![]() |
| Don Julio González Padrón, Marino Mercante |
EN RECUERDO DE LOS MARINEROS DEL “CRUZ DEL MAR”
“En primera persona, desde la rabia y la memoria de un viejo marino mercante, jubilado”
Por Julio César González Padrón
Artículo de opinión
A la atención del Gobierno de España:
Les escribo como ciudadano, sí, pero sobre todo como “marino mercante jubilado”, como hombre que ha pasado media vida en la mar, que ha sentido su grandeza y también su crudeza. Les escribo desde un lugar que ustedes no conocen; el lugar donde solo se escucha el viento, el rumor de las olas, el motor y el propio corazón. El lugar donde uno sabe que, si algo ocurre, no hay tierra cerca, no hay ayuda inmediata, no hay más defensa que la unión entre compañeros y la protección de nuestra Virgen del Carmen, que siempre nos acompaña.
Y desde ese lugar, desde esa experiencia que marca la piel y el alma, les digo que todavía hoy, “48 años después”, siento una rabia profunda cuando pienso en lo que ocurrió aquel “28 de noviembre de 1978” con los marineros del “Cruz del Mar”. Una rabia que no se apaga. Una rabia que no nace del odio, sino de la injusticia. Una rabia que brota del silencio oficial que cayó sobre ellos como una segunda condena.
Aquel día, siete valientes hombres de Lanzarote —entre ellos un niño de solo “14 años”, Chanito— fueron asesinados a sangre fría mientras faenaban. Mientras trabajaban. Mientras hacían lo mismo que yo he hecho tantas veces; salir a la mar para ganarme el pan.
Y ustedes asquerosos políticos, desde la distancia, desde los despachos, desde la comodidad de tierra firme, desde Madrid, calificaron entonces a aquel cobarde acto terrorista como, un “accidente de trabajo” ¡Simplemente vergonzoso!
Señores del Gobierno: ¿Accidente? ¿De verdad? ¿Un niño cosido a balazos es un accidente? ¿Siete marineros ejecutados en su propio barco son un accidente? ¿La sangre derramada en cubierta es un accidente?... ¡Me dais asco, no, lo siguiente!
No. No lo fue entonces y no lo es ahora. Y esa mentira oficial, esa falta de reconocimiento, esa indiferencia histórica… Esa sí que duele. Esa sí que me enciende la rabia y rabia de verdad.
Yo sé lo que ellos sintieron, porque he vivido en ese mundo.
He navegado mares en calma y mares que parecían querer tragarnos. He visto amaneceres que te reconcilian con la vida y noches en las que uno reza sin saber si verá el día siguiente. He estado en cubierta con compañeros que son más que amigos; son familia. Y sé lo que es mirar alrededor y ver solo agua, solo horizonte, solo vulnerabilidad.
Por eso puedo imaginar —y me duele imaginarlo— lo que sintieron esos hombres cuando vieron acercarse a los asaltantes. Puedo sentir su miedo. Puedo sentir su desconcierto. Puedo sentir su rabia impotente. Puedo escuchar sus pensamientos: “¿Por qué a nosotros?” “¿Qué hemos hecho?” “¿Qué quieren de unos simples pescadores?”
Porque ellos no eran soldados. No eran enemigos de nadie. No representaban más bandera que la del trabajo honrado. Eran marineros. Eran padres, hermanos, hijos. Eran canarios conejeros, que salieron a ganarse el pan como de costumbre.
Y allí, en medio del mar, estaban solos. Solos frente a la violencia. Solos frente a la injusticia. Solos frente a un destino que no merecían.
Sus nombres deben ser reconocidos por el Estado
Y para que no quede un solo ápice de duda diré qué los fallecidos fueron:
Juan Antonio Rodríguez Rodríguez (Chanito), 14 años
Antonio Rodríguez Rodríguez, capitán
José María Hernández Rodríguez
Manuel Rodríguez Rodríguez
José Rodríguez Rodríguez
Juan Antonio Rodríguez Martín
Antonio Rodríguez Martín
Sus nombres no pueden seguir siendo solo un recuerdo local. Deben ser memoria nacional. Deben ser reconocidos como víctimas de un acto violento, no como un “accidente laboral, porque eso es volverlos a insultar”.
Lo que les pido, como marino y desde la verdad
Les pido, con respeto, pero con la fuerza moral que me da mi profesión, mi uniforme y mis galones en la manga, de los que me siento muy orgulloso. Les pido “reconocimiento oficial” de la verdadera naturaleza del ataque; “revisión simbólica” del expediente que los clasificó como accidente; “acto institucional” en honor a los marineros fallecidos; “incorporación” de sus nombres en la memoria oficial de víctimas de violencia en el mar. Y sobre todo y eso que no falte nunca, “apoyo moral” a las familias y supervivientes.
No pedimos privilegios. Pedimos justicia. Pedimos humanidad. Pedimos que el Estado esté a la altura de la dignidad de sus marineros.
Porque el olvido es una segunda muerte
Y ellos ya sufrieron bastante con la primera.
Como marino, sé que la mar guarda historias. Pero también sé que el Estado tiene la obligación de guardarlas con nosotros. De reconocerlas. De honrarlas. De impedir que se pierdan en el silencio.
Los marineros del “Cruz del Mar” merecen que España entera los nombre, los recuerde y los honre. Porque fueron hijos de esta tierra y de este país. Porque su tragedia es parte de nuestra historia. Porque su memoria es un deber moral.
Por ellos, por sus familias, por la verdad y por la dignidad, firmo esta carta pública con el corazón y el alma encogida y llena de salitre.
Desde aquí, desde esta mar donde tanto trabajaron duro y honradamente por los suyos, yo los vuelvo a recordar colegas y les digo al mejor estilo marinero… ¡Buena guardia compañero! Ojalá algún día nos veamos y nos crucemos navegando por ese mar infinito que es la Gloria de nuestro Señor, donde nuestra querida y siempre venerada Virgen del Carmen, ejerce de nuestra capitana general y allí al cruzarme con tu barco, te daré con la bocina del mío, una pitada larga; arriaré e izaré la bandera española de la popa, en señal de respetuoso saludo, rebosante de amor, para saludarte y recordarte, que no te olvidamos.
Marineros del” Cruz del Mar” … ¡PRESENTES!
¡Qué cosas!
Fdo. Julio César González Padron
Marino Mercante y escritor

No hay comentarios:
Publicar un comentario