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sábado, 18 de abril de 2026

Anonimato, difamación y estrategia: la otra cara de la política en Valsequillo de Gran Canaria

                         

Francisco M. Atta Pérez, portavoz de ASBA

                         Artículo de opinión

El deterioro del clima público y el uso de estrategias basadas en el  anonimato y la desinformación no han logrado romper la confianza  ciudadana, pero sí dejan una huella preocupante en la convivencia y la  calidad democrática del municipio. 

En el contexto político actual, no es extraño observar cómo la  conversación pública en distintos ámbitos se ha ido deteriorando,  alejándose del contraste de ideas para derivar en dinámicas de  confrontación vacía. En Valsequillo de Gran Canaria, sin embargo, esta  realidad no es nueva. Lleva años produciéndose y lo digo con  conocimiento de causa, tras haber tenido responsabilidades de gobierno  y desde la posición actual en la oposición. La vida institucional en nuestro  municipio ha dejado de ser, en muchos casos, un espacio de intercambio  constructivo para convertirse en una dinámica donde el ruido sustituye  al contenido y la descalificación desplaza a la propuesta. 

Perfiles anónimos y no tan anónimos en redes sociales, que actúan de  forma reiterada en el espacio público digital, han intentado marcar el  rumbo de la conversación en Valsequillo. No estamos ante una crítica  legítima, sino ante otra cosa: una forma de actuar que se organiza de  manera coordinada que distorsiona la realidad y persigue desgastar. No  hay propuestas, no hay alternativa, no hay voluntad de construir, sino  una reiteración sistemática de mensajes que buscan desacreditar al  adversario, todo ello desde una preocupante sensación de impunidad y la  degradación progresiva del debate público. 

El propósito de estas dinámicas resulta evidente: generar ruido, sembrar  dudas y construir un relato negativo constante que traspasa la crítica  para adentrarse en el terreno de la difamación, llegando incluso a  ridiculizar y desacreditar la imagen pública de los representantes  institucionales. No se trata de hechos aislados, sino de una práctica  sostenida en el tiempo, reconocible por la ciudadanía que han observado  cómo estos comportamientos se repiten bajo los mismos patrones. 

Un episodio reciente contribuyó a evidenciar esta forma de actuar. La  publicación de un artículo, inicialmente destinado a la web municipal, por  parte del actual alcalde de Valsequillo, Juan Carlos Hernández,  responsable también del área de Comunicación municipal y líder de  Asamblea Valsequillera, terminó apareciendo por error en un diario digital  vinculado a su propio entorno político. Este hecho puso de relieve la  existencia de una red plataformas digitales que no parecen orientadas a  informar con rigor, sino a amplificar mensajes de carácter destructivo, si  bien el propio alcalde reconoció públicamente que fue él quien lo publicó y  asumió el error. Sin embargo, tras ese “renuncio”, el diario digital fue  reconvertido y presentado como un medio de comunicación  convencional, en un intento de diluir su línea editorial y su verdadera  finalidad.


Pese a todo, hay un elemento que permanece inalterable. La ciudadanía  de Valsequillo de Gran Canaria ha demostrado, en cada cita electoral, que  sabe distinguir entre el ruido y la realidad, respondiendo con criterio,  memoria y responsabilidad, y manteniendo su confianza mayoritaria en 
ASBA. En este contexto, conviene recordar que la reciente moción de  censura no fue una decisión adoptada directamente por la ciudadanía en  las urnas, sino en el ámbito institucional, en una dinámica planteada como  un “ahora o nunca” que, desde una lectura política, proyecta más una  estrategia de posicionamiento de cara a la próxima cita electoral que una  respuesta al mandato ciudadano. 

Este matiz no es menor. Independientemente de la gestión realizada, con  aciertos y desaciertos, como ocurre en cualquier etapa, debe ser siempre  la ciudadanía quien determine el rumbo a través de las urnas. No todo vale  en la acción pública, y menos aun cuando determinadas prácticas  contribuyen a deteriorar no solo la calidad del discurso, sino también la  imagen del propio municipio. 

Desde ASBA nunca se ha recurrido a este tipo de estrategias, como  demuestra una trayectoria basada en el trabajo, la cercanía y el respeto  institucional, alejada de la confrontación estéril que tanto daño hace a la  convivencia. 

Porque ese es otro de los efectos que no siempre se mide. Las personas  que están detrás de estas dinámicas también forman parte del propio  municipio, son vecinos del municipio, lo que hace aún más preocupante el  impacto que estas prácticas tienen sobre la convivencia y la imagen  colectiva del pueblo. Cuando el clima público se degrada hasta estos  niveles, lo que se ve afectado no es únicamente la confrontación política,  sino la percepción de un Valsequillo que merece ser reconocido por sus  valores, su convivencia y su capacidad de construir desde el respeto,  preservando esa paz social que nos costó recuperar. 

Por todo ello, resulta necesario reivindicar un cambio en la forma de hacer  política, recuperando el valor del intercambio de ideas, las propuestas y la  responsabilidad. El ruido no construye Valsequillo. La verdad, las  propuestas y la responsabilidad, sí. La crítica es imprescindible en  democracia, pero debe ser útil, honesta y constructiva; todo lo demás  queda fuera de ese marco. Y la ciudadanía, afortunadamente, ha  demostrado que sabe distinguirlo.


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