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miércoles, 29 de abril de 2026

Somos simples peones

simples peones


Luis Seco de Lucena

Artículo d eopinión


La crispación como carnaza para conseguir votos

A veces, un micrófono abierto te cuenta más sobre cómo funciona la política que cien tesis doctorales. Hace años, un presidente le soltó a un periodista amigo, creyendo que nadie escuchaba: “Nos interesa que haya tensión”. No fue un desliz tonto ni una broma de mal gusto. Fue la confesión a media voz de la verdadera regla del juego: usar el cabreo de la gente como combustible electoral.

Y vaya si funciona. Mientras nosotros nos peleamos en la cena de Navidad, nos bloqueamos en redes sociales o dejamos de hablarnos por el último eslogan de moda, hay gente haciendo caja con ese enfado. La política actual ha pillado el truco: el consenso aburre, la moderación no da clics y llegar a acuerdos no fideliza a nadie. El conflicto, en cambio, es oro puro.

Ojo, no es que antes viviéramos en los mundos de Yupi y ahora de repente estemos polarizados. Discrepar es lo normal en cualquier democracia. Lo tóxico es cómo se fabrica y se exprime esa bronca hoy en día. Han convertido debates llenos de grises en trincheras de "o estás conmigo o eres el enemigo". Te obligan a elegir bando. Ya no se trata de gestionar un país, sino de montar un ring de boxeo emocional.

En medio de este circo, pasamos de ser ciudadanos a ser simples peones. Ya no te piden que pienses, te piden que te indignes. Te ceban a base de consignas para convencerte de que el que vota al otro partido no es un vecino con ideas distintas, sino una amenaza para tu forma de vida. Así nos va: una sociedad fracturada que ni de broma se pone de acuerdo en un proyecto común.

Y no le echemos toda la culpa a los políticos. Los medios también tienen lo suyo. El ruido vende, la exageración da audiencia y la polémica paga las facturas. Pero seamos sinceros: nosotros también compramos el producto. El barro engancha. Es mucho más cómodo que te den el mundo masticado en "buenos y malos" que pararte a pensar en lo compleja que es la realidad.

Al final, la crispación no es un accidente meteorológico; es puro diseño. Mientras nos tiramos los trastos a la cabeza los unos a los otros, dejamos de mirar a los que mandan. El ruido nos distrae.

Romper esta trampa no es fácil. Nos toca ser menos viscerales, no tragar con el primer cebo que nos pongan por delante y, sobre todo, empezar a valorar a los líderes que se atreven a ser moderados que hoy en día sale carísimo. Porque la gran pregunta no es si "conviene que haya tensión", sino a quién le estamos llenando los bolsillos con nuestro cabreo.

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