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| Don Julio González Padrón, Marino Mercante |
Reflexiones sobre soberanía, compromisos y responsabilidad compartida
Julio C. Glez. PadrónEn los últimos años, el debate sobre el papel internacional de España ha cobrado nueva relevancia. Decisiones como la negativa del Gobierno social comunista de Pedro Sánchez a no autorizar el uso de las bases de Base Aérea de Morón y Base Naval de Rota para determinadas misiones militares vinculadas a Estados Unidos, han generado preguntas legítimas.
Vaya por delante, que a mi particularmente ni me gusta, ni comparto las formas y modos de actuar del “pistolero rubio americano de Aldea salvaje del oeste americano, que es Donal Trump”; pero eso, no me quita para reconocer que, las alianzas no se ponen a prueba en tiempos de calma, sino cuando arrecian las tormentas.
Es en los momentos de tensión internacional cuando los principios se enfrentan a la realidad, la retórica a las decisiones y la política a sus consecuencias. La controversia sobre la negativa del Gobierno español a autorizar el uso de las bases de Base Aérea de Morón y Base Naval de Rota para determinadas misiones vinculadas a Estados Unidos no es un episodio administrativo más; es un espejo en el que se refleja qué entendemos por soberanía, qué exigimos a nuestras alianzas y qué papel deseamos ocupar en el tablero internacional , so pena de aceptar correr ese riesgo que supondrá el tener que aguantarnos con las consecuencias de represarías comerciales que sufrirá España por parte de USA .
La pregunta de fondo no es solo jurídica ni coyuntural. Es estratégica y casi existencial y legítimas ¿Puede España actuar de forma autónoma dentro del bloque occidental? ¿Hasta qué punto está obligada por sus compromisos internacionales? ¿Dónde termina la soberanía nacional y dónde comienza la responsabilidad compartida? ¿Hasta qué punto puede —o debe— España actuar con plena autonomía dentro del bloque occidental al que porque La soberanía de un país como España no es decorativa? Y eso es algo que hasta un alumno “progre” de la LOGSE debería saber; España es un Estado soberano y no existe cesión automática de su territorio, ni subordinación mecánica a decisiones ajenas.
El marco jurídico que regula la presencia estadounidense en Rota y Morón se basa en acuerdos bilaterales, no en una delegación incondicional de competencias. Además, la Constitución Española de 1978 atribuye al Gobierno la dirección de la política exterior y de defensa, pero sinceramente en esta ocasión Pedro Sánchez se ha pasado “tres pueblos” al interpretar el articulo al pie de la letra, poque precisamente el hacerlo, producirá más que seguro para los españoles “sangre, sudor y lágrimas”
Desde este prisma, cualquier decisión sobre el uso de bases en territorio nacional corresponde legítimamente al Ejecutivo. Negarlo sería asumir que la soberanía es puramente simbólica, algo difícilmente compatible con el concepto mismo de Estado; sin embargo, la soberanía en el siglo XXI no se ejerce en el vacío.
Pero no sería mala cosas el recordar que, conviene recordar que la presencia militar estadounidense en España se rige por el Convenio de Cooperación para la Defensa entre ambos países, actualizado periódicamente y sometido a autorización parlamentaria. Dicho instrumento establece mecanismos de coordinación y consulta, pero no elimina la capacidad decisoria española sobre el uso de las instalaciones.
Por otra parte, la pertenencia a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no implica una obligación automática de participar en todas las operaciones o facilitar todos los apoyos logísticos solicitados. El artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte contempla la defensa colectiva ante un ataque armado contra un aliado, pero fuera de ese supuesto, la participación depende de decisiones soberanas nacionales.
Desde la perspectiva del Derecho Internacional, además, la utilización de territorio para operaciones militares puede ser interpretada como forma de participación indirecta en un conflicto, lo que obliga a los gobiernos a evaluar cuidadosamente su encaje jurídico y sus implicaciones estratégicas. Estos elementos técnicos no eliminan el debate político, pero lo sitúan en un marco más preciso.
Pero también es cierto qué, pertenecer a una alianza implica algo más que beneficios.
España es miembro también de la Unión Europea, cuya evolución reciente ha reforzado la idea de autonomía estratégica y mayor coordinación en materia de defensa. No se trata solo de estructuras diplomáticas; son marcos de seguridad colectiva, cooperación estratégica y compromiso político.
La pertenencia a la OTAN implica asumir que la seguridad de uno afecta a la seguridad de todos. No todas las decisiones dentro de la Alianza son automáticas ni obligatorias en el mismo grado, pero la lógica que la sustenta es la solidaridad estratégica. De ahí que, cuando un Estado aliado solicita apoyo logístico en un contexto de tensión internacional —como el que rodea a Irán y Oriente Medio—, la respuesta trasciende lo meramente técnico.
Surge entonces la cuestión clave: ¿es coherente beneficiarse del paraguas de seguridad colectivo y, al mismo tiempo, limitar la contribución propia cuando la situación se vuelve compleja?
Quienes defienden la negativa gubernamental como Podemos o el PSOE, (Sanchístas que, no los auténticos socialistas), argumentan que cada operación debe evaluarse de forma independiente, atendiendo al Derecho Internacional, al riesgo de escalada regional y al interés nacional. No todo apoyo logístico es neutral; en determinados contextos puede interpretarse como alineamiento activo en un conflicto.
