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Joaquín Santana
Articulo de opinion:
El eco de los mazazos rompiendo vitrinas en nuestros centros comerciales se está convirtiendo, peligrosamente, en un ruido habitual en Gran Canaria. Lo que hace un tiempo habríamos catalogado como un hecho aislado o un "suceso de película", hoy se ha transformado en una alarmante constante que amenaza la paz social, el comercio y la sensación de seguridad en la isla. Los recientes asaltos a joyerías como las del c.c El mirador y c.c las terrazas no son simples hurtos de oportunidad; son demostraciones de fuerza criminal que exigen una respuesta inmediata que, de momento, brilla por su ausencia.
Cualquiera que analice la cronología de los hechos llegará a la misma conclusión: estamos ante bandas perfectamente organizadas y profesionales. No son aficionados improvisando un golpe. El patrón se repite con una precisión quirúrgica: grupos de cuatro o cinco encapuchados, sincronización con horarios específicos, uso de herramientas pesadas para destrozar los escaparates en segundos y vehículos robados listos para una huida limpia. Hay un trabajo previo de inteligencia criminal: analizan los accesos, miden los tiempos de respuesta de la seguridad privada y conocen los puntos ciegos de nuestra geografía vial.
Ante este despliegue de logística delictiva, la pregunta incómoda surge de manera natural: ¿dónde están las autoridades de investigación?
Es evidente que las fuerzas de seguridad actúan una vez que el delito se ha cometido, abriendo diligencias y precintando zonas. Sin embargo, la ciudadanía y el sector empresarial no solo demandan reactividad, exigen prevención e inteligencia policial. Cuando los asaltos se suceden uno tras otro con el mismo modus operandi en diferentes puntos de la isla, la sensación que queda en el ambiente es de una preocupante impunidad. Da la impresión de que los delincuentes van siempre un paso por delante de los encargados de protegernos. ¿Faltan recursos en la Policía Judicial? ¿Hay descoordinación en la inteligencia criminal? ¿O es que se está minusvalorando el impacto de estas bandas en una región que vive del turismo y la tranquilidad?
La inacción —o la falta de resultados visibles— tiene un precio muy alto. No solo se trata del valor material de lo robado, sino del miedo que se instala en los empleados de los comercios, en los clientes que pasean por un centro comercial y en la reputación de Gran Canaria como un destino seguro.
No podemos permitir que la isla se convierta en el tablero de juego impune de organizaciones criminales. Las investigaciones no pueden eternizarse en despachos mientras los escaparates siguen rompiéndose. Es hora de que la Delegación del Gobierno y las jefaturas policiales demuestren que el Estado de derecho tiene más herramientas, más preparación y más fuerza que cualquier banda de encapuchados. Menos comunicados de "investigación abierta" y más respuestas contundentes sobre la mesa. Antes de que sea demasiado tarde.

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