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| DON JULIO GONZÁLEZ PADRÓN |
Por: Julio Cesar González Padrón
Artículo de opiniónEl AIEM no es un “capricho canario”, sino una excepción autorizada por la Unión Europea dentro del Régimen Económico y Fiscal (REF) de Canarias; pero, aun así, muchos analistas lo consideran una figura con rasgos anacrónicos en el mercado único europeo. En definitiva y hablando en “cristiano maúro de Telde”, más propio de quien escribe este artículo; se trata de: “Un impuesto singular en un territorio singular”
En Canarias convivimos con una realidad fiscal distinta al resto de España y de la Unión Europea. El Arbitrio sobre Importaciones y Entregas de Mercancías (AIEM) es uno de los elementos más peculiares de ese régimen diferenciado. Se trata de un impuesto que grava determinados productos importados —y también algunos fabricados localmente— con tipos que van del 5% al 15%, con el objetivo declarado de proteger la producción local frente a la competencia exterior.
Hasta aquí, la explicación oficial. Pero la pregunta que muchos ciudadanos y empresas se hacen es otra: ¿Tiene sentido mantener un impuesto proteccionista dentro del mercado único europeo?
Aunque a menudo se percibe como un “impuesto canario”, el AIEM no es una decisión unilateral del Gobierno de Canarias. Su existencia depende de una autorización expresa de la Comisión Europea, que reconoce a Canarias como Región Ultraperiférica (RUP). Esta categoría permite excepciones a la libre circulación de mercancías cuando existan sobrecostes estructurales derivados de la insularidad, la fragmentación territorial o la lejanía.
Es decir que, España solicita la autorización, la Comisión Europea la evalúa y si considera que la medida es proporcional y temporal, la aprueba.
El AIEM, por tanto, vive en un régimen de prórrogas periódicas, lo que ya indica que Bruselas lo tolera como excepción, no como modelo. Pero, el problema de fondo es que se trata de hecho de un arancel interno en pleno mercado único
La Unión Europea se construyó sobre un principio básico, que era la libre circulación de mercancías y El AIEM, sin embargo, actúa como un arancel interior, aplicable a productos que circulan entre territorios de un mismo Estado miembro y claro está, yo que soy un maúro de Telde me pregunto: ¿Y cómo quiere que me fume esto compadre? Estoy por decirle que, la próxima vez, me lo pica más finito, que la quiero para la cachimba nueva”
Lo que queda claro es que esto, le guste a los “doctos” del Gobierno de Canarias o no les guste, la única realidad es que genera varias tensiones; pues a en principio, distorsiona la competencia entre productores canarios y europeos; encarece productos básicos para los consumidores isleños, y por ultimo y no por ello menos importante, introduce una barrera comercial que no existe en ninguna otra región europea continental, y aunque la UE lo permite por la condición RUP, no deja de ser una excepción difícil de encajar en la lógica del mercado único.
Yo particularmente como fiel admirador de Bravo Murillo, soy un férreo enemigo de la protección o los proteccionismos; pero tengo que reconocer, que no soy “Un doctor en economía”, sino un humilde marino mercante y encima maúro de Telde de toda la vida. Y mire usted por donde que, a lo mejor por esa característica mía, hablo y escribo siempre con “la libertad de los condenados”, máxime cuando de defender los intereses de mi tierra y su gente se trata. Y lo peor para mis enemigos es que, moriré así; sin cambiar de pensamientos. Cuando estoy convencido que me asiste la razón, hago mía la frase que tanto gustaba repetir a mi difunto padre: … “Mi honor me prohíbe acatar acciones, callar o permanecer indiferente, aunque la Ley lo tolere”
Porque aunque el argumento oficial es claro y dice que el AIEM compensa los sobrecostes de producir en un territorio fragmentado y alejado, la realidad económica de 2026 plantea dudas razonables:
Muchas industrias locales ya operan en mercados globalizados.
El impuesto puede desincentivar la modernización, al reducir la presión competitiva.
El consumidor canario paga más por productos que en la Península o en el resto de Europa no tienen ese sobrecoste.
La lista de productos protegidos a veces incluye sectores donde la competencia local es mínima o inexistente.
Así pues, el resultado es un sistema que, aunque, insisto legal, puede funcionar como un proteccionismo encubierto, cosa que, como mi admirado Bravo Murillo, rechazó de plano para mis Isla Canarias, porque solo beneficiaría a una ínfima minoría empresarial, que además suelen tener su central, en otras partes del territorio españolo europeo y se han establecido en Canarias, para aprovecharse de estas ventajas insulares. Es cuando los maúros de Telde decimos… “Mire usted cristiano, para la leche que da la cabra, mejor es dejar que se la jinque toita la baifita”
No me bajo del burro y sigo diciendo que el AIEM es un instrumento del pasado, pues nació en un momento en que la economía canaria era más frágil, menos diversificada y más dependiente de industrias locales pequeñas. Hoy, con cadenas logísticas globales, digitalización y un mercado europeo integrado, cabe preguntarse si este tipo de herramientas siguen siendo las más adecuadas. La necesidad de renovarlo periódicamente ante Bruselas demuestra que su continuidad no está garantizada y que la UE lo considera una excepción temporal, no un derecho adquirido como pretende algún importador listillo, especializado en vivir de las subvenciones ¡Qué oiga!… ¡Casos se han dado!, y hoy me muerdo la lengua para no dar nombres, porque eso es algo que en mi época de cuando ejercía como delegado Comercial de Naviera Pinillos en Las Palmas, pude comprobarlo por mí mismo; al mismo tiempo que me hervía la sangre.
Precisamente el no callarme y comentarlo en un programa de Televisión Canaria la Autonómica, me costó un buen rasca polvo del presidente de mi compañía, a quien uno de esos “listillos empresarios especializados en subvenciones” para aumentar sus ganancias con las famosas subvenciones europeas al transporte (REA), se estaba haciendo de oro; lo llamó para denunciar lo que yo estaba diciendo en TVC, al mismo tiempo que pedía mi cabeza en “bandeja de plata”. De la reacción de mis superiores, mejor no hablar; pero debo decir que no fue la esperada por mí, pues la personas como lo que me tengo, de canario autentico, hombre honrado y de actuar en la vida con recto proceder; así como la de hablar siempre con la libertad de los condenados, se de sobra a lo que me expongo, cuando trato de enfrentarme a la tiranía de “don dinero”
Como conclusión final diré que, no voy a negar el AIEM cumple una función reconocida por la UE, que, por otra parte, no es otra más que la de compensar desventajas estructurales. Pero también es cierto que:
1º.- Introduce distorsiones en el mercado único.
2º.- Encarece la vida en Canarias.
3º.-Protege sectores que quizá deberían competir en igualdad de condiciones.
4º.-Mantiene un esquema fiscal que muchos consideran propio del siglo XX.
La pregunta ahora no es si el AIEM es legal — que lo es—, sino si sigue siendo la herramienta adecuada para impulsar la economía canaria en un entorno europeo moderno, competitivo y orientado a la integración.
Quizá ha llegado el momento de abrir un debate serio, técnico y ciudadano sobre si este impuesto es una necesidad estructural o un anacronismo que lastra el bolsillo del consumidor y la competitividad del Archipiélago, porque como decimos en mi pueblo… “Para una cabra partida, un macho corcovado y a la orilla de la mar, canta una loca; cada uno se jode cuando le toca”. ¿Me oyó cristiano?... Y no se me haga ahora el peninsular, que ya hace rato que le tengo cogido la vuelta”
¡Qué cosas!
Fdo: Julio César González Padrón
Marino Mercante y escritor
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