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| Buena reflexión |
La dignidad y la historia de un pueblo llano, noble, y valiente de herencia hispana, no tiene precio; cosa que posiblemente usted como “pistolero rubio de aldea salvaje del Oeste americano” desconoce.
Por: Julio César González Padrón
Artículo de opinión
Hay palabras que no son inocentes. Y cuando quien las pronuncia es Donald Trump, mucho menos.
En los últimos tiempos, sus declaraciones sobre Cuba han traspasado una línea” roja” que no debería cruzarse nunca y que no es otra que la del perderle el respeto a un pueblo como el cubano, por cuyas venas corre sangre española; porque no se trata solo de política; se trata de dignidad y de no confundir a un grupo de indeseables dirigente dictadores asquerosos comunistas, con todo un pueblo llano, hambriento, amantes de la libertad y que un día fueron vilmente engañados y traicionados
Así que Trump, métete de una vez por todas debajo de esa rubia cabellera producto del agua oxigenada, que el problema no está en el objetivo declarado de terminar con una dictadura. El problema está en la forma, en el tono y en la visión que subyace tras determinadas afirmaciones.
Hablar de “tomar” un país e insinuar que puede convertirse en un estado más de “tú” USA o reducir su destino a una decisión externa, no es firmeza política, es más bien desprecio, y Cuba no es una propiedad. No es una oportunidad geoestratégica. No es un trofeo; es una nación soberana digna de respetar como tal.
Una nación que alcanzó su independencia en 1902, tras un proceso histórico complejo, dejando atrás su etapa colonial con España. Una nación con identidad propia, con raíces profundas y con un pueblo orgulloso que, pese a las dificultades, no ha perdido su sentido de pertenencia.
Y ahí es precisamente donde tú discurso de la imposición se vuelve especialmente peligroso, porque la historia ha demostrado, una y otra vez, que las “liberaciones impuestas” como la que al parecer pretendes llevar a cabo desde fuera, rara vez traen libertad real; traen dependencia, fractura y, en demasiadas ocasiones, nuevas formas de sometimiento. Cambiar un yugo por otro no es avanzar es repetir errores cómo cuando se habla de su futuro, lo mismo que el de Venezuela; como si no les perteneciera o como si fueran los parientes pobres.
El pueblo cubano merece libertad sin matices ni condiciones. Pero también merece en la misma medida, absoluto respeto su soberanía. Nadie tiene derecho a decidir por ellos, ni siquiera en nombre de supuestas buenas intenciones.
La firmeza política no puede confundirse con la arrogancia. La defensa de los derechos no puede construirse sobre amenazas y la libertad, pues si no nace desde el respeto, corre el riesgo de ser otra forma de imposición. El pueblo cubano no necesita ser conquistado; necesita ser escuchado, porque su futuro —libre, digno y soberano— solo puede construirse con una premisa irrenunciable y que pertenezca, exclusivamente, a los cubanos, porque como afirmo, no se trata solo de política. Se trata de dignidad como pueblo.
Quienes observamos la realidad cubana desde este lado del Atlántico —y especialmente desde Canarias— no somos ajenos al sufrimiento del pueblo hermano cubano.
Décadas de un sistema fallido, de restricciones, de escasez y de falta de libertades han dejado una huella profunda. Negarlo sería injusto. Cuba necesita cambios. Necesita respirar. Necesita futuro, y cualquier paso real hacia la libertad, hacia la apertura y hacia el bienestar de su gente, merece ser considerado con esperanza. Pero aquí Sr, Trump no todo vale.
Cuba no es una propiedad. No es una oportunidad geoestratégica. No es un trofeo. Es una nación cien por cien soberana, y ahí es donde el discurso de la imposición se vuelve especialmente peligroso.
Porque la historia ha demostrado, una y otra vez, que las “liberaciones impuestas desde fuera”, rara vez traen libertad real. Traen dependencia, fractura y en demasiadas ocasiones, nuevas formas de sometimiento. Cambiar un yugo por otro no es avanzar; es simplemente repetir errores.
Desde Canarias, esta cuestión se vive con una sensibilidad especial. Cuba no para nosotros los canarios un lugar lejano. Es parte de nuestra memoria colectiva. Es tierra de ida y vuelta, de familias compartidas, de historia entrelazada. Durante generaciones, ha sido —y sigue siendo— la “novena isla canaria” antes que Venezuela y está siempre presente en el corazón de muchos de los isleños de este lado del Atlántico. Por nos eso nos duele doblemente, cómo se habla de su futuro, lo mismo que del Venezuela; como si no les perteneciera o como si fueran los parientes pobres.
Nos duele y mucho ver a su gente sufrir, pero también nos duele escuchar cómo se habla de su futuro como si no les perteneciera.
La firmeza política no puede confundirse con la arrogancia. La defensa de los derechos no puede construirse sobre amenazas, y la libertad, si no nace desde el respeto, corre el riesgo de ser otra forma de imposición porque ínsito que nuestro querido pueblo cubano no necesita ser conquistados; lo que necesita es ser ayudado y escuchado.
Necesita más que nunca ser escuchado y su futuro —libre, digno y soberano— solo puede construirse con una premisa irrenunciable y que pertenezca, exclusivamente, a nuestros hermanos cubano
Porque no hay libertad verdadera cuando viene impuesta, ni dignidad posible cuando se negocia desde la amenaza, y te conviene recordarlo “rubio pistolero yanqui”, que por el dueño del Colt 45 largo y disparar más rápido que ninguno, no le da Patente de Corso a nadie , para hacer lo que te venga en gana, ni incluso escudándote tras un egoísta lema como el de “América Firts”, porque los pueblos como el cubano, que han luchado por su historia como auténticos cosacos no se rinden ante discursos grandilocuentes ni se convierten en propiedad de nadie.
Cuba no será el trofeo de ningún poder y eso te lo aseguro yo Donal Tramp, que además de ser español, también soy isleño. Será y seguirá siendo, como siempre ha sido: orgullosa, resistente y dueña de su propio destino.
Pero dicho lo anterior no “flipéis en colores asquerosos dirigentes comunistas cubanos”, como su presiente Migel Diaz Canel, familia Castro y restos de indeseables pertenecientes a ese ejercito opresor. Somos muchos, donde a pesar de mis 74 años me cuento y ofrezco a luchar, tomando las armas si las circunstancias así lo demandasen y aun estando en contra de las fórmulas pretendidas por “el pistolero rubio americano,” para liberar la que fue lugar de nacimiento de mi bisabuela y patria actual de nuestros hermanos isleños de sangre y corazón, que es el pueblo todo el cubano.
Y no olviden asquerosos dirigentes del partido comunista cubano (PPC) que, como decimos por esta tierra canaria… “Los besugos siempre han acabado teniendo mal Tafete” y yo les auguro desde ya, que a ustedes que no dejan de ser más que unos asquerosos e indeseables manadas de besugos comunistas, pendejos de culo”, pronto, muy pronto, van a tener “mal Tafete” porque, el sabio refranero canario, nunca se equivoca y…. La penca de tuno que está para uno, no hay baifo que se la coma, y a la orilla de la mar canta una loca; cada uno se jode cuando le toca y no se me rían, ni me sean bobo mierdas, cristianos pues conocen bien qué … ¡Casos se hadado!
¡Qué cosas!
Fdo: Julio César González Padrón
Marino Mercante y escritor

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