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miércoles, 15 de julio de 2026

La tierra arde y nosotros seguimos mirando al cielo


 “Crónica de un país que juega con fuego”



Por: Julio César González Padrón

Artículo de opinión

Hay males que regresan cada verano como viejos fantasmas. En la mar, uno aprende que hay tormentas que no dependen del piloto; por eso aseguramos que… “No está en manos del piloto, dejar que el viento sople”. Pero también aprende —y esto lo sabe cualquier capitán que haya sobrevivido a un temporal de verdad— que, siempre se pueden ajustar mejor las velas”. Y en España, por desgracia, en esto de los incendios, llevamos demasiados veranos navegando con las velas mal cazadas.

Porque el fuego no es un visitante inesperado; por el contrario, es un “inquilino permanente”. Y cada año, cuando el termómetro se dispara y la tierra se agrieta, el país vuelve a arder como si estuviera condenado. Y uno, que ha visto ciclones capaces de arrancar la piel del océano, no puede evitar preguntarse… ¿Cómo demonios hemos llegado a aceptar esta rutina de destrucción?

 

“El hombre como chispa y la estadística que nadie quiere mirar”

La ciencia es clara y nos recuerda que, “entre el 80% y el 90% de los incendios en España tienen origen humano”. ¿Negligencia, imprudencia, abandono, intencionalidad?… La verdad es que el catálogo es tan amplio como vergonzoso.

El clima —cada vez más extremo, más insolente, más abrasador— hace el resto. Pero la chispa sigue siendo nuestra. Y de nadie más.

Y aquí es donde mi artículo debe arder también, porque “No es el fuego el que nos derrota. Es nuestra dejadez hispana”.


“Si bien es cierto que, en el pasado reciente no era así y es que resulta que, el fuego ha mutado”

Los datos históricos muestran que antes ardían menos hectáreas, con menor intensidad y con ciclos más largos entre grandes incendios. Hoy, el fuego es más rápido, más voraz, más difícil de contener.

Las causas técnicas son conocidas; “la acumulación de biomasa” por abandono rural; “las de calor más largas” y con temperaturas récord; “las sequías estructurales”, que convierten el monte en pólvora, y algo muy importante a tener en cuenta, que es “la fragmentación del territorio” que, dificulta la gestión forestal.

 Porque no nos engañemos, el fuego ya no es un accidente; “es una consecuencia matemática”.

 

“La prevención”; ese el gran naufragio institucional

Aquí es donde como marino mercante, me voy a permitir apretar el tono; pues conozco bien cuándo la jarcia está mal tensada.

España invierte más en apagar que en prevenir. Es como navegar confiando en que el temporal no llegará, en vez de reforzar el aparejo cuando el cielo empieza a cerrarse.

La ciencia lo repite cada año; y así vemos que … “la gestión forestal” es insuficiente. “La vigilancia temprana” es desigual. “La educación ciudadana” es mínima, a lo que se suma que, por desgracia, “el abandono del campo”, que ha convertido a miles de hectáreas de terreno en un polvorín, y mientras tanto, cada verano repetimos la misma escena, como si fuera inevitable.

En Canarias decimos: “La penca de tuno que está para uno, no hay baifa que se la coma.” Pues bien; la penca de tuno del desastre está ahí, madura, lista… y nosotros seguimos mirando para otro lado.

“Después del incendio es donde más se improvisa”

La ciencia forestal es clara: “reforestar sin criterio es tan dañino como el propio incendio”. Hay que recurrir a laflora autóctona” — flora autóctona sí, pero con planificación, fases y estudio del suelo. A la “restauración del suelo”, pues sin suelo vivo, no hay bosque. Al “blindaje contra la especulación” y tener claro que, el fuego no puede ser excusa para recalificar. Y algo muy importante a llevar a cabo que es el “Monitoreo satelital continuo” — vigilancia satelital, no solo para detectar incendios, sino para seguir la recuperación.

 

“Pastoreo extensivo y la solución que siempre estuvo ahí”

La ciencia lo respalda. El pastoreo extensivo reduce la carga de combustible, mantiene cortafuegos naturales y devuelve actividad humana al territorio. Es una herramienta ancestral que hemos dejado caer por desuso y burocracia. Recuperarla sería con volver a poner un buen vigía en el castillo como alguien que conoce el terreno y lo mantiene vivo — pastoreo extensivo.

 “Tecnología; el vigía que nunca duerme”

Los satélites actuales detectan columnas de humo en minutos, miden temperaturas del terreno y anticipan zonas de riesgo. Así que, la tecnología existe. Lo que falta es voluntad política para convertirla en una red de alerta temprana robusta.

“Cuando el capitán del buque sabe que el temporal no perdona, lo utilizaré como cierre del articulo”

Y les puedo asegurar queridos amigos lectores, que esto lo conozco mejor que nadie y además de primera mano; un capitán puede incluso bromear con estos asuntos; puede soltar chascarrillos, puede decir que actúa o habla como los “capitanes abusadores”. Pero también puedo jurar por mi honor, que un buen capitán— “jamás pone en peligro a su gente”, y España en cambio, se lleva años poniendo en peligro su territorio, su biodiversidad y su futuro. El viento no está en nuestras manos. Pero las velas sí. Y ya va siendo hora de cazarlas con la seriedad y rigor que, exige un país que cada verano se juega la vida.

Aunque de nuevo usando nuestras ricas expresiones canarias también es cierto qué…”  Hay que actuar ya, porque a conejo huido, palos a la madriguera”, Así que cristiano, amarre las cabras que, tengo al  macho suelto y oiga y luego la reclamaciones, al maestro armero y mire que le aseguro qué,  … ¡Casos se han dado!

¡Qué cosas!


Fdo:

Julio César González Padrón

Marino Mercante y escritor


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