| Julio, con millas nauticas en sus espaldas |
Por: Julio C. Glez. Padrón
Artículo de opinión
Hablar de hipótesis en política internacional siempre es arriesgado. Más aún cuando se trata de decisiones que dependen de líderes acostumbrados a romper moldes, como es el caso de cargarse porque si, los acuerdos internacionales firmados, como hace sin cortarse un pelo, el “pistolero rubio americano de aldea del lejano oeste, Donal Tumpos. Pero hay escenarios que, aun siendo hipotéticos, merecen ser analizados porque sus consecuencias podrían ser profundas.
Uno de esos escenarios es la posibilidad de que el presidente estadounidense Donald Trump, decidiera llevar a cabo su amenaza de romper o restringir las relaciones comerciales con España. Puede parecer una declaración exagerada o una maniobra de presión política; sin embargo, cuando se trata de Trump, la historia reciente nos demuestra que las advertencias retóricas, a veces terminan convirtiéndose en decisiones concretas.
En política internacional conviene no ignorar las advertencias, incluso cuando parecen exageradas y mucho menos cuando proceden de un líder que ha demostrado sobradamente su disposición a romper reglas, tratados y consensos si considera que los intereses de su país —o su propia agenda política— están en juego. “America Firts”
Por eso, aunque hoy pueda parecer un escenario remoto, la posibilidad de que el presidente estadounidense Donald Trump impulse algún tipo de castigo o restricción comercial contra España, no debería ser tomada a la ligera. No sería la primera vez que el comercio internacional lo utiliza como instrumento de presión política. Y, en su “era Trump”, esta práctica ha dejado de ser una excepción para convertirse casi en una norma.
Las empresas españolas lo saben y por eso miran con creciente inquietud cualquier gesto, cualquier declaración o cualquier amenaza que pueda anticipar un deterioro de las relaciones comerciales entre ambos países.
Estados Unidos es uno de los mercados más importantes para las exportaciones españolas fuera de Europa. En 2025, España exportó bienes a ese país por valor de más de 16.700 millones de euros, aproximadamente el 4.3% de todas las ventas españolas al exterior. Detrás de esa cifra hay sectores enteros que dependen en gran medida de la estabilidad de ese mercado, y eso es precisamente lo que inquieta hoy a parte del tejido empresarial español.
A nadie se le esconde, salvo al parecer a Pedro Sánchez y su gobierno social comunista, que Estados Unidos es uno de los mercados más importantes para las exportaciones españolas fuera, de Europa.
Esta cifra a primera vista y, en términos relativos, puede parecer moderada, pero su impacto es mucho mayor si se analizan los sectores afectados.
Entre los productos españoles más vendidos en el mercado estadounidense destacan:
Maquinaria y equipos industriales, material eléctrico, productos farmacéuticos automoción y componentes, aceite de oliva, vino, productos agroalimentarios, textil y calzado, entre otros
Solo el aceite de oliva, por ejemplo, representa cerca de 970 millones de euros en exportaciones al mercado estadounidense, mientras que la maquinaria supera los 2.600 millones, que no es “moco de pavo”
En otras palabras; detrás de esas cifras hay miles de empresas, cooperativas agrícolas, industrias y decenas de miles de puestos de trabajo.
Aunque por ahora se trates solo de una “amenaza política” de difícil encaje y no de una medida concreta, la inquietud ya existe. Grandes empresas españolas con fuerte presencia en Estados Unidos —desde la banca hasta la energía o la industria farmacéutica— observan con cautela la evolución del conflicto político.
El temor no es tanto “un embargo total,” algo extremadamente difícil de aplicar en el actual sistema económico global, sino medidas parciales; pero igualmente dañinas para nuestro país, como serian, el aumento de aranceles, las trabas administrativas o las sanciones comerciales selectivas
El precedente existe. Durante su anterior etapa política, Trump utilizó los aranceles como instrumento habitual de presión diplomática contra aliados y rivales por igual.
Y cuando la política entra en el terreno del comercio internacional, las consecuencias pueden sentirse durante años.
Curiosamente, España mantiene un importante déficit comercial con Estados Unidos. En 2025 por ejemplo, España importó productos estadounidenses por más de 30.000 millones de euros, muy por encima de lo que exporta.
Esto significa que, en términos estrictamente comerciales, una ruptura total, tampoco beneficiaría a la economía estadounidense.
Pero la lógica económica no siempre determina las decisiones políticas, pues la historia reciente del comercio internacional nos demuestra que los conflictos comerciales responden muchas veces a cálculos geopolíticos, no económicos.
Es cierto y factor muy importante a tener presente, es que España, además, no está sola. Como miembro de la Unión Europea, su política comercial forma parte de una estrategia común o lo que es lo mismo; en teoría, cualquier sanción o embargo contra España, sería en realidad un conflicto con toda la Unión Europea.
No cabe duda de que esto proporcionaría a España una cierta protección institucional.
Pero la experiencia demuestra que los mecanismos de respuesta internacionales, incluidos los de la OMC (Organización Mundial del Comercio), suelen ser lentos, complejos y tardíos; tanto que cuando se resuelven los litigios, muchas veces el daño económico ya está hecho. Y como decimos en Canarias… “Al conejo huido …Palos a la madriguera”.
Por eso la preocupación empresarial no es solo jurídica, sino también práctica, pues, los mercados reaccionan a la incertidumbre mucho antes que las instituciones.
Existe, sin embargo, un dato que invita a la prudencia y al análisis sereno y es que, conviene también recordar que más del 60% de las exportaciones españolas se dirigen a otros países de la Unión Europea, lo que reduce en parte la dependencia del mercado estadounidense; a la postre que reduce el impacto potencial de cualquier conflicto bilateral. Pero eso no elimina, ni mucho menos, el impacto que tendría una crisis comercial con la mayor economía del planeta.
Eso no significaría que una ruptura comercial con Estados Unidos fuera irrelevante; pero sí indica que la economía española dispone de cierta capacidad de adaptación si el escenario se deteriorara.
La verdadera cuestión, por tanto, no es solo si “el rubio pistolero del Trump” podría cumplir su amenaza.
La pregunta más importante es otra ¿hasta qué punto las economías abiertas, como la española, están preparadas para un mundo donde el comercio internacional se utiliza cada vez más como arma política?
Porque ese, muy probablemente, sea el verdadero cambio de época ya que, el comercio global ya no se mueve solo por la lógica de los mercados y cada vez más, lo hace por la lógica del poder.
Pero insisto que en política internacional conviene no ignorar las advertencias, incluso cuando parecen exageradas, sobre todo estando Donal Trump como actor principal invitado de esta película de terror negro que estamos viviendo en el mundo.
Por eso, cuando desde Washington se desliza la posibilidad de medidas comerciales punitivas —aranceles, restricciones regulatorias o sanciones selectivas— la preocupación se extiende rápidamente por el tejido empresarial.
Si amigos, la preocupación no es ni mucho menos infundada. No nos olvidemos que, existe un precedente. Durante su anterior etapa política, él rubito Trump utilizó los aranceles como instrumento habitual de presión diplomática contra aliados y rivales por igual y no los utilizó contra su propia madre, porque no se le opuso en principio. Jajajaja
Además, sin alterase y cómo actúan “los pistoleros del viejo oeste americano, Trump demostró que no dudaba en utilizar el comercio como herramienta de presión; de la misma manera que su “colt 45 largo” cuando alguien no le gusta; Eso sí, después de advertirle dé que… “en este pueblo no hay sitio más que para él”. Y eso lo lleva a cabo incluso contra aliados tradicionales de Estados Unidos y me remito a su forma de actuar con imposición de aranceles al acero y al aluminio europeos o las amenazas de sanciones a determinados productos agrícolas que fueron ejemplos claros de esa estrategia; lo que nos viene a demostrar una vez más, que la llamada “lógica económica”, en estos casos, suele quedar en segundo plano.
De hecho, España mantiene un importante déficit comercial con Estados Unidos. Importamos mucho más de lo que exportamos. En 2025 las importaciones españolas procedentes de Estados Unidos superaron los 30.000 millones de euros, casi el doble de lo que España vende a ese país.
Dicho de otro modo: un conflicto comercial perjudicaría también a empresas y productores estadounidenses.
Si bien es cierto que España, además, forma parte de la Unión Europea, lo que en teoría le tendría que proporcionar un sólido escudo institucional, pues la política comercial europea es común, y cualquier medida contra España tendría inevitablemente una dimensión europea; pero la política internacional, no siempre se rige por la lógica de los balances comerciales. A menudo se rige por la lógica del poder. (Trump-USA)
CONCLUSIÓN FINAL. -
La lección que deja este escenario, aunque todavía sea hipotético, está más clara que el agua de la Heredad del Valle de los Nueve (Telde)
En un mundo cada vez más fragmentado, el comercio internacional está dejando de ser un espacio de cooperación para convertirse, cada vez más, en un instrumento de presión política y si alguien pone en duda que le pregunten al “pistolero rubio americano”; pues ocurre incluso hasta con los aliados, que pueden convertirse en objetivos de la noche para la mañana.
Por ello, apunto de que, “el iluminado” del Pedro Sánchez” que nos caído por desgracia en España, haría más bien en tomar buena nota o hacerse a un lado ya y dejar la Moncloa para los que saben del asunto, porque en el nuevo tablero geopolítico que está emergiendo actualmente , la estabilidad económica ya no depende solo de la competitividad de las empresas, ni de que se muestren “nuestros atributos de macho ibérico” para agradar a Yolanda Diaz y a una parte de esa izquierda “fumada, buena buenísima”, que si los dejamos, nos pueden llevar a la ruina. Depende, cada vez más, de la imprevisibilidad de los líderes y hasta ahora, pocos o ninguno han demostrado ser tan imprevisibles como Trump.
Y para no acabar mi artículo, sin recurrir a esas tan sabias expresiones canarias que tanto me gustan diré que, … “¡Ojo al parche cristiano! Que, Mamá está mala y a la orilla de la mar cantaba una loca, cada uno se jode cuando le toca, no obstante… ¡Casos se han dado!
¡Qué cosas!
Fdo: Julio César González Padrón
Marino Mercante y Escritor
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