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viernes, 22 de mayo de 2026

¿Urge ya una moción de censura?

Julio, pensando en una monción de censura
 

Por Julio César González Padrón

Artículo de opinión

La pregunta ya no es un susurro en los pasillos del Congreso; “es un clamor que atraviesa tertulias, bares, redes y conversaciones privadas”. Y si medio país la repite con la mandíbula apretada, quizá sea porque la situación política ha cruzado una línea roja que muchos consideran insostenible.

Si amigo lector, la pregunta es tan simple como bruta ¿hasta cuándo puede un Gobierno seguir actuando como si nada pasara, mientras el país entero percibe que sí pasa y además mucho? ¿Ha llegado el momento de plantear una moción de censura? 

No es esta una cuestión menor; pues una moción no es un gesto simbólico, sino el mecanismo más contundente que contempla nuestra Constitución para sustituir a un Gobierno. Por eso, cuando el país entero empieza a formular en voz alta, como lo está haciendo ahora y Pedro Sánchez, fiel a su estilo de… “Que corra la zapatilla, que de la Moncloa no me mueve nadie hasta el 2027; Yo, después de oírlo y reflexionar, me doy cuenta de que resulta algo profundo y preocupante lo que está ocurriendo actualmente en España” 

Cada día que pasa, crece la sensación de que el Ejecutivo de Pedro Sánchez, se ha desconectado del pulso real del país. No es solo desgaste: es desorientación, contradicciones internas, decisiones que generan más ruido que soluciones y una incapacidad evidente para rebajar la tensión institucional.

Mientras tanto, la ciudadanía observa un espectáculo que ya no divierte ni indigna; peor todavía, cansa. Y cuando un Gobierno que cansa, la paciencia colectiva se agota sin remedio.

En los últimos meses, la vida institucional se ha visto marcada por una sucesión de tensiones, acusaciones cruzadas y episodios que han erosionado la confianza ciudadana. Algunos sectores, y personas donde me incluyo, sostienen que el Gobierno ha perdido la capacidad de generar estabilidad, mientras que otros defienden que la crispación proviene más de la oposición, que del propio Ejecutivo.

Lo indiscutible es que el clima político se ha vuelto más áspero espeso e irrespirable, y en ese terreno fértil la idea de una moción de censura empieza a sonar menos excepcional.

¿Pero qué significaría realmente una moción ahora?

Una moción de censura en España debe ser constructiva.  No basta con querer desalojar al Gobierno, hay que presentar un candidato alternativo capaz de reunir una mayoría absoluta. Y ahí es donde está el nudo del asunto; pues algunos analistas sostienen que, aunque el descontento es palpable (de eso no hay duda), no existe hoy posibilidades para montar una mayoría parlamentaria cohesionada que pueda sostener un Ejecutivo alternativo. Otros opinan que precisamente una moción podría actuar como catalizador para reordenar alianzas y obligar a los partidos a definirse con claridad; pero, en cualquier caso, la pregunta no es solo si urge, sino si es viable.

Quienes defienden que la moción es necesaria, argumentan que el país necesita un “golpe de timón” inmediato para recuperar la estabilidad, credibilidad institucional y claridad en la acción de gobierno; pero por su parte, aquellos que la rechazan, advierten que una moción fallida podría agravar aún más la sensación de bloqueo, reforzar la polarización y convertir el Parlamento en un escenario de gestos más que de soluciones.

Por lo tanto, nos encontramos con dos visiones de una misma cuestión que conviven hoy. La moción de censura en España exige algo más que indignación; exige un candidato alternativo y una mayoría sólida. Y aquí aparece el verdadero dilema; Hay quien sostiene que la oposición no puede seguir limitándose a criticar; debe demostrar que tiene proyecto, liderazgo y valentía para asumir el reto. Otros creen que la moción es necesaria precisamente para obligar a todos a retratarse, para que cada partido deje claro si está dispuesto a sostener el rumbo “proa al marisco” actual o si apuesta por un cambio inmediato que están pidiendo a grito los españoles hasta por señas.