Por otra parte, quienes critican la decisión (PP, VOX, Junt y otros de derechas) sostienen, en cambio, que la fortaleza de una alianza descansa en la previsibilidad y la confianza mutua. La coherencia estratégica es un activo político. Si España comparte valores, amenazas y objetivos con sus socios occidentales, resulta razonable que también asuma responsabilidades proporcionales.
Ambas posturas contienen elementos de verdad. Y ambas reflejan una tensión inherente al mundo globalizado: la dificultad de equilibrar autonomía y compromiso.
Lo que, si queda meridianamente claro por evidente, es que no vivimos en una etapa de estabilidad geopolítica. Las tensiones en Oriente Medio, la competencia entre grandes potencias y la fragilidad de los equilibrios energéticos hacen que cada movimiento tenga consecuencias que trascienden lo inmediato.
En ese marco, que el actual gobierno social comunista de Pedro Sánchez puede optar por la prudencia, evitando decisiones que puedan interpretarse como participación indirecta en una escalada militar. Pero también debe calibrar, que es lo que no está haciendo, el efecto posible que esa prudencia tiene sobre la percepción de España como socio fiable ante sus aliados tradicionales; en política internacional, la reputación cuenta tanto como la capacidad material.
¿Se puede estar dentro y fuera al mismo tiempo?
Mi difunto padre, Luis González Pérez que, dicho sea de paso, era “un sabio” nos recordaba qué…. “No se puede “estar embarazada sí, pero solo un poquito”. O se estabas preñada o no se estaba”. Aplicada hoy esta metáfora “del viejo” a las alianzas, la idea sería que, pertenecer implica asumir todas las consecuencias; sin embargo, la realidad diplomática es menos binaria. Los Estados no operan en términos absolutos, sino en gradaciones de implicación.
La cuestión pues, no es si España puede actuar “por libre” como pretende “la figura” de Pedro Sánchez, como antes lo hiciera su maestro Zapatero, que dicho sea de paso…Así nos fue. La cuestión es si hacerlo en determinadas circunstancias fortalece o debilita su posición estratégica a medio y largo plazo.
Pedro Sánchez parece olvidar que… “De aquellos polvos, nos vinieron estos lodos”
Porque pertenecer al bloque occidental democrático —con sus virtudes y sus contradicciones— implica compartir riesgos, pero también tener voz propia. La madurez política consiste en conjugar ambas dimensiones sin caer ni en la sumisión automática ni en el distanciamiento sistemático, aunque tu Pedro, siendo uno de los padres de la LOGSE, dudo mucho que puedas llegar a tenderlo algún día.
Ahora hagamos una reflexión necesaria y seria
Quizá el debate no deba formularse en términos de obediencia frente a independencia, sino en términos de coherencia. ¿Qué papel quiere desempeñar España en el escenario internacional? ¿Uno reactivo y prudente, centrado en minimizar riesgos? ¿O uno plenamente integrado en las dinámicas estratégicas de sus aliados principales?
En política exterior no existen decisiones inocuas. Cada gesto envía un mensaje. Cada autorización construye confianza. Cada negativa redefine equilibrios. Y en un entorno internacional marcado por la volatilidad y la competencia entre bloques, la ambigüedad estratégica, como la que experimenta este gobierno social comunista de “progres bueno, buenísimo” que preside Pedro Sánchez puede interpretarse como debilidad, tanto como la alineación automática y puede percibirse como falta de criterio propio.
España tiene derecho a decidir Si, pero también tiene el deber de ser consciente del peso de sus decisiones. La soberanía no es solo capacidad de decir “no” y mira que valiente, progre y guapo soy; es sobre todo, capacidad de asumir las consecuencias del “sí” o del “no” y eso es lo que no ha entendido todavía Pedro Sánchez, actuando de forma irresponsable, cuando se plegó ante la exigencias del Rey de Marruecos en el asunto del Sahara ,aunque en este caso, sigo manteniendo que existía un interés estrictamente personales (grabaciones obtenidas por Pegasus) que justificaban su particular y cobarde decisión, pues no solo no lo consultó con el Parlamento, sino ni con su propio gobierno.
Y en ese punto reside la cuestión esencial: las naciones no se definen únicamente por las alianzas que firman, sino por la coherencia con la que las sostienen cuando la presión aumenta. En el mundo actual, “la neutralidad cómoda” es una ilusión y la pertenencia selectiva, una contradicción.
Por mucho que, con su discurso del día siguiente para justificar tal disparate, nos soltó desde TVE (su televisión), me afianzo más en mi convicción de que, la verdadera prueba de una política exterior madura no es evitar el coste de decidir, sino aceptar que toda decisión tiene un precio —y estar dispuesto a pagarlo en nombre del lugar que se ha elegido ocupar en el mundo. ¡Tú mismo Pedro!
Porque como decimos en mi pueblo: Con la chúcara de palo que escoges comes, y a ti Pedro Sánchez, te aseguro que poco te queda ya para seguir comiendo de este potaje de berros con gofio amasado. Así que…, “ar´favó” y lárgate ya de una puñetera vez por todas, que tampoco es mucho lo que te pedimos para que te nos pongas con la corcova para detrás, que … ¡Casos se han dado!
¡Qué cosas!
Fdo. Julio César González Padrón
Marino Mercante y Escritor
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Siempre poniendo el dedo en la yaga
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