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| Julio le habla a la virgen de Carmen |
(CONTINUACIÓN DEL ARÍCULO SOBRE LA VIRGEN DEL CARMEN)
Por: Julio César González padrón
… Y como les dije al principio del artículo sobre la Virgen del Carmen, les relato a continuación la Historia familiar de mi padre y la Virgen del Carmen.
Se trata de una bonita historia real como la vida misma y acaecida a mi padre en Zaragoza, en el año 1937 y durante la contienda de la guerra española.
De entrada, les anticipo, que, si no quieren creerla, por mí no sufra, porque será algo que no me modifique o altere mis fuertes creencias ciegas en la Virgen del Carmen y por supuesto en la narración que mi padre, Luis González Pérez, hiciera en vida a sus hijos.
A eso de las 06.45 horas de una mañana algo fría y bastante nublada, se encontraba mi padre con su batallón desayunando en un descampado algo alejado de las trincheras, cuando de repente se escuchó el bramido de los motores de un grupo de aviones que se acercaban volando bajo hacia ello.
Portaba en su fuselaje la bandera e insignia de los nacionales, por lo que en principio no se preocuparon, pero cuando ya estaban casi sobre el batallón, alguien grito por los altavoces colocados en las trincheras que, se encontraban situadas a unos metros más adelante… ¡A CUBIERTA, CUBRIRSE TODO EL MUNDO…, ¡SE HAN VIRADO!
Inmediatamente aquel grupo de aviones comenzó a disparar y a tirar bombas contra el batallón que, corría desesperados intentando llegar a las trincheras para protegerse. Muchos no lo consiguieron y allí mismo perecieron víctimas de los disparos y metralla de las bombas.
Mi padre era uno de lo que corría con toda su fuerza, pero cuando comprobó, que no llegaría a tiempo, puso rodillas en tierra y mirando al Cielo, se preparó para morir; pero milagrosamente al mirar hacia arriba, le pareció ver entre las nubes, a la imagen de Virgen del Carmen que le sonreía.
Nos contaba el viejo, que fue tanta la paz que le sobrevino, en ese instante que, solo pudo exclamar ¡Vendita tú eres entre todas las mujeres!
Pero lo que le sorprendido más todavía, fue que, aquel avión que ya tenía prácticamente sobre él, no disparó su ametralladora, ni soltó ninguna bomba.
Creo que está de más contar como se quedaría de impresionado mi padre. Tanto que decidió no contarlo a nadie. Por miedo a que no lo creyeran.
Pero unos días después tuvo un desgraciado accidente con su propio fusil, el cual, se le disparó y la metralla le afectó la cara y parte del ojo derecho haciéndole perder la visión de éste.
Estando en el hospital recuperándose de sus heridas, 30 días después, recibió una carta de su madre que le llegaba desde Telde (era viuda y él su único hijo), donde entre otras cosas le decía textualmente. -Cuídate mucho Luisito, porque quiero que regreses vivo de la guerra- Y continuaba diciéndole, “aunque yo estoy tranquila y sé que así será, pues esta mañana al terminar la misa de seis, que como sabes nunca falto, al terminar ésta se me olvidó pedir por ti a la Virgen del Rosario, que recordaras que está ubicada al principio del templo y a la izquierda; pero al llegar a la puerta y antes de salir, me di cuenta, y como a mi derecha quedaba el altar con la imagen de la Virgen del Carmen, se lo pedí a ella, y tuve la sensación que me sonrío. Tu dirás que son cosas de santurrona, pero ocurrió así, tal al cual como te lo cuento, hijo mío.
Mi padre Luis al leer aquella carta, se quedó frio, pues había sido escrita el mismo día del bombardeo.
Mi abuela Lucrecia, se lo había pedido a la misma hora de la mañana en que, a él, le había parecido ver entre las nubes a la propia Virgen del Carmen, que también le sonreía y le llenó de paz ante aquella aparente muerte segura que le esperaba, si el avión hubiera disparados con sus ametralladoras o dejara caer una bomba, como lo había hecho hacia tan solo unos minutos antes, sobre los demás compañeros que formaban su batallón y que a tantos compañeros habían muerto.
Mi padre, tuco un accidente con su propio fusil y fue ingresado a en un hospital. Allí se lo contó a una monja enfermera que lo cuidaba; ésta tomo nota y le dijo que lo iba a presentar el escrito al obispo de Zaragoza, porque había una comisión que se encargaba de recoger esos posibles milagros. Que mientras tanto no dijera, ni contara nada a nadie. Mas tarde sanó y como mutilado de guerra lo devolvieron a su casa de Telde, pero fiel a aquella recomendación, no lo contó nunca a nadie; salvo a mi madre y a sus hijos, a quienes también les pidió que lo guardaran en secreto mientras el viviera.
