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jueves, 28 de mayo de 2026

La corrupción política como amenaza existencial para la democracia.

Don Julio, serio y muy cabreado


Una advertencia desde España


Por Julio César González Padrón

Artículo de opinión

Por más que algunos intenten minimizarla, la corrupción política, como la que estamos viviendo en España actualmente, no es un fenómeno marginal ni un simple problema administrativo. Es una amenaza estructural que puede descomponer una democracia desde dentro. Su avance es lento, silencioso y corrosivo. Y Cuando se instala en el corazón del poder, no solo compromete la gestión pública, desfigura la esencia misma del Estado democrático.

España, por desgracia, con el actual gobierno social comunista de Pedro Sánchez, atraviesa un momento en el que esta preocupación ha dejado de ser patrimonio de analistas o académicos. Hoy forma parte del debate público, de las conversaciones cotidianas y de la inquietud de una ciudadanía que percibe que determinadas decisiones del propio Gobierno están debilitando los contrapesos institucionales y erosionando la confianza colectiva. No es una alarma exagerada. Es una advertencia necesaria.

La corrupción no es únicamente un delito; es, sobre todo, una distorsión del funcionamiento normal del Estado”. Como tan acertadamente señala el politólogo Michael Johnston, “la corrupción no es un fallo del sistema; es un sistema alternativo de poder”. Y ese sistema alternativo opera al margen de la legalidad, de la transparencia y del interés general.

Sus efectos estructurales son bien conocidos, “erosión de la legitimidad democrática” Cuando los ciudadanos perciben que las instituciones no actúan conforme al interés general, la confianza se desploma; “captura institucional “— Órganos diseñados para controlar al poder pierden independencia y se convierten en extensiones del mismo; “desigualdad ante la ley” La arbitrariedad sustituye a la norma, generando privilegios y excepciones; “deterioro económico” — La desviación de recursos públicos reduce la eficiencia del gasto y desincentiva la inversión; “desafección ciudadana” — La población se distancia de la política, aumenta la abstención y crecen los discursos antisistema.

La corrupción, en definitiva, no solo roba dinero: roba futuro” y muy especialmente a la juventud.

España está sufriendo ahora mismo un momento crítico para la salud institucional y, aunque Pedro Sánchez y sus “egoístas y antipatrióticos socios” que lo sostienen en el poder, se nieguen a aceptarlo, o simplemente no lo quieran ver, para que les dure “la teta”, al menos hasta las próximas generales, que, por descontado, no hará falta ser profeta, para asegurar, que será el fin del “sanchismo”, y que tristemente arrastrará en su caída al PSOE histórico y autentico en valores. También será el fin   de todos lo chantajes a que tienen sometido ahora mismo al gobierno social comunista de Pedro Sánchez; desde los partidos independentistas, catalanes, vascos, e incluso los anticonstitucionales, que hoy se sientan tan ricamente en los Consejos de ministro, aunque su representación en votos a nivel nacional, no llegue al 10% ¡Una vergüenza!

España ha conocido episodios de corrupción en distintos momentos de su historia reciente. Pero la inquietud actual tiene un matiz distinto, y es “la percepción de que ciertas prácticas cuestionables están emanando del propio Gobierno”, lo que multiplica el impacto y la gravedad.

No se trata de acusaciones cerradas, sino de una percepción extendida que, por sí misma, y que ya constituye un problema democrático. Como advirtió el jurista Luigi Ferrajoli, “la democracia no solo exige legalidad, sino apariencia de legalidad”. Cuando esa apariencia se pierde, el sistema entero se resiente.

Entre las preocupaciones más señaladas por expertos y organizaciones civiles se encuentran: “la politización de órganos constitucionales” cuya independencia es esencial para el equilibrio de poderes; “la aprobación de medidas controvertidas” que algunos analistas interpretan como concesiones políticas destinadas a asegurar mayorías parlamentarias; “la insuficiente transparencia” en la gestión de casos sensibles que, afectan a figuras del entorno gubernamental y “la sensación de impunidad”, cuando no se ofrecen explicaciones claras, rápidas y verificables ante situaciones que generan alarma social.

El politólogo Guillermo O’Donnell lo expresó con claridad: “Las democracias se degradan cuando el poder ejecutivo deja de estar sometido a controles efectivos”. Esa es la preocupación que hoy resuena en España.

La corrupción política tiene un efecto devastador que rara vez se menciona con suficiente claridad, y es la “destrucción de la confianza colectiva”.

Cuando los ciudadanos dejan de creer en la imparcialidad de las instituciones, se debilita la participación democrática; se normaliza el cinismo político (“todos son iguales”), aumentan los discursos populistas y polarizadores; se deteriora la cohesión social y termina por abrirse del todo las puertas a la radicalización y al desencanto.

Como escribió el sociólogo Zygmunt Bauman, “la confianza es el pegamento invisible que mantiene unida a la sociedad”. Cuando ese pegamento se rompe, el edificio democrático se agrieta.

Pero el verdadero riesgo de la corrupción, es cuando nace desde el poder; pues se convierte un riesgo multiplicado. La corrupción es dañina en cualquier nivel del Estado, pero “cuando se origina en el propio Gobierno”, su impacto es exponencial, y por dos razones fundamentales:

“El Estado pierde capacidad de autocorrección”, si quienes deben garantizar la transparencia son parte del problema, los mecanismos de control se vuelven ineficaces.; el mensaje social es devastador, si el poder no respeta las reglas, ¿por qué deberían hacerlo los ciudadanos?

El constitucionalista Bruce Ackerman lo resume así: “La democracia se sostiene sobre la premisa de que el poder se controla a sí mismo. Cuando esa premisa falla, todo falla”.

Por ello no me cansaré de repetir, que en España se trata de una urgencia inaplazable. España dispone de los recursos institucionales y sociales necesarios para revertir esta tendencia; pero ello exige una regeneración profunda basada en, la Independencia real de los órganos de control; transparencia radical en la gestión pública; rendición de cuentas efectiva y verificable; reformas que blinden la separación de poderes; educación cívica que refuerce la cultura democrática, y muy importante, una tolerancia cero con la corrupción, venga de donde venga.

Como recordaba Hannah Arendt, “la libertad política solo puede existir donde hay control del poder”. Esa es la tarea pendiente.

Porque queridos amigos, “la democracia no se hereda, se defiende”

 Y ahora permítanme terminar con un mensaje directo, que le sale del alma a este viejo lobo de mar y además mauro de Telde, que humildemente es por lo que me tengo: “La corrupción política no es un accidente. Es una amenaza. Y cuando nace desde el poder, como está ocurriendo actualmente en España, bajo el gobierno social comunista de Pedro Sánchez, se convierte de hecho en una amenaza existencial. España necesita instituciones fuertes, ciudadanos vigilantes y un compromiso firme con la legalidad, porque La democracia no se hereda; se defiende”. Y hoy, más que nunca, debemos defenderla juntos. Nosotros, los que formamos el pueblo llano como usted y yo  no podemos permitir ni un solo día más esta lamentable situación, porque España no se la merece, por mucho interés que Pedro Sánchez y quienes lo sustentan en el gobierno, quieran alargar la situación , para que le dé tiempo de arreglarlo, interviniendo, como de costumbre en el poder judicial ( Fiscal general del estado, y Tribunal Constitucional), a favor de todos los casos de corrupción que tiene encima; “hermano David Sánchez, esposa Begoña Gómez, Abalo , Zapatero, hijas de éste, Koldo, Tito Berni, Cerdán etc etc.  y un más largo etc, que iremos viendo a lo largo del tiempo que le queda.


Y para acabar con una expresión canaria como a mi me gusta hacer, te diré que Pedro Sánchez, ha convertido ya  al país en, “Un potaje de verguilla” y no olvide cristiano, que “con la cuchara que elijas comerás”, qué… ¡Casos se han dado!

¡Qué cosas!


Fdo: 

Julio César González Padrón

Marino Mercante, escritor y español cabreado

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