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| Don Julio marino mercante |
Por Julio César González Padrón
Artículo de opinión
En los últimos días, España vuelve a girar alrededor de dos palabras que, aunque forman parte del vocabulario constitucional, solo aparecen en momentos de máxima tensión política: “moción de censura y cuestión de confianza”. Ambas herramientas existen para resolver crisis institucionales, pero sus efectos, su lógica y su impacto en la estabilidad del país son muy distintos.
En un clima político tan crispado como el actual, conviene detenerse, respirar y entender qué significa realmente cada una de estas figuras y qué consecuencias prácticas tendrían. Solo así podremos valorar qué camino resulta más sensato para un país que, a todas luces, necesita un golpe de timón.
La moción de censura es un bisturí que solo funciona si hay un cirujano alternativo
La moción de censura es, en esencia, un mecanismo para desalojar al presidente del Gobierno y sustituirlo por otro. No es un gesto simbólico ni un tirón de orejas parlamentario; se trata es un cambio de mando puro y duro.
En España, además, es “constructiva”, eso quiere decir, no basta con censurar al Gobierno; hay que presentar un candidato alternativo que sea capaz de reunir una mayoría absoluta. Si la moción prospera, el candidato propuesto se convierte automáticamente en presidente. Si fracasa, el Gobierno sale reforzado y la oposición promotora queda debilitada.
Es un instrumento legítimo, sí, pero también “quirúrgico. Solo funciona si existe una mayoría clara y articulada detrás. De lo contrario, se convierte en un espectáculo estéril que solo añade ruido a un país ya saturado de ruidos y con ganas de vivir en paz y la tranquilidad que ahora no tiene
La cuestión de confianza es cuando el presidente se somete al examen del Congreso,
Olo que es lo mismo, un mecanismo que solo puede activar el propio presidente del Gobierno. Es una forma de decir: “Aquí estoy, ¿sigo contando con vuestro apoyo?”.
A diferencia de la moción de censura, no exige mayoría absoluta, sino “mayoría simple”. Si el presidente la supera, queda políticamente reforzado. Si la pierde, debe dimitir y se abre un nuevo proceso de investidura y si no hay mayorías, elecciones sobre la marcha.
Es un mecanismo menos agresivo, más ordenado y, sobre todo, más orientado a “clarificar la situación política sin incendiarla”.
La diferencia entre ambas herramientas no es solo es jurídica; es emocional, institucional y política. Así pues, la moción de censura, es un pulso y la cuestión de confianza un examen.
La primera la impulsa la oposición; la segunda, el propio Gobierno. La primera exige una mayoría sólida. La segunda, una mayoría simple. La primera puede desatar una tormenta política, La segunda puede servir para despejarla.
Bajo el punto de vista de este humilde viejo lobo de mar y maúro que suscribe, te digo lo que a mí me parece que España ahora mismo necesita.
España vive un momento de “tensión social y política que no podemos normalizar”. La crispación se ha instalado en la vida pública, el debate se ha convertido en un campo de batalla y la ciudadanía percibe que, las instituciones están atrapadas en un bucle de confrontación permanente. “No podemos seguir así. Algo hay que hacer, pero debe servir para mejorar”.
Desde mi punto de vista, en este contexto, “la moción de censura” no es la herramienta adecuada ahora mismo.
No porque no sea legítima, que lo es, sino porque no existe una mayoría alternativa clara que garantice su éxito. Presentarla sin garantías solo aumentaría la tensión, polarizaría aún más el ambiente y convertiría el Congreso en un escenario de choque sin resultados prácticos.
Una moción fallida no solo no resuelve nada, sino empeora la situación y da aire, al censurado.
No olvidemos que este presidente (Pedro Sánchez) está donde está, no por los votos ganados en unas lecciones, que por cierto perdió de calle, sino por unos “acuerdo” institucionales, donde aceptaba previamente todos los chantajes partidistas, que, sin pensar en el resto de España, les hizo lo independentista , como el prófugo de la justicia Puigdemont de Junt per Cataluña, Junquera de ERC, Bildu (ex etarras) y PNV de sueños también independentista, más un grupo hoy llamado Sumar, que se han declarado públicamente anticonstitucionales y todos ellos unidos por una misma “máxima”, que es: ¡ESPAÑA NOS IMPORTA UN CARAJO! Nosotros a lo “nuestro”
Sin embargo, la cuestión de confianza permitiría que el propio presidente asumiera la responsabilidad de medir su apoyo real. Si la supera, España ganaría estabilidad. Si no la supera, se abriría un camino claro hacia una nueva mayoría o hacia elecciones, pero sin dramatismos ni incendios políticos. Por ello pienso que, sería lo mejor para España, poque los españoles lo que estamos pidiendo no es ese “quítate, tú que me pongo yo”; lo que pedimos los españoles, ya hasta por señas, son unas elecciones, donde podamos con el voto elegir quienes nos deben gobernar en el futuro inmediato. Porque ahora mismo necesitamos, rebajar la tensión, no aumentarla; claridad institucional, y no más incertidumbre; un golpe de timón, no un golpe de efecto, y por último un mecanismo que permita seguir o cambiar, pero de forma ordenada y democrática.
Y, bajo mi punto de vista, que insisto no es más que la de un maúro de Telde, la cuestión de confianza cumple mejor esos objetivos que una “moción de censura”.
Como conclusión creo, y no exento de ese toque de humor con lo que tanto me gusta acabar mis “artículos de opinión” te diré, además convencido que, España necesita “serenidad, claridad y responsabilidad” institucional. La moción de censura, en este momento, solo añadiría más confrontación. La cuestión de confianza, en cambio, permitiría bajar la tensión, clarificar apoyos y devolver estabilidad al país, ya sea para continuar la legislatura o para abrir un nuevo ciclo político.
Porqué tan jodido me tiene ya la situación cristiana, que ha terminado por calentarme las orejas y cuando me tengo que pasar el día metidos en las plataneras como un cabrón, para poder llevar un plato de comida caliente a mis hijos, me pongo a cavilar dentro del coco, que hasta el mismo cachorro negro se me empapa del sudor, y para más inri, se me calientan también los huevos…. Y por ahí no paso compadre; pues de honradez y “de gónadas” bien puestas, como los llamaría un maestro peninsular de la escuela del rey; de eso que hablan tan fino y educaditos, es de lo único de que presumo en esta vida. Ya lo dije desde el principio paisano, que cuando por primera vez vi el hocico de Pedro Sánchez, soltando trolas una tras otras, “no me gustó nada la forma que tenia de cazar esa perrita”. Luego más tarde le vi de cerca el hocico y entonces profeticé: “muy temprano se le verá la cara a este pollo pluma, si no es que se lava antes los ojos”. Pues parece que no me equivoqué del todo, y es que… ¡Casos se han dado!
¡Qué cosas!
Fdo: Julio César González Padrón
Marino Mercante y escritor

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