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martes, 19 de mayo de 2026

Andalucía rompe el silencio mientras España ya no puede mirar hacia otro lado


Julio  Analista político


Por: Julio César González Padrón

 Estudiando en frio y sin apasionamientos partidistas, podemos decir sin miedo a equivocarnos que elecciones andaluzas del domingo no han sido unas elecciones autonómicas más; sino que han dejado un mensaje político que trasciende con mucho las fronteras de la comunidad.                                                                                                           

No se trata solo de un cambio de ciclo en Andalucía, sino de un síntoma evidente de un desgaste nacional que el PSOE, que no puede ni debe por respeto a los españoles, seguir ignorando o mirando hacia otro lado.                                                                                                        

La derrota socialista —“la cuarta consecutiva en un territorio que durante décadas fue su bastión”— obliga a una reflexión profunda que no puede aplazarse más allá de las vacaciones parlamentarias, pues más claro que el agua de mi pila de culantrillo colgando, fueron un aldabonazo político. Un aviso serio. Un espejo que refleja, sin filtros ni excusas, el desgaste profundo que atraviesa el PSOE y, por extensión, el Gobierno de Pedro Sánchez.

 Andalucía —la tierra que durante décadas sostuvo al socialismo español— ha vuelto a hablar, y lo ha hecho con una contundencia que ya no admite interpretaciones complacientes.

El PSOE encadena su “cuarta derrota consecutiva en su antiguo bastión”. No es un accidente, no es un voto de castigo puntual, no es un fenómeno local. Es un síntoma nacional. Un síntoma que se repite en distintos territorios y que evidencia una desconexión creciente entre el Gobierno y una parte significativa de la ciudadanía.        

El que Pedro Sánchez siga negándolo y sin quererlo ver, es una forma de autoengaño político, de arrastrar con él a todo un partido centenario y serio como lo es el PSOE “autentico” y no este “Social sanchismo comunista” que se te inventó y que tras una carambola parlamentaria lo aupó a la Moncloa, (nunca ha ganado solo unas elecciones), para desgracia de los suyos y los que no son suyos

Mientras, el PP consolida su hegemonía territorial y Vox amplía su capacidad de influencia, el PSOE se hunde en un terreno que fue suyo durante casi cuarenta años. Y cuando un partido pierde Andalucía de manera reiterada, pierde algo más que una elección; pierde un relato, una identidad y una parte de su alma política.


No sorprende, por tanto, que voces como la de Emiliano García-Page —y otros referentes del socialismo histórico— hayan levantado la mano para decir lo que muchos pensamos y pocos se atreven a pronunciar: España está pidiendo un cambio de rumbo. Y ese cambio no puede aplazarse indefinidamente, a la espera de que un futuro consejo de ministros presidido por él, tenga a bien como ya lo hicieron con los condenados de los ERES de Andalucia; indultar hipotéticamente y si fuera condenada a su esposa Begoña Gómez, a su hermano David Sánchez el musico, sin música ni despacho, y a los que están ahora mismo en prisión, aguantando y sin querer “tirar de la manta” 

El Gobierno insiste en que la legislatura sigue estable, que los acuerdos parlamentarios, (por no llamarlos chantajes de antiguos etarras y modernos separatistas catalanes), no funcionan y que Andalucía no debe leerse en clave nacional. Pero esa narrativa ya no convence a nadie.                                                                                                             La realidad política tiene la mala costumbre de imponerse, y los ciudadanos han hablado una vez más con claridad. El desgaste es real. La desconexión es real. El mensaje es real”.


Por eso, la pregunta que hoy se impone es inevitable: 

¿Debe Pedro Sánchez adelantar las elecciones antes del parón parlamentario?

Un adelanto electoral no sería un gesto de debilidad, sino de responsabilidad democrática. Sería reconocer que el país necesita claridad, que la legitimidad política debe renovarse y que la ciudadanía merece decidir si quiere continuar por este camino o abrir una nueva etapa. Sería, en definitiva, un acto de coherencia y honradez.

¿Riesgos? Por supuesto. Toda decisión política importante los tiene. Pero el mayor riesgo ahora mismo es la inercia. Es actuar como si nada hubiera pasado. Es ignorar que el país está enviando señales inequívocas de cansancio y desconfianza.                         La estabilidad institucional no se preserva mirando hacia otro lado, como hace Pedro Sánchez, sino enfrentando la realidad de frente y con valentía.

Andalucía ha sido, una vez más, el barómetro político de España y el barómetro marca tormenta. La cuestión ya no es si habrá un cambio, sino… ¿Quién lo liderará?                El Gobierno aún está a tiempo de tomar la iniciativa. Pero el reloj corre, y la ventana para actuar antes del parón parlamentario por vacaciones de verano (en tu caso, en la Mareta), se estrecha cada día.

España necesita claridad. El PSOE necesita una reflexión honesta. Y Pedro Sánchez debe decidir si quiere pilotar el cambio o esperar a que la realidad lo arrastre y con él a todo este histórico partido, que llegó a ilusionar a tanta gente.

Para que me entiesad bien Pedro, te lo voy a decir como lo diría un maúro de Telde como yo…” Pedro, tu porque has perdido ya el gusto mi niño, pero te seguro, que el gobierno se parece ya a un potaje de verguilla ,  y a estas alturas tú, no haces ni un pepino, ni escupes largo. 

 Hazme caso que, llegado a este extremo lo mejor, es que corra la zapatilla. ¡Qué se te ve la perica! Pedro; así que, dale un pique al tole y arranca la caña, pá luego largarte de una puñetera vez, barranco real arriba, hasta donde mismo diablo perdió los calzones y que no supimos naita más él. Mira qué… ¡Casos se han dado!  

¡Qué cosas!

Fdo: Julio César González Padrón

Marino Mercante y escritor


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