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viernes, 20 de marzo de 2026

Europa ante el abismo energético: la peligrosa dependencia del petróleo y el espejismo de la transición

 

Cara de preocupación

¿Volveremos a las nucleares?


Por: Julio César González Padrón

Artículo de opinión

Europa lleva años construyendo un relato energético basado en la sostenibilidad, la descarbonización y el liderazgo climático. Sin embargo, bajo esa narrativa bienintencionada se esconde una realidad mucho más incómoda, el continente sigue profundamente atado al petróleo y al gas, y esa dependencia no solo no ha desaparecido, sino que podría convertirse en uno de los mayores factores de inestabilidad económica  social en las próximas décadas y muy especialmente después de la irresponsable guerra del Golfo y   destrucción por parte de Israel, de la mayor refinería de gas del mundo; la que por sí sola proporcionaba más  del 20 % de toda la demanda mundial.

La historia reciente ya ha dado señales claras. Cada crisis en regiones productoras, ya sea en Oriente Medio, África o Europa del Este, han tenido un impacto inmediato en los precios; en la inflación y en la vida cotidiana de millones de ciudadanos europeos. Lo preocupante no es solo que esto ocurra, sino que sigue ocurriendo pese a años de discursos políticos prometiendo independencia energética que nunca llega del todo.

Si Europa mantiene su actual nivel de dependencia del petróleo, el futuro es relativamente fácil de anticipar, y no precisamente se puede decir, que será optimista.

En primer lugar, el encarecimiento estructural de la energía. A medida que los recursos fósiles se vuelven más difíciles de extraer y las tensiones geopolíticas se intensifican, los precios tenderán a ser más volátiles y, en general, más altos. Esto no será un fenómeno puntual, sino una nueva normalidad. La consecuencia directa será una pérdida progresiva de competitividad industrial con empresas que no podrán asumir costes energéticos elevados trasladarán su producción a otras regiones o simplemente desaparecerán.

En segundo lugar, una creciente fragilidad social. La energía cara no solo afecta a las grandes industrias, sino también a los hogares. Facturas más elevadas, transporte más costoso y un aumento generalizado del coste de vida, pueden alimentar tensiones sociales, desigualdad y descontento político. Europa podría enfrentarse a una nueva era de protestas energéticas, donde la transición ecológica sea percibida, erróneamente o no, como parte del problema y no de la solución.

Pero quizá el escenario más preocupante sea el de la dependencia estratégica. En un mundo donde la energía es poder, depender de terceros países para el suministro de petróleo implica ceder parte de la soberanía. Las decisiones políticas y económicas pueden verse condicionadas por actores externos, algunos de ellos con intereses claramente divergentes respecto a los valores europeos. No se trata de una hipótesis lejana, sino de una dinámica que ya se ha visto en múltiples ocasiones.

En este contexto, continuar con una transición energética incompleta, basada en renovables aún insuficientes y sin un respaldo firme, puede resultar especialmente peligroso. 

La intermitencia de la energía eólica y solar, sin sistemas de almacenamiento a gran escala plenamente desarrollados, deja vacíos que hoy se rellenan, precisamente, con combustibles fósiles.

Aquí es donde el debate sobre la energía nuclear adquiere una dimensión urgente y, en cierto modo, inevitable. Durante años se ha evitado por razones políticas, emocionales o ideológicas, pero el tiempo juega en contra. Sin una fuente estable, baja en emisiones y capaz de garantizar suministro continuo, Europa corre el riesgo de quedarse atrapada entre un pasado fósil que no puede abandonar del todo y un futuro renovable que aún no está completamente preparado.

Si no se corrige el rumbo, el escenario a medio plazo podría ser claro: economías debilitadas, dependencia exterior crónica, tensiones sociales crecientes y una pérdida de influencia global. Europa pasaría de aspirar de liderar el cambio energético mundial a convertirse en un ejemplo de transición mal gestionada.

No se trata de abandonar las políticas verdes, sino de reconocer que la realidad es más compleja que los eslóganes baratros. Apostar exclusivamente por una visión idealizada, sin atender a las limitaciones tecnológicas y geopolíticas, puede acabar teniendo un coste demasiado alto.

La cuestión ya no es si debemos cambiar el modelo energético, sino si estamos dispuestos a hacerlo con el realismo, la urgencia y la amplitud de miras que exige el momento histórico. Porque, de lo contrario, no será el futuro el que se adapte a nuestras decisiones, sino nosotros quienes tengamos que adaptarnos de forma abrupta a sus consecuencias.

Hay que ponerse ya manos a la obra, regresar a las NUCLEARES y olvidarse de esos “progres fumados y trasnochados de izquierdas que juegan a ser los más “buenos buenísimos del mundo” poque el hambre no conoce, no entiende, ni mucho menos nos perdona el lleguemos tarde; pues como dicen los maúros del campo canario, que por si en algo destacan, es por su sabiduría socarrona que poseen …. “A conejo huido, palos a la madriguera” Qué no le engaño cristiano, si le digo que, ahí más allá.… ¡Casos se han dado!

¡Qué Cosas!


Fo; Julio César González Padrón

Marino Mercante y Escritor


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