Tengo que decir, que al pobre cuando nos lo contaba, una mil veces y de la misma forma, se les llenaban los ojos de lágrimas, y cuando yo un día le dije que quería ser marino mercante, volvió a emocionarse, Acabada mi carrera de Nautica, salí a navegar por primera vez, y el viejo me regaló una estatuilla de la Virgen de Carmen, de unos 30 centímetros de altura, que me acompañó colocada en los camarotes de todos los barcos donde estuve y que recorrió conmigo el mundo entero.
Hoy la conservo y ocupa un lugar de honor en mi mesilla de noche, todos los días antes de dormir la saludo con un saludo marinero: ¡Buenas noches y buena guardia, Madre de los Cielos!
Yo. para que no se cayera en un balance del barco, la tenía pegada con Bunitex por la peana a una repisa de mi camarote y durante un temporal que sufrimos por el Atlántico Norte camino de Charleton Taw (Canadá) mi barco que era de bandera inglesa y su radiotelegrafista sirio, de religión saudí, se reía mucho de mi porque le aseguraba que no tenía miedo mientras ella permaneciera mi Virgen pegada allí en mi camarote.
Ante aquel temporal Adid SHammas que, es como se llamaba, pudo comprobar como todo el camarote se me vino abajo literalmente, pero que la Virgen permanecía en su sitio inamovible, y me dijo. Quedo asombrado y me dijo… “hermano Julio, me voy a hacer cristiano”, porque lo que estoy viendo no puede ser si no fuera por un milagro de la madre del profeta, Él llamaba a María, “La madre del profeta” para referirse a Jesús
En otro de los viajes que hice a América del Sur y más concretamente a Uruguay, fui a visitar al Obispo monseñor Escarrone, por encargo de su hermano Guillermo, que también era capitán de la marina mercante y que había estudiado conmigo en Tenerife, me aseguró que le iba a encantar mi visita para saludarlo.
Así fue, como conocí a un ser extraordinario, por cierto, Jesuita y amigo de juventud del que fuera más tarde Papa Francisco. Mantuve contacto por mail y WhatsApp hasta hace cuatro años en que murió en Uruguay.
Yo le conté, en secreto de confesión, la historia de mi padre con la Virgen del Carmen y quedó maravillado, al mismo tiempo que, como buen Jesuita, me dijo, que sin cuestionar el posible milagro, me iba a dar una opinión científica sobre el asuntó; eso que los científicos llaman “Transmisión y recepción de imágenes telepáticas a distancia por medio cerebral entre personas muy unidas sentimentalmente” Como era el caso de mi padre con su madre viuda
Mi abuela había mirado a la imagen de la Virgen del Carmen con devoción, al mismo tiempo que recordaba a su único hijo amado, que se encontraba lejos en Zaragoza y en la guerra, y éste a su vez recibe la imagen telepática que su madre estaba observando con tanto fervor, en ese mismo instante en la iglesia de San Gregoria en Telde y a miles de kilómetros de distancia.
Quiso ir a mi barco a ver la imagen de la que tantas cosas le había hablado El obispo Escarrone tomó aquella imagen en sus manos y la bendijo, y fíjense como son las cosas de la vida. Hace 25 años en los estudios de Radio Aventura, yo se la mostré también al Padre Báez, a quien previamente le había contado la historia de mi padre, pues siguiendo las propias recomendaciones del Monseñor Escarrone, me liberaba de guardar el secreto, al mismo tiempo que me instaba a hacerlo saber, entre más personas mejor. y éste, el Padre Báez, al verla hizo lo mismo que el obispo de Uruguay, la tomó con mucho respeto y cariño entre sus manos y la bendijo.
¿Comprenden ahora por qué yo le tengo a la Virgen Carmen tanta devoción? Me ha acompañado toda la vida, he superado verdaderos temporales con ella a bordo, y ahora la tengo en mi mesa de noche y siempre le he pedido por el bienestar de mis hijas, a quienes les tengo dicho que, el día que muera, me la coloquen dentro de mi ataúd, que quiero seguir compartiendo también la muerte junto a ella.
Lo dicho amigo, esta bonita historia, si la quieren crecer, pues la créela n y si no, no te preocupen…. porque a mí particularmente, el que no me creas me la trae “al pairo”. Yo sé que es una verdad absoluta y creo profundamente en ello.
Ahora solo nos queda disfrutar de nuestra fiesta de Carmen y procesión por las calles de los Llanos de Jaraquemada en mi ciudad natal de Telde, y al paso arrojarle arroz a la cara, como se hacía antaño, para que nos siga trayendo buenas cosechas y protegiéndonos a todos. Por cierto, no te asustes, si te sonríe, porque tiene esos arranques de buena Madre celestial, Jajajajaja
Y llegado a este punto y como conclusión final les digo… ¡Sean Felices amigos! y si acudan, que nos veremos en la procesión. Qué… ¡Casos se han dado!
¡Qué cosas!
Fdo:
Julio Cesar González Padrón
Marino Mercante y escritor

Muy currado el artículo
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