Domingo Rigüela Padrón
A pesar de que el Ayuntamiento de Telde ha publicitado en
reiteradas ocasiones la firma de varios convenios con desguaces para
agilizar la retirada de estas ;chatarras con ruedas;, la cruda realidad que
se respira a pie de calle desmiente cualquier titular oficial. Lejos de
disminuir, el volumen de coches abandonados no deja de multiplicarse
por la geografía del municipio, abarcando tanto el dominio público como
los terrenos privados.
La ineficacia administrativa es visible a simple vista. En la franja
marítima, justo delante del Centro Comercial Las Terrazas, lo que debería
ser una estampa costera cuidada para el disfrute de residentes y
visitantes se ha ido convirtiendo progresivamente en un depósito
improvisado donde ya acumulan polvo y óxido varios vehículos. La
situación resulta igualmente sangrante en los barrios de las medianías: en
el aparcamiento de la calle Ceres, en Caserones Bajos, la cifra de coches
abandonados no solo no se ha reducido, sino que se ha duplicado
recientemente hasta alcanzar los 8 vehículos varados en un mismo punto.
Mientras los comunicados institucionales anuncian acuerdos con
Centros Autorizados de Tratamiento (CAT), el censo real a pie de calle
sigue al alza, duplicando las cifras en puntos críticos del municipio.
Esta inacción continuada sobrepasa el problema estético y la
pérdida de plazas de aparcamiento para convertirse en una auténtica
bomba de relojería ambiental. Cada día que un vehículo permanece
abandonado a la intemperie, la degradación de sus materiales se acelera.
El verdadero peligro, a menudo invisible a los ojos de la ciudadanía,
se sitúa bajo el suelo. Los fluidos de los motores (aceite usadod, líquidos
de frenos y refrigerantes) junto con los metales pesados de las baterías
sulfatadas terminen filtrándose en la tierra. Estas sustancias tóxicas
pueden alcanzar las aguas subterráneas y los acuíferos de la isla,
contaminando recursos hídricos vitales en un territorio insular donde la
protección del suelo es crítica. La acumulación de maleza y basura en
torno a los bloques de motor secos eleva exponencialmente el riesgo de
incendios y la proliferación de plagas.
La firma de convenios marco no sirve de nada si no se traduce en
grúas operativas en las calles de inmediato. Telde no puede permitirse
que la burocracia municipal sea más lenta que el deterioro del medio
ambiente. Las promesas ya están hechas; ahora los teldenses exigen que
se limpien, de una vez por todas, sus barrios y su litoral.

Las empresas que se presenten tienen que hacer bastantes números, a ver si es rentable, retirar tanto vehículo
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