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| El Guardián de la Niebla |
Joaquín Santana Rodríguez
El Guardián de la Niebla
En el filo de la roca, donde el mundo se deshace,
se alza firme la columna, centinela del abismo,
mientras el mar furioso en su falda se complace
y la noche se oscurece con su negro magnetismo.
No le teme a la tormenta, ni al soplido del invierno,
su destino es la constancia, su corona es de cristal,
un gigante solitario con un fuego casi eterno
que desarma los peligros con su lengua de metal.
Gira y gira su mirada, como un faro de esperanza,
va barriendo las tinieblas, va midiendo la ansiedad,
para el barco desvalido que en las olas danza y lanza,
es el norte, es el refugio, la caricia de la paz.
«Ven aquí», dice su brillo, «que la costa no te hiera»,
«sigue el rastro de mi fuego, que la noche ya se va».
Y el marino en la tormenta, al mirar la luz primera,
sabe bien que, gracias al faro, a su puerto volverá.

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