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Artículo de María Sánchez
Desde mi experiencia de cuidadora de personas mayores sé que en muchas ocasiones, las circunstancias familiares o laborales, obligan a tomar decisiones en momentos trágicos a la vez que traumáticas para unos y otros.
Cuando la economía lo permite se contrata a una persona que les cuide y haga compañía, pero no siempre esto es posible y se acude a los turnos familiares, que no siempre acaban bien ni son del agrado de todos.
Mayoritariamente son las hijas las que se encargan de cuidar al padre o madre dándose el caso de tener que cuidar del suegro o suegra si hace falta.
Lo peor llega cuando la persona a cuidar es de naturaleza fuerte y los cuidadores comienzan a sentir el cansancio al tener que trasladarse en cada turno a la casa del familiar. Ahí todo son tiras y afloja llegándose, en ocasiones, a romper las relaciones familiares.
Llega el momento de tomar decisiones y se piensa en trasladar al mayor a la casa de cada hijo por el espacio de un mes, vamos como si fueran cajas de turrones, y aquí se crea otro problema ¿Quién lo cuidará? Si el matrimonio trabaja hay que contratar a una cuidadora, pero, si la mujer no trabaja será ella la encargada de cuidar de sus padres o suegros. Pasa inmediatamente a ver duplicado el trabajo de la casa sin contrato y sin sueldo.
En esto los hombres, no todos por suerte, se hacen a un lado con la excusa de “yo no valgo para eso, yo no tengo paciencia” y, la gran frase que suelen usar como salvavidas, “yo no voy a lavar a mi madre porque no estoy acostumbrado a verla desnuda” Sin embargo la mujer puede ver desnudo al suegro y al padre.
Esto, amigos, sucede más de lo que se puedan imaginar.
María Sánchez.

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