| Julio Marino Mercante |
El pulso nuclear que vuelve a incendiar Oriente
Medio
Por: Julio C. González Padrón
Artículo de opinión
Mientras el mundo entero vuelve a mirar hacia Oriente Medio con el temor de una
escalada mayor, un término técnico reaparece en titulares, tertulias y redes sociales: “las
centrifugadoras iraníes”. Esas máquinas, aparentemente anodinas, se han convertido
en el epicentro de un conflicto que mezcla geopolítica, intereses económicos,
rivalidades históricas y decisiones políticas que han marcado el rumbo de la región.
Pero…. ¿Qué son exactamente esas centrifugadoras? ¿Por qué generan tanta tensión?
¿Y qué papel jugaron Donald Trump y Benjamín Netanyahu en el colapso del acuerdo
que pretendía mantenerlas bajo control?
Voy a intentar explicarlo de una forma, llana, clara, sencilla, como si
fuera para un alumno de la LOGSE socialista (progre sí, pero burro) y
todo ello sin perder su autenticidad.
Para entender el conflicto, conviene empezar por lo básico. El uranio que se extrae de la
tierra no sirve directamente para producir energía nuclear ni, mucho menos, para
fabricar un arma atómica. Solo una pequeña parte —el isótopo U235— es útil para ello
y ahí es donde entran en juego las centrifugadoras; estos aparatos, muy parecidos a la de
nuestras lavadoras domésticas, giran a velocidades extremas de hasta 100.000
revoluciones por minuto, consiguiendo así, separar los isótopos más ligeros (U235) de
los más pesados (U238). La diferencia entre un uso civil y uno militar es, literalmente,
cuestión de porcentaje. Y por eso cada centrifugadora cuenta.
Por cierto, los “isotopos” son un tipo de átomos de un mismo elemento, cuyos núcleos
poseen una cantidad diferente de neutrones y, por lo tanto, difieren en números másicos
o lo que es lo mismo; se trata de un valor entero que define la masa aproximada del
átomo. Se representa con la letra “A”
En el año 2015, tras años de negociaciones, Irán y las principales potencias mundiales
firmaron el famoso Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), por el cual se
imponían límites estrictos o límites a la reducción drástica del número de
centrifugadoras para el enriquecimiento máximo del uranio, que no podía ser superior al
3,67 %. Al mismo tiempo que, se comprometía Irán a
permitir las inspecciones internacionales constantes y a la transparencia total en las
instalaciones nucleares.
Como contrapartida a cambio, se levantaban las sanciones económicas que asfixiaban al
país persa.
Durante los primeros años, los informes del OIEA fueron claros; Irán cumplía, si bien
el acuerdo no era perfecto, mantenía el programa nuclear bajo vigilancia y alejaba el
fantasma de una carrera armamentística en la región.
Pero he aquí qué, en 2018, el entonces presidente estadounidense Donald Trump, el cual
de siempre tuvo sueños de “pistolero malo de aldea del salvaje oeste americano”
espoleado por el otro “figura” judío del Netanyahu, decidió retirar a Estados Unidos del
acuerdo y lo hizo, simplemente por sus “santos c……” pese que, las agencias de
inteligencia estadounidenses confirmaban que Irán respetaba los límites y los aliados
europeos pedían mantener el pacto; Hasta el OIEA certificaba el cumplimiento iraní.
La decisión no surgió en el vacío. El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu,
figura bélica donde las haya y enemigo declarado del acuerdo, llevaba años presionando
para desmantelarlo. Ya que, para Israel, Irán es un rival histórico y estratégico, y
cualquier avance nuclear —aunque fuera civil— lo percibe como una amenaza
existencial.
“El pistolero rubio americano Trump”, fue entonces cuando por su parte, encontró en
la ruptura una forma de reafirmar su doctrina “America First”, contraria a los acuerdos
multilaterales; satisfacer a su base política más dura; beneficiar indirectamente a la
industria armamentística estadounidense, que siempre crece en tiempos de tensión , y
por último, desenfundar , darle gesto al gatillo de su Clot 45 Largo y presentarse ante el
mundo como el líder que “no se deja engañar” por Irán, aunque los datos dijeran lo
contrario. Pues como decían los pistoleros del salvaje oeste americano…” En este
pueblo no hay sitio para los dos, forastero, disparaba y se cargaba al oponente frente a
la cantina”
En definitiva; resulto que, el resultado fue inmediato: Irán reactivó y aceleró su
programa nuclear, las centrifugadoras volvieron a girar sin supervisión internacional, y
el acuerdo quedó herido de muerte que era, en definitiva, lo que buscaban tanto el judío
como el yanque rubio, para que le sirviera de escusa en el furo próximo par una
intervención armada como la que han llevado a cabo.
Hoy, cuando se habla de ataques, represalias y amenazas cruzadas, conviene recordar
que nada de esto surgió de la nada, pues fue a ruptura del acuerdo abrió la puerta a:
Un Irán más decidido a demostrar fuerza.
Un Israel más dispuesto a actuar preventivamente.
Un Estados Unidos que oscila entre la presión militar y la diplomacia según
quién ocupe la Casa Blanca.
Una región donde cada movimiento tiene consecuencias globales.
Las famosas centrifugadoras, en el fondo, son solo máquinas. Pero se han convertido en
el símbolo de un conflicto donde se mezclan ambiciones nacionales, rivalidades
históricas y decisiones políticas que, lejos de buscar la estabilidad, parecen alimentar la
confrontación.
La pregunta que todos nos hacemos ahora y nadie nos la contesta es… ¿Si el acuerdo
funcionaba e Irán estaba siendo vigilado ya que la comunidad internacional tenía
acceso a sus instalaciones… por qué coño lo rompieron?
La respuesta, aunque incómoda, es difícil de ignorar, pero no es más que…. Porque a
algunos actores les convenía más un Irán presionado, aislado y demonizado que, un
Irán integrado y supervisado.
Netanyahu lo veía como una amenaza existencial. Trump lo veía como una oportunidad
política y económica, y ambos compartían una visión del mundo donde la fuerza se
impone al diálogo.
Lo peor que ocurre con los pensamientos de estos “dos locos como cabras majoreras
del tipo calzona” (ver mi tratado sobre el léxico canario), que son Netanyahu y Trump,
es que Oriente Medio no es un asunto lejano. Afecta al precio de la energía, a la
estabilidad global, a la seguridad europea y a la política internacional; por eso, es
importante entender que detrás de cada titular sobre “centrifugadoras” hay una historia
más profunda: la de un acuerdo que pudo evitar esta escalada y que fue desmantelado
por intereses que poco tenían que ver con la paz.
Al final, la historia de “las centrifugadoras” iraníes no va solo de física nuclear, ni de
porcentajes de enriquecimiento. Va de decisiones políticas que han alimentado un
incendio que pudo evitarse.
El acuerdo de 2015 no era perfecto, pero funcionaba: contenía, vigilaba y estabilizaba y
su demolición abrió la puerta a la incertidumbre, a la desconfianza y a una escalada que
hoy pagamos todos. Y esto conviene decirlo sin rodeos, y sin jugar a ejercer de “progre
ecologista Sanchista bueno, buenísimo”, pues cuando los líderes que deberían apostar
por la diplomacia prefieren la confrontación, cuando se privilegia el interés propio sobre
la seguridad colectiva, el mundo