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| Julio brindando por resurrección |
Domingo de Resurrección: la esperanza que renace
Por: Julio César González Padrón
Hoy levanto mi copa de vino blanco seco de Lanzarote y brindo porque Dios ha resucitado. ¿Me acompañas?
Si amigo, porque “el Domingo de Resurrección”, no es solo una fecha en el calendario litúrgico; es, para quienes vivimos la fe con profundidad, un punto de inflexión interior.
Después del silencio, del dolor y de la reflexión que han marcado los días previos, llega la luz, y no cualquier luz, sino aquella que transforma; la que da sentido y que invita a volver a empezar.
Este día de hoy Domingo de Resurrección, nos enfrenta, casi sin quererlo, a una reflexión inevitable: ¿Qué hay en nosotros que necesita resucitar?
Porque la Pascua no es únicamente un acontecimiento que recordamos, sino una experiencia que estamos llamados a vivir.
En medio de las rutinas, de las preocupaciones diarias y de las pequeñas o grandes cargas que arrastramos, el mensaje de la Resurrección se convierte en una llamada a la esperanza activa.
Para un creyente, el sepulcro vacío no simboliza de ninguna manera ausencia, sino presencia renovada. Es la confirmación de que el amor vence, de que la vida se abre paso incluso cuando todo parece perdido. Y ahí, en esa certeza, encontramos consuelo, pero también responsabilidad; la de ser testigos de esa luz en nuestro entorno.
El Domingo de Resurrección nos invia a todos a detenernos y mirar hacia dentro. reconocer nuestras propias sombras, pero también a aceptar que ninguna es definitiva.
A mi particularmente, me recuerda que siempre existe la posibilidad de recomenzar, de perdonar, de reconciliarme conmigo mismo y con los demás. O lo que es lo mismo, un día que no juzga, sino que acoge; que no impone, sino que propone.
Quizá por eso, más allá de celebraciones externas, este día adquiere un valor profundamente íntimo. Es un momento para renovar la fe, pero no desde la costumbre, sino desde la convicción. Para entender que la espiritualidad no es un refugio aislado; “cosas de curas obsoletos de sotanas negras y mentalmente caducados”, sino una fuerza nueva y fresca que nos impulsa a vivir mejor, a amar más y a ser más conscientes, de que hemos venido a servir y como decimos lo Scout, estar: “Siempre Listo”, para dar y sin esperar nada a cambio.
En un mundo que a menudo se mueve deprisa, sin pausa y rebosante de odio, el Domingo de Resurrección nos ofrece una oportunidad para parar y recordar lo esencial. Nos habla de vida, de renovación y de esperanza, y sobre todo, nos susurra al oído que, incluso en los momentos más oscuros, siempre hay un amanecer esperando.
Porque “la Resurrección” no es solo un hecho del pasado, que le ocurrió a nuestro Señor Jesucristo; es actualmente una promesa viva que, cada año, vuelve a tocarnos el alma y corazón.
No importa que seas creyente o no, ni tienes que ir a misa o a las procesiones, porque hoy tienes y gracias a “ÉL”, que venció a la muerte, tienes una oportunidad de renovarte, de crecer por dentro, de convertirte en un hombre nuevo, de sentirte bien contigo mismo. ¡Pruébalo!... ¡No es difícil!
Por ello, hoy levanto mi copa y brindo por este día tan particular para todos los cristianos del mundo.
¡Feliz Domingo de Resurrección amigos!
¡Qué cosas!
Fdo: Julio César González Padrón

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