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jueves, 2 de julio de 2026

La gran paradoja política, “El miedo a Vox y la normalización de lo inaceptable

Julio,  analista político según el


“El miedo a Vox y la normalización de lo inaceptable”


Por: Julio César González Padrón

Artículo de opinión

Resulta difícil de entender —y casi digno de estudio sociológico— la obsesión de buena parte de la izquierda española con su ya célebre advertencia de que “puede venir Vox”. Lo repiten con dramatismo, como si el país estuviera a punto de ser invadido por una horda de bárbaros. Uno esperaría que, con tanta alarma, al menos mencionaran lo más básico: en democracia, “nada viene solo”. Lo trae el ciudadano con su voto. Si Vox llega al Gobierno, será porque una parte significativa del pueblo español, libre y soberano, así lo decide. Pero claro, eso para la izquierda, debe de ser un detalle menor.

Lo verdaderamente sorprendente —y aquí la ironía roza lo inevitable— es que quienes hoy se rasgan las vestiduras ante la posibilidad de pactos con Vox, no mostraron la misma sensibilidad cuando el actual Gobierno decidió apoyarse en Bildu. Sí, Bildu: esa formación que incluye en sus listas a condenados por terrorismo y que ha sido interlocutor privilegiado para decisiones penitenciarias que han beneficiado a asesinos de ETA con sentencias firmes. Pero, por lo visto, eso no era motivo de alarma. Debía de ser “normalidad democrática avanzada”. ¡No me jodas Marlaska!

Tampoco hubo escándalo cuando se pactó con los independentistas de Juntsuna Ley de Amnistía hecha a su medida”, diseñada para borrar delitos graves y permitir que su líder —todavía reclamado por la Justicia española— siguiera moviéndose con absoluta tranquilidad. Incluso se llegó al extremo de visitarlo un representante del gobierno social comunista de Pedro Sánchez; Cerdan, que, por cierto, ya paso por el Resort S S Sanchista Gran Hotel de Soto del Real y pendiente de condena definitiva. O es que ya se olvidó que fue a él, al que Pedro Sánchez le encargó reunirse en Waterloo con Puigdemont en su dorado autoexilio, como si fuera un estadista europeo y no un prófugo. Todo muy edificante. Lo mismo que lo anterior… ¡No me jodas! Pero en esta ocasión Pedro Sánchez. 

La paradoja es tan evidente que casi resulta cómica: Bildu y Junts no se sienten parte del Estado español, no han jurado la Constitución y su proyecto político declarado es la ruptura del país. Aun así, han sido socios preferentes del Gobierno social comunista de Pedro Sánchez, sin que ello generara la histeria mediática que hoy se reserva exclusivamente para Vox. Se normaliza lo que debería escandalizar y se demoniza lo que simplemente compite en el marco democrático”. Es como preocuparse por el vecino que pone música alta mientras, se invita a cenar al que quiere derribar la casa… ¡No me jodas!

Esta doble vara de medir es una de las grandes anomalías políticas de nuestro tiempo. Se presenta como “peligroso” aquello que no encaja en la visión ideológica dominante, mientras se blanquea a quienes han cuestionado abiertamente la legitimidad del Estado y han vulnerado sus leyes. Se pretende que el ciudadano tema a un partido legal, pero acepte sin rechistar pactos con quienes han puesto en jaque la convivencia, la justicia y la unidad nacional. Todo ello envuelto en un discurso moralista que, curiosamente, solo funciona en una dirección; la de la izquierda. ¡Alto camarada, que esta es de mamá!

La pregunta, por tanto, no es si “viene Vox”. La pregunta es por qué una parte creciente de la sociedad siente que debe votar algo distinto a lo que la izquierda social comunista considera aceptable. Y la respuesta es evidente; porque muchos ciudadanos se sienten traicionados, ignorados y utilizados. Porque han visto cómo se negociaba con quienes nunca han pedido perdón por el daño causado, (ETA), blanqueada como Bildu, cómo se cedía ante quienes han desafiado al Estado, y cómo se aprobaban leyes hechas a medida., para Junt, quienes huyeron como ratas de la justicia. Y claro, ante semejante panorama, la alarma no es que, “venga Vox”, sino que venga el sentido común”.

La democracia exige coherencia, respeto y límites. No se puede pedir al ciudadano que tema a un partido, mientras se pacta con quienes han despreciado la Constitución. No se puede exigir responsabilidad al votante, mientras se practica la irresponsabilidad desde el poder. No se puede hablar de “peligros para la democracia”, mientras se dinamitan sus pilares para mantener una mayoría parlamentaria. La ironía, al final, es que quienes dicen defender la democracia parecen ser los primeros en estirarla como un chicle cuando les conviene.

La situación que padecemos hoy en España no es fruto del azar. Es el resultado de decisiones políticas que han erosionado la confianza de una parte del país. Y esa erosión no se combate con miedo, sino con rectitud. No se combate con propaganda, sino con principios. No se combate señalando al votante, sino respetándolo.

Quizá ha llegado el momento de dejar de repetir consignas y empezar a mirar de frente la realidad. La democracia española no peligra porque un partido pueda ganar votos, sino porque algunos han decidido que todo vale para conservar el poder. Y eso sí que “viene”, y lleva tiempo instalado, con Pedro Sánchez; el cual, a cambio de mantenerse en la Moncloa, permite o mira hacia el otro lado con la corrupción dentro de su partido Sanchista de corte social comunista bolivariano.

Así Sánchez, que te hablo como lo hacemos los mauros de Telde amantes de la libertad y la honradez…Si te quieres dír, d.ite, que a aquí nadie te ajulea, o mejor dicho…, sí que te ajuleamos, pero tú Pedro, como siempre   no te enteras o no quieres enterarte. Y mira que… ¡Casos se han dado!

¡Qué cosas!


Fdo:

Julio César González Padrón

Marino Mercante y escritor


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