión fue la reciente tala de las Euphorbia candelabrum de más de treinta años. No eran ejemplares autóctonos, es cierto, pero conformaban un ajardinamiento singular, protegido por Goros de piedra volcánica que evocaban el paisaje de La Geria en Lanzarote.
Los vecinos estaban orgullosos y contentos con ese rincón que aportaba identidad a la entrada de Telde. Su eliminación forzosa demuestra que las intervenciones en nuestra infraestructura verde urbana no pueden seguir dependiendo del capricho estético o la comodidad del mandatario de turno, ignorando el valor patrimonial y emocional que la comunidad otorga a su entorno.La participación no puede limitarse a depositar un voto cada cuatro años. Ni todas las políticas locales están recogidas en los programas electorales ni, por lo general, estos terminan cumpliéndose.
Es cierto que existen modelos legales y formales para canalizar la opinión pública, desde los periodos de información pública hasta las encuestas. Sin embargo, estos mecanismos, a pesar de estar abiertos a cualquier ciudadano, no resultan realmente participativos. En la práctica, solo intervienen los grupos de interés ya organizados (asociaciones empresariales, colectivos ecologistas o vecinos directamente afectados). Además, el ciudadano de a pie raramente tiene acceso a toda la información técnica y científica necesaria para opinar con fundamento y, para colmo, estos procesos suelen ser meramente consultivos y no vinculantes.
En otros tiempos, nuestro municipio contó con herramientas de consulta deliberativa a través de mesas sectoriales, como la Comisión de Patrimonio o la Comisión de Medioambiente. Estas mesas, pese a su indudable valor, se circunscribían a personas ya muy sensibilizadas con estas problemáticas, con mucha formación y conocimiento. Eran valiosas, sí, y tenían acceso a la información técnica de la administración, pero no dejaban de ser un filtro: no representaban una muestra real, diversa y transversal de los vecinos de Telde.
Aunque existen otros modelos de consultas deliberativas con representación de todos los estratos de la sociedad, considero prioritario poner el foco en los Jurados Ciudadanos como una herramienta sumamente útil para la toma de decisiones ambientales complejas y sensibles.
El mecanismo es transparente y democrático: se selecciona una muestra representativa de la población del municipio por criterios demográficos (edad, género y barrio), pero no "a dedo", sino mediante un sorteo aleatorio basado en el censo. A este grupo de vecinos corrientes se le dota de información técnica y científica objetiva durante varias jornadas de trabajo con expertos y afectados. Tras debatir de forma interna, los ciudadanos emiten un informe de recomendaciones para los gestores públicos.
Es evidente que estas recomendaciones no son vinculantes por ley, pero aquí debe radicar el verdadero compromiso político: si el grupo de gobierno decide apartarse del criterio del Jurado Ciudadano, debe estar obligado por pleno a justificarlo públicamente con informes técnicos de igual peso.
Esta fórmula participativa no solo garantiza que la información técnica rigurosa llegue de verdad a la calle, sino que ofrece al representante político una brújula inestimable: conocer con certeza qué piensa la ciudadanía real antes de tomar una decisión irreversible. Implementar los Jurados Ciudadanos en Telde no es una utopía; es una cuestión de voluntad política. Es hora de pasar de la gobernanza de escaparate a una gestión ambiental madura, valiente y, sobre todo, compartida con sus verdaderos dueños: los teldenses.

En principio voy a respetar a los técnicos que llevan el tema de poda y talado de árboles, pero hay cosas q no entiendo.
ResponderEliminarNo entiendo, que atraves del tiempo las talas y podas se han ido cargando la tan necesaria sombra, por ejemplo en las ramblas de San Gregorio y en el parque de San Juan no se ha echo una replantación de arbustos y plantas de flor, sino q han metido la trasquilada hasta quedar en zonas unas auténticas calvas de florales. Ver ese parque en las condiciones forestales q está me dice q no se sabe muy bien q se hace y así en muchos lugares de la ciudad.
Sobre la participación ciudadana.
Cuando se van a poner en funcionamiento las juntas de distrito, recogidas en normas de grandes ciudades???
Señor L.A. R. Nada de lo que usted plantea, con mucha razón, podrá llevarse a cabo mientras el concejal de parques y jardines sea Artiles.
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