Porque para qué vamos a engañarnos o poner paños fríos al asunto. Más que un cambio de Gobierno, lo que está en juego es la confianza en el sistema democrático. La moción de censura es una herramienta legítima, pero su uso debe responder a un diagnóstico claro. ¿Estamos ante una crisis de gobernabilidad real? ¿O ante una crisis de convivencia política que exige diálogo más que sustituciones? ¿Es la moción un remedio o un síntoma?

Responder a estas tres preguntas es tan importante como decidir si se presenta o no.

Llegado a este punto, volvemos a la pregunta del principio… ¿urge?

La respuesta depende de la lectura que cada ciudadano haga del momento político. Lo que sí parece evidente es que el país vive una fase de “desgaste institucional” con un gobierno débil, que lo es además , gracias a que  aceptó en su momento el “chantaje político” de  los independentistas catalanes Junt per Cataluña, de ERC también independentista; los Bildu etarras, solo preocupados por sacar de la cárcel a etarras condenados y que actualmente purgan sus crímenes  en la cárcel ; la derechos y egoísta vasca del PNV, que todo el mundo sabe de sobra, que lo mismo que los anteriores , les importa bien poco, o lo que se dice “un carajo” España; pues van a lo suyo y nada más. Y a estos hay que añadirles un pequeño grupo de “perroflautas”, peleados entre si constantemente por ver quien resulta más “progre o comunista” que son aquellos que conforman la izquierda del PSOE, como seria la plataforma Sumar, que solo representan el 10% de votos a nivel nacional y Pedro Sánchez los tiene metidos con cargo de ministros, y secretarios generales para tenerlo la boca callada, y que no le molesten mucho.

La moción de censura es una posibilidad constitucional, pero también un espejo donde se refleja el grado de madurez, responsabilidad y capacidad de acuerdos de quienes la impulsan y de quienes la reciben.

Quizá la pregunta no sea solo si urge una moción, sino si existe un político en España, capaz de estar a la altura del momento.

Lo que está claro, es que seguir mirando cobardemente hacia otro lado, como pretende Pedro Sánchezque hagamos, ya no es una opción. La política española vive un momento en el que cada día que pasa sin tomar decisiones claras, es un día perdido. La crispación no baja, la confianza institucional se erosiona y la sensación de provisionalidad se ha convertido en norma.

En este contexto, la pregunta ¿Urge una moción de censura? deja de ser retórica. Para muchos ciudadanos, es una exigencia. Para otros, una advertencia. Pero para todos, un síntoma de que algo profundo se ha roto y el país no puede permitirse la parálisis en la que se encuentra.

Si Pedro Sánchez y el resto de los que actualmente “viven” gracias a que lo sustentan como presidente, no escuchan la calle; la respuesta es evidente: urge algo”.  Si, urge claridad, urge responsabilidad, urge honradez, urge liderazgo. Y si la moción de censura es el mecanismo constitucional para provocar ese sacudón, entonces es lógico que esté ya sobre la mesa presentada y como decimos en mi pueblo… “dejarse de machangadas de una vez por todas ¡Coño!... Que ya somos mayorcitos, para seguir jugando al teje”

La verdadera cuestión, es si los actores políticos están a la altura del momento o si seguirán atrapados en egoístas cálculos político/tácticos mientras, el país espera un gesto de coraje.

 Para terminar, y como a mí me gusta hacerlo con una expresión de maúro de Telde que es lo que soy, digo  … Quiera Dios cristiano, que acertemos, con un nuevo novio para España, porque si no…Acabaremos tumbando toitos, todos pá las plataneras; y a la orilla de la mar cantaba una loca,… cada uno se jode cuando le toca que… ¡Casos se han dado!


¡Qué cosas!



Fdo:

Julio César González Padrón

Marino Mercante y escritor


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