
Analista de la sociedad
DOCE AÑOS DESPUÉS, LA IMPUNIDAD ELEVADA A SISTEMA Y ALGO QUE HIERVE LA SANGRE A CUALQUIER CONTRIBUYENTE
Por: Julio César González Padrón
Artículo de opinión
Doce años. Doce años de un proceso que empezó en 2014 con una denuncia por cohecho, tráfico de influencias, blanqueo y otros delitos que, en cualquier país serio, habrían puesto patas arriba a toda una clase política. Doce años de declaraciones, de titulares, de informes, de promesas solemnes de “llegar hasta el final” Y ahora, en 2026, el final llega… pero no para hacer justicia, sino para enterrarla.
Cifra tan redonda esta del 12 como lo apóstoles, tan bíblica, tan solemne, tan digna de grabarse en mármol… si no fuera porque lo único que simboliza es la incapacidad de un sistema para no llegar a ninguna parte en investigar, instruir, revisar, aplazar, volver a revisar, volver a aplazar y, finalmente, archivar un proceso judicial que ha durado tanto que casi habría dado tiempo a que el propio Código Penal pidiera la jubilación reglamentaria por años trabajado.
El caso Pujol se cierra, o, mejor dicho, se guarda en un cajón con la misma delicadeza con la que se guarda un jarrón roto que nadie quiere tirar, no vaya a ser que alguien pregunte por él. Y la explicación, según se ha comunicado, es que el principal investigado ya no estaría en condiciones cognitivas de afrontar un juicio. (esa ventaja tiene los enanos listillos), Qué casualidad tan puntual. Qué precisión suiza. Qué milagro médico tan oportuno, em definitiva …. ¡Qué catalán!
Si amigos han leído bien: el caso vergonzosamente se archiva. Se esfuma. Se evapora. Y lo hace con una explicación que muchos ciudadanos percibimos como un insulto; el principal investigado ya no estaría en condiciones “cognitivas” de afrontar un juicio. Después de doce años. Doce años señores…. ¿Creen ustedes que un catalán se puede olvidar en 12 años donde guardó el dinero que robó ¡Hombre! Por Dios, siendo catalán, aunque enano, ni en doce años ni en cien…. ¡Acabáramos!
La indignación no es una reacción emocional. Es una conclusión racional. Porque lo que ha visto la ciudadanía española es un patrón que se repite cuando se trata de determinados apellidos, el tiempo se vuelve el mejor abogado defensor. El calendario se convierte en una estrategia. La lentitud judicial, en un salvavidas y la impunidad, en una tradición hereditaria.
Ante este atropello judicial “permitido”, uno podría pensar que la justicia es lenta. Pero no…. la justicia es selectiva. Porque cuando se trata de ciertos apellidos, el tiempo no es un problema, es una estrategia. El calendario no es un instrumento neutro, es un aliado. Y la memoria, cuando conviene, se vuelve frágil como el cristal. Es admirable, en cierto modo, yo diría casi poético.
Mientras tanto, el ciudadano corriente —ese ser como usted y yo que pagamos impuestos religiosamente y que no podemos esconder ni un céntimo sin que Hacienda le envíe una carta con tono amenazante— observamos cómo una familia entera justifica una fortuna oculta apelando a una herencia “del abuelo”, que de tonto no tenía un pelo.
Porque no hablamos solo de un caso aislado; hablamos de una familia que durante décadas ha manejado poder político, económico y simbólico. Una familia que justificó una fortuna oculta en el extranjero apelando a una supuesta herencia del abuelo; un abuelo que, según se recuerda en múltiples crónicas históricas, estuvo vinculado a la quiebra de Banca Catalana, un episodio que dejó a miles de familias arruinadas mientras los responsables (ellos, los Puyol), salía indemnes gracias a una amnistía que muchos españoles aún consideran una burla a la justicia y es que los Pujo siempre caen de pie. Son como los gatos, pero con abogados y muchas misas diarias ¡Faltaría más!... Que por algo conocerían al patriarca como “La madre superiora del convento”
Y ahora, en pleno siglo XXI, en una España que presume de modernidad democrática, se repite la historia; un caso de enorme relevancia pública se cierra sin juicio, sin responsabilidades y sin devolución del dinero presuntamente defraudado. Ni el patriarca, ni la esposa, ni los hijos —que durante años defendieron, movieron y gestionaron ese patrimonio— han tenido que responder ante un tribunal. ¡VERGONZOSO!0
Ahora resulta que parece ser que la justicia tiene dos velocidades; la del ciudadano normal y corriente como usted y yo, y la de los privilegiados, que es pausada, comprensiva y cuando hace falta, como es el caso que nos ocupa, se le acepta lo de … “amnésica puntual y oportuna” y que… ¡Viva el vino!
Si, ya sé que esto en una democracia moderna como la española, no es normal, pero habitual, desde luego comienza a serlo; y eso es lo verdaderamente preocupante
El mensaje que percibe el ciudadano es devastadore. El que “hay quienes nunca pagan”. Hay quienes viven en un ecosistema de privilegios donde la ley es un concepto flexible, negociable, moldeable. Donde el tiempo cura todos los delitos. Donde la memoria se deteriora justo cuando conviene. Donde la justicia llega tarde, mal o nunca.
Y mientras tanto, el ciudadano de a pie —el que paga impuestos, el que no puede esconder un euro, el que no tiene abogados de renombre ni estructuras de poder detrás— observa cómo se archivan causas que afectan a quienes han manejado el país durante décadas. Observa cómo se diluyen responsabilidades. Observa cómo se normaliza lo que debería escandalizar.
¿Es esto aceptable en una democracia moderna? ¿Puede un país aspirar a la confianza institucional cuando sus propios ciudadanos sienten que la justicia se dobla ante determinados apellidos? ¿Puede hablarse de igualdad ante la ley cuando ésta parece tener puertas giratorias para unos y muros infranqueables para otros?
Muchos españoles y yo el primero siento que no. Que esto no es justicia. Que esto no es democracia plena. Que esto es una herida abierta en la credibilidad del sistema. Que esto es un recordatorio de que, en España, aún queda mucho camino por recorrer para que la justicia sea verdaderamente igual para todos.
El archivo del caso Pujol no es solo el cierre de un procedimiento judicial. Es un símbolo. Es un espejo incómodo. Es la constatación de que la impunidad, cuando se tolera durante décadas, termina convirtiéndose en una institución más.
Doce años después, lo que queda no es justicia. Lo que queda es una vergüenza nacional que muchos ciudadanos no están dispuestos a olvidar.
Para acabar, y que no me dé un infarto por los nervios que me he agarrado a cuenta de este “enano catalán despreciable y familia toda”, pienso, (claro que yo no soy más que un humilde viejo lobo de mar y encima maúro de Telde), que el archivo del caso Pujol no es solo el cierre de un procedimiento. Es una metáfora de un país que aún no ha resuelto su relación con el poder. Es un recordatorio de que la impunidad, cuando se tolera lo suficiente, termina convirtiéndose en costumbre. Y es, sobre todo, una bofetada a la confianza de quienes aún creíamos que la justicia era un pilar firme de la democracia.
Doce años después, lo que queda no es una resolución. Es una sátira involuntaria. Una tragedia con tintes de comedia. Una vergüenza nacional envuelta en solemnidad jurídica y rematada con un toque de ironía histórica en definitiva una patada en los mismísimos “testículos” de los españoles de a bien. Y yo bien rascado que me he quedado, pues como decimos en mi pueblo…” Ya tenía yo ganas de darle por los besos a ese godo enterado de mierda”.
ACLARACIÓN: no amigo del alma “peninsular”, no me mal intérpretes, porque aquí el vocablo “GODO” si se puede emplear y además en toda la extensión de la palabra. Y si no me crees, cómprate y léete mi libro: “Léxico Canario, Expresiones y Nombres Aborígenes, que allí te lo explico al detalle todito y clarito, pues existe una gran diferencia entre los que es un “godo o godillo” y lo que es un “peninsular”.
¡Qué cosas!
Fdo: Julio César González Padrón
Marino Mercante y escritor
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Como decía un amigo mío, la justicia está hecha para los roba gallinas, a esos les cae todo el peso de la ley. Para sinvergüenzas como este y otros tantos, la justicia es sorda, ciega, tardía, injusta con el resto y garantista con estos desvergonzados q se ríen de todo aquel que trabaja para cumplir con los preceptos de impuestos y legalidades, y sobrevivir entre tanta jauria de Depredadores, bueno para q más ejemplos??
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