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martes, 14 de julio de 2026

LA ELECCIÓN DE LOS JUECES

 

Posible juez de la vida

 Una reforma que interpela al Estado como si fuera un barco en mar abierto


Por: Julio César González Padrón

Artículo de opinión

En España, el poder judicial ha sido tradicionalmente una estructura sólida, casi pétrea, diseñada para resistir los vientos cambiantes de la política. La Constitución no contempla que los jueces del Tribunal Constitucional, del Consejo General del Poder Judicial, del Tribunal Supremo o de los Tribunales Superiores sean elegidos por sufragio universal. Pero imaginar esa reforma —una elección cada cinco años, separada de las generales— es abrir un debate que toca la quilla misma del Estado.

No es una ocurrencia a la ligera, fruto de un sueño de verano. Es una pregunta, que llevo años haciéndomela años y además que considero institucional de primer orden: ¿Debe la ciudadanía participar directamente en la elección de quienes interpretan y aplican las leyes que sostienen la convivencia?

 

Una reforma que podría reforzar la legitimidad del Estado

En términos institucionales, pienso que, la elección directa de los jueces sería un gesto de apertura democrática. Un Estado que permite a sus ciudadanos elegir a quienes custodian la Constitución y administran justicia estaría enviando un mensaje claro: la soberanía popular no se detiene en las puertas del poder judicial

La legitimidad democrática se vería reforzada por los jueces más relevantes del país que, tendrían un mandato otorgado por el propio pueblo soberano; la justicia dejaría de percibirse como un territorio reservado a “élites jurídicas”, y la ciudadanía llana, sentiría que participa en la arquitectura del Estado, no solo en su gobierno.

 En otras palabras, sería en términos institucionales, una ampliación del perímetro democrático.

“Pero es también una reforma que exige una serenidad propia de marinos veteranos”

Porque no todo es promesa y la justicia, pues como la mar, exige calma, técnica y distancia emocional y créeme amigo, que, aunque sea un mauro de Telde, te aseguro que de “mar” y su mundo entiendo algo. Jajajaja. Y, en consecuencia, mi formula convertiría a los jueces, en candidatos que, evitarían el introducir tensiones que ningún Estado debe ignorar.

Una campaña electoral judicial podría exponer a los jueces a presiones mediáticas, e incentivar decisiones populares en lugar de decisiones jurídicas, y se evitaría convertiría a los Tribunales en escenarios de batalla política (como ocurre actualmente). De esta manera, los jueces podrían liberarse de sus apellido impuestos  de “conservadores o progresistas”, y pasarían a ser, aunque solo sea en apariencia,  “jueces a secas” sin mochilas políticas impuestas.

 Porque desde mi punto de vista de “viejo lobo de mar”, la independencia judicial es el timón silencioso que mantiene estable la nave del Estado. Si ese timón se politiza, el rumbo puede volverse incierto.

 “La politización ya existe, no nos engañemos solo que la reforma la haría visible”

Quienes temen esta reforma suelen advertir que “politizaría la justicia”. Pero la politización ya está ahí, para que nos vamos a engañar. Los jueces no dejan de ser hombre imperfectos como todo el mundo, pero deben evitar llevar encima la etiqueta que los identifiquen como de izquierdas o derechas, porque eso es algo que no les corresponde y por lo tanto, se les tienen vedado en el ejercicio de sus funciones profesionales, que no son otras que administrar la justicia e interpretar las leyes , y no como corriente subterránea donde los partidos políticos negocian la presidencia y  vocalías del CGPJ como si fueran cuotas de poder, y como ejemplo, anotar que el propio Tribunal Constitucional se renueva según mayorías parlamentarias y lo peor es que, y a los hechos actuales me remito, cada sentencia relevante se interpreta en clave partidista de interés político, haciéndose real, la famosa y desafortunada  frase de Pedro Sánchez…¿De quien depende la fiscalía…?  

 Por ello aseguro que, la reforma la cual propongo, no crearía un problema nuevo; todo lo contrario, “los sacaría a la superficie”, como un pecio que siempre estuvo ahí, “oculto bajo las aguas, custodiado por Neptuno”

 “Una oportunidad para que el Estado se mire en el espejo de la transparencia”

La elección directa obligaría a los jueces a explicar su visión del Estado, su filosofía jurídica, su compromiso con los derechos fundamentales. Hoy, muchos ascienden sin que la ciudadanía conozca nada de eso, y con mucha influencia del partido politico en el poder.

La reforma podría introducir: mandatos limitados, evaluaciones técnicas independiente, transparencia absoluta en los procesos de nombramiento y auditorías públicas del funcionamiento judicial.

 En definitiva, sería una forma de que el Estado se mirara en su propio espejo y revisara su estructura con honestidad.

 “La metáfora del barco: el poder judicial como el mástil que sostiene la vela democrática”

 Pienso como “viejo lobo de mar y además maúro de Telde que soy”, que un Estado democrático es como un barco en travesía larga. El gobierno es la tripulación que maniobra. El Parlamento es la carta de navegación. Pero la justicia es el mástil y…” Si se quiebra, la vela cae; si se inclina, el rumbo se pierde; si se mantiene firme, la nave avanza incluso en tormenta”.

Modificar la forma de elegir a quienes custodian ese mástil es una decisión que exige prudencia, serenidad, valentía amplia visión de Estado. No es una reforma menor. Es tocar la estructura que sostiene la vela democrática.

 “Como conclusión final diré que, una reforma es posible, pero exige grandeza institucional”

 Y recurriendo una vez más y para no perder la buena costumbre de utilizar, las sabias expresiones de nuestro rico léxico canario, te diré que… “Quieras Dios, que acertemos con esta nueva novia, porque si no…, ¡Vemeria purísima!, el potaje de verguilla que se puede armar a bordo”. La elección directa de los jueces podría democratizar la justicia, reforzar la legitimidad del Estado y acercar las instituciones a la ciudadanía. Pero también podría introducir presiones electorales, tensiones mediáticas y riesgos de politización, por parte de esos que están a la que salta.

España debe decidir si quiere una justicia más cercana al ciudadano o más protegida de la política. Y no como la que tenemos ahora, que, si no eres “sanchista “o de izquierdas, te catalogan de entrada como “facha” y de derechas. Y si es que lo que queremos es abrir las ventanas del poder judicial o reforzar sus muros, para poder navegar con más participación o con más estabilidad, hay por comenzar a aprender a ponerle “a los golpes de mar, pecho sereno”

Si, ya sé que, la solución no es sencilla. Pero el debate es imprescindible. Porque en democracia, como en la mar, solo los barcos que revisan su estructura antes de la tormenta llegan con dignidad al puerto”. Y crean a este “viejo lobo de mar” cuando les asegura que… ¡Casos se han dado!

¡Qué cosas!


Fdo:

Julio César González Padrón

Marino Mercante y escritor


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