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martes, 7 de abril de 2026

Una guerra anunciada y mal calculada

 

Don Julio, un Canario de los de verdad

 Reflexión personal sobre un conflicto que desborda a sus propios impulsores


Por: Julio César González Padrón

Artículo de opinión

Cuando “el rubio pistolero del lejano y salvaje oeste americano, Donal Tump”, aseguró que un conflicto con Irán “no duraría más de dos semanas”, muchos interpretaron aquella frase como una muestra más de su clásico  estilo de pistolero y de político de chulo de patio de colegio,  del tipo y modelo “hortera Yankee”; eso es, directo, simplificador y cargado de una confianza en sí mismo que a menudo roza la temeridad humana, llegando incluso auto comparase con el propio Jesucristo ,  cuando entró triunfante en Jerusalén o a plagiarlo con frases como: “no quedará piedra sobre piedra, para referirse al futuro  paisaje de cómo se verá Teherán tras la anunciada  futura invasión  por las tropas USA ,de la que él es su comandante en Jefe. Llegado a estos extremos, más propio de mentes claramente paranoicas, cabe preguntarse… ¿Se puede ser más estúpido?... ¡Imposible! Se rompería el molde de prueba, si se intentara hacerlo.


Sin embargo, y a pesar de sus irónicos  “doctos conocimientos” en estrategia militar y política, la prolongación del enfrentamiento, alentado también por el judío Benjamín Netanyahu, otro figura al que hay que dar de comer a parte ;  belicista por excelencia y figura clave en la necesaria política de seguridad israelí durante décadas, posiblemente espueleado, por esa amenaza continua de sus vecino  árabes, desde que en 1948 se fundó el estado de Israel ha  demostrado que la realidad geopolítica de Oriente Medio es mucho más compleja que cualquier predicción lanzada desde un atril, por muy “pistolero, rubio, chulo  y americano “ que se crea; aunque al parecer “el león rubio” no es tan fiero como se auto pinta, pues se ha cumplido ya el ultimato de los 8 días dado a Teherán   que para que se rindan  , y lo único que ha conseguido, es más destrucción, más víctimas , incluso de su bando, amen perder  día a día  ante el mundo, credibilidad y popularidad tanto  que, actualmente ha bajado a un 25%  entre los americanos (datos oficiales de USA)

Desde mi perspectiva, y vaya por delante que no soy más que un humilde marino mercante y maúro de Telde, esta guerra no solo ha sido un error estratégico, sino también un síntoma de una forma de entender el poder, que ya no encaja en el mundo contemporáneo, pero que él, como “Dios viviente que se cree” ha decidido actualizar a su antojo, despreciando todo lo se le ponga delante.

El propio Trump, ya no se reprime al decir que: “la democracia, o la libertad del pueblo iraní y muy especialmente la de las mujeres, le importan en “egg” y parte del otro”. Él solo piensa en controlar o si fuera posible, repetir la misma jugada que hizo con Venezuela; esto es, hacerse con el control del país y de camino dueño de su petróleo y resto de riquezas mineras.

      ¿Qué van a morir muchas gentes de los dos lados? ¿Y eso que importancia tiene para un pistolero paranoico como él, que está convencido que “su America is first”?                                                          ¿En qué se diferencia este rubio, del “otra figura histórica como fuera la de Adolf Hiltler” cuando soñaba con una crear una “ariche Rasse” o “raza aria” dominante para el mundo? Éste no tiene “judío que exterminar”, pero si hispanos y restos de razas, que no sean anglosajones puros.

 

Pero para comprender el presente, conviene recordar que la relación entre Estados Unidos e Irán lleva más de cuatro décadas marcada por la desconfianza. Desde la Revolución Islámica de 1979 y la toma de la embajada estadounidense en Teherán, ambos países han mantenido una rivalidad constante, alimentada por sanciones, amenazas y episodios de violencia indirecta a través de actores regionales.

Israel, que desde que el mundo es mundo lleva enfrentándose con sus vecinos territoriales y estos con ellos, pues no hay más que echar un vistazo a la Biblia, también por su parte, ha considerado históricamente (al menos desde la época de Abrahan), a Irán, entonces Persia, como su principal amenaza estratégica y muy especialmente desde que Teherán comenzó a desarrollar su programa nuclear.                                                       

El propio Netanyahu ha construido buena parte de su carrera política sobre la idea de que Irán representa “al diablo”; un peligro existencial para su país, y hay que reconocerle, “al hombre”, que no le faltan razones, pues en el ideario, iraní, que se estudia desde parvulito, reza: “la sagrada misión de un persa es hacer desaparecer por completo del mapa a Israel”.

Este trasfondo explica el por qué, cuando Trump decidió abandonar el acuerdo nuclear de 2015 y adoptar una política de “máxima presión”, el terreno quedó preparado para una escalada que muchos expertos consideraban entonces evitable.

Como advirtió el historiador Arnold Toynbee, “las guerras comienzan en la mente de los hombres antes de librarse en los campos de batalla”, y este conflicto parece haber sido concebido más en la lógica judía/yankee de la confrontación, que en la de la diplomacia.

Lo que resulta más llamativo y preocupante, es que esta guerra, lejos de fortalecer la posición internacional de sus impulsores, ha generado un efecto contrario; La comunidad global, ya cansada de intervenciones militares fallidas, como las de Vietnam, Irak, Afganistán o Libia, observa con creciente desconfianza cualquier intento de imponer cambios políticos por la fuerza.

Desde mi punto de vista, lo único que han conseguido Trump y Netanyahu, es reforzar la percepción de que, recurren a soluciones bélicas como primera opción, sin medir adecuadamente las consecuencias humanas, económicas y diplomáticas.

La prolongación del conflicto más allá de los distintos plazos que Trump asegura públicamente y así lo ha anunciado, para acabar el conflicto, no solo erosiona su credibilidad, que, dicho sea de paso, yo particularmente nunca lo tuve claro, sino que alimenta la idea de que se ha actuado sin una estrategia definida, sin un plan de salida y sin una comprensión profunda de la región.

Qué Irán es un régimen, asqueroso, despreciable, autoritario, teocrático y profundamente restrictivo en materia de derechos humanos, no cabe duda y yo no voy a caer en la trampa de las izquierdas progres, cuando se trata en ponerle “paños calientes a las dictaduras, como la cubana, rusa, o aquellas que no son de su cuerda política. Pues para las mentalidades occidentales, su sistema político resulta muy difícil de aceptar. Pero dicho esto, no es de recibo el pretender exigir “de facto una “patente de corso”, con la cual   un gobierno cualquiera, pueda legalmente rechazarla, como el caso de los ayatolás; pues ínsito que, estas circunstancias no convierten automáticamente en legítimo, el intento de moldear a nadie desde fuera… Si al moro le gusta el cordero…pues que se coma tranquilito su corderito ¡Carajo!

La historia reciente demuestra que las intervenciones militares, llevadas a cabo por “los modernos salva patrias yanques” y destinadas a “reconfigurar” países ajenos, suelen terminar en caos como los de:

  • Irak que quedó devastado tras la invasión de 2003.

  • Afganistán donde volvió al control talibán tras veinte años de ocupación.

  • Libia que acabó fragmentado en milicias enfrentadas entre si tras la caída del coronel Gadafi.

Aquí cobra sentido la célebre advertencia de John Quincy Adams, uno de los pocos diplomáticos estadounidenses con “cabeza”: “Estados Unidos no debe ir al extranjero en busca de monstruos que destruir”. Una frase escrita en 1821, pero que sigue resonando cada vez que un conflicto se inicia bajo la bandera de la “liberación” o la “reforma” impuesta desde fuera.

En la medida que la guerra se prolonga y todo indica que ésta concreta va para largo, se hace cada vez más evidente que no existe una victoria rápida ni limpia. Las tensiones regionales aumentan, los mercados energéticos se resienten y la población civil, como siempre, paga el precio más alto.

Lo que observo es que esta guerra ha terminado por exponer las limitaciones de quienes la promovieron y que son, a saber: 

  • Limitaciones estratégicas, al subestimar la capacidad de resistencia iraní.

  • Limitaciones diplomáticas, al aislarse de los aliados europeos que preferían la vía negociada.

  • Limitaciones morales, al recurrir a la fuerza sin un consenso internacional de instituciones como la ONU


 Como reflexión final, quiero dejar claro, antes que comiences a pensar que soy un “progre fumado de izquierda” de esos que en los años 70 decían: “haz el amor y no la guerra” y ahora solo… “no a la guerra”, al m ismo tiempo que portan una camiseta con la cara de un criminal y xenófobo, como fue Ernesto Guevara “el Che”, que no estoy tratando, ni mucho menos ahora, el defender al régimen iraní. Sino únicamente de cuestionar la lógica de un conflicto que parece haber sido impulsado más por intereses políticos, económicos y personales de un grupo de amigachos yanques/ judíos, que por un análisis responsable de sus consecuencias inmediatas y futuras para el mundo.

 Por ello me gustaría decirle a mis nada queridos rubio pistolero Donal Trump y judío bélico látigo de Dios, Benjamín Netanyahu…, ¡Métanse de una puñetera vez por todas en sus grandes en tamaño, pero cortas en intelecto, cabezas!Qué, el mundo, cada vez es más consciente de los límites de la fuerza y comienza a exigir algo distinto; como seria:  diplomacia real, respeto por la soberanía y soluciones que no conviertan a poblaciones enteras en “daños colaterales” por ambiciones ajenas.

Y como decimos los “maúros de “Terde” . “A ese pollo, cuando acabe la mili, le limpias bien los mocos y lo casas con tu hija si quieres; pero a la mía, me la dejas tranquila que, ella apunta más alto; pues para algo… ¡Carajo! me gasté en su día las perras, que ahorraba de los cortes de plátanos, en educarla en un colegio de pago y de monjas”

¡Qué cosas!


Fdo: Julio César González Padrón

Marino Mercante y Escritor

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