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viernes, 17 de julio de 2026

Cuando el poder acusa a los jueces

 

Julio González, muy serio con este artículo
El Ejecutivo de Pedro Sánchez entra en aguas peligrosas

Por: Julio César González Padrón

Artículo de opinión

Hay momentos en la vida institucional de un país en los que uno siente cómo el barco se escora. No por un temporal externo, sino porque alguien desde dentro decide mover el lastre. La reacción del Ejecutivo actual del gobierno social comunista de Pedro Sánchez, ante la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura, es exactamente eso; “un movimiento brusco, calculado y profundamente irresponsable”.

El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha afirmado que la resolución judicial busca “derribar al Gobierno y que responde a la “incapacidad de hacerlo por las urnas”. Con esas palabras, el Ejecutivo no solo desprecia la función de los tribunales de justicia, sino que insinúa que la separación de poderes es un decorado, un mapa viejo que ya no sirve para navegar. Y cuando un Gobierno como el actual, empieza a desconfiar del mástil que sostiene su propia vela democrática, el país entero debe encender las luces de emergencia. 8Dos luces rojos en lo alto del mástil, que significa, “estoy sin gobierno, o, maniobro con dificultad.

“Una lamentable acusación, que cruza líneas rojas”

Acusar a los magistrados de un tribunal superior de intentar derribar al Gobierno es convertir una sentencia —que puede gustar más o menos, que puede ser recurrida, discutida o analizada— en un acto de sedición. Es insinuar que los jueces no aplican la ley, sino que maniobran como conspiradores. Es dinamitar la confianza pública en el único poder del Estado, que no se elige en las urnas precisamente para evitar que se convierta en un instrumento partidista, como pretende Pedro Sánchez, al mejor estilo bananero chavista.

En cualquier democracia seria, semejante acusación sería motivo de rectificación inmediata. Aquí, en cambio, se lanza como quien arroja un cubo de agua sucia por la borda, confiando en que el oleaje mediático lo diluya. Pero no se diluye. Porque lo que está en juego no es una sentencia; “es la credibilidad del sistema”.

“La trampa de las urnas”

El ministro añade que todo esto ocurre “ante la incapacidad de hacerlo por las urnas”. Y, además, no se ríe cuando lo asegura. Porque un ciego puede ver que esa frase es una maniobra de distracción. No hay incapacidad, más bien yo diría que, lo que hay es una imposibilidad. Y la imposibilidad no es política, es legal. Solo el presidente del Gobierno puede convocar elecciones. Y Pedro Sánchez no quiere hacerlo, porque a pesar lo que le dice su subordinado y estomago agradecido de Félix Tzano en sus famosas encuestas “imparciales” del CIS, no lo tiene nada claro; o peor aún, lo tiene clarísimo, que perdería las elecciones por goleada

Por tanto, hablar de “incapacidad” es culpar a otros de una decisión que solo depende del Ejecutivo. Es como reprochar a la tripulación que no pueda abandonar el barco cuando es el capitán quien ha cerrado las escotillas desde dentro.

“La separación de poderes: el mástil que no se puede serrar”

La separación de poderes no es un adorno constitucional. Es la quilla que mantiene estable el barco democrático. Si el Ejecutivo decide convertir al poder judicial en enemigo, está serrando esa quilla. Y un barco sin quilla no navega…, zozobra sin remedio.

Cuando un ministro como Oscar Puente, acusa a los jueces de actuar políticamente, está diciendo que el sistema no funciona. Que los jueces no son árbitros, sino jugadores. Que el Estado de derecho es un teatro. Ese mensaje, repetido desde el Gobierno, es profundamente corrosivo, vergonzoso.

“El verdadero problema: un poder que no tolera límites”

El Ejecutivo parece haber adoptado una doctrina inquietante: toda crítica es un ataque; toda sentencia desfavorable para el gobierno, es una conspiración; todo control institucional es una agresión”.

Con esa lógica, cualquier poder del Estado que cumpla su función se convierte en adversario. Y cuando un Gobierno empieza a ver adversarios en cada esquina, es señal de que ha perdido la serenidad necesaria para gobernar.

Lo que les molesta no es la sentencia, sino la existencia misma de límites. Lo que les irrita no es el fallo judicial, sino el hecho de que haya jueces capaces de emitirlo. Lo que les incomoda no es la resolución, sino la idea de que el poder no es absoluto.

“Conclusión: cuando el Gobierno teme a la justicia, la democracia debe revisar su rumbo”

La gravedad de lo ocurrido no reside solo en las desafortunadas palabras del ministro, sino en lo que revelan. Un Ejecutivo que interpreta la justicia como una amenaza, que convierte una sentencia en un acto de guerra política y que acusa a los jueces de conspirar contra él.

España ha soportado temporales peores, pero siempre lo ha hecho con un principio claro: “los jueces aplican la ley, no gobiernan, y acusarlos de querer gobernar, es un estúpido ataque “sanchsita”, directo al Estado de Derecho”.

Cuando el poder ejecutivo insinúa lo contrario, el país entero debe revisar su rumbo. Porque un barco puede soportar vientos fuertes, pero no puede navegar si su propio capitán decide desconfiar del mástil que lo sostiene.

Y como diría un mauro de Telde…Mire usted, ¡Esta bonito este gobierno social comunista de Pedro Sánchez!  “el lapa”. La casa inundándose y ellos en Belen con los pastores y no arruguen el josico compadres, que sabe tan bien como yo, que… ¡Casos se han se han dado!

¡Qué cosas!


Fdo:

Julio César González Padrón

Marino Mercante y escritor

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