Por: Julio César González Padrón
Artículo de opinión
La reciente nulidad del Plan Insular de Ordenación de Gran Canaria no puede interpretarse únicamente como una decisión jurídica más dentro del funcionamiento ordinario de las instituciones. Estamos ante un pronunciamiento que, por sus consecuencias, merece una crítica firme y sin ambigüedades. Lejos de fortalecer la seguridad jurídica, esta resolución introduce incertidumbre, debilita en la planificación territorial y supone, en la práctica, un serio perjuicio para el interés general de la isla de Gran Canaria.
En línea con la postura expresada por Antonio Morales, presidente del Cabildo de Gran Canaria, considero que esta decisión es profundamente “injusta, técnicamente cuestionable y claramente desproporcionada”. No se trata de una discrepancia menor, sino de una objeción de fondo a una resolución que ignora el contexto, el esfuerzo institucional acumulado y las necesidades reales del territorio, por lo que estoy seguro que quienes lo rechazaron, o no son grancanarios o no se han “pateado la Isla”
El Plan Insular no era un documento improvisado ni arbitrario. Era el resultado de años de trabajo de capo y riguroso, de participación pública, de consenso político y de evaluación técnica. Su finalidad era clara: “dotar a Gran Canaria de un marco ordenado, sostenible y coherente para su desarrollo futuro”. La anulación total de este instrumento, por motivos que en muchos casos podrían haberse corregido sin necesidad de dinamitar el conjunto, revela una preocupante falta de proporcionalidad.
Por lo que, resulta difícil aceptar que posibles defectos formales o interpretaciones restrictivas de determinados procedimientos justifiquen una medida de tal alcance. La nulidad absoluta no solo corrige errores: arrasa con todo lo construido, sin distinguir entre lo válido y lo mejorable. Este tipo de decisiones transmite un mensaje peligroso: que el esfuerzo colectivo puede quedar en nada por cuestiones que, en un enfoque más razonable, habrían tenido solución sin consecuencias tan devastadoras.
Además, el impacto no es abstracto ni limitado al ámbito jurídico. La anulación del Plan genera un vacío que afecta directamente a la planificación urbanística, a la protección del territorio, a la inversión económica y, en última instancia, a la vida cotidiana de la ciudadanía. Se paralizan proyectos, se retrasa el desarrollo y se alimenta una incertidumbre que ningún territorio puede permitirse si aspira a un crecimiento ordenado y sostenible.
Esta situación obliga a plantear una crítica más amplia sobre el funcionamiento del sistema. No es razonable que instrumentos de planificación de esta envergadura, elaborados con garantías, por profesionales serios y durante años, queden expuestos a anulaciones totales que no ponderan adecuadamente sus consecuencias. La justicia no puede limitarse a un análisis estrictamente formalista cuando están en juego intereses colectivos de gran magnitud.
Mi rechazo a esta decisión es, por tanto, claro y rotundo. No desde una posición de confrontación con el poder judicial, sino desde la convicción de que el principio de proporcionalidad y el interés general no han sido debidamente considerados. Defender la legalidad también implica cuestionar sus interpretaciones cuando estas generan efectos que resultan, a todas luces, desmedidos e injustos.
Gran Canaria no puede permitirse el retroceder en su planificación territorial por decisiones que, lejos de corregir, desestructuran. Es momento de exigir soluciones, de reforzar los mecanismos que eviten este tipo de situaciones y de defender, con firmeza, un modelo de ordenación que responda verdaderamente a las necesidades de la Isla y de su ciudadanía.
Solo nos queda esperar, por el bien de Gran Canaria y los grancanarios, que prospere el recurso que ha presentado el propio Cabildo de Gran Canaria, porque ya está bien de poner piedras y palos en la rueda de la carreta cuando está en juego el futuro de nuestra Isla y como diría un maúro patriota canario de Telde como yo… “Ya me tienen caliente compadre, así que pique al toque o arranque la caña y si te quieres d´ir dite, que aquí nadie los julea”.
¡Qué cosas!
Fdo: Julio César González Padrón
Marino Mercante y escritor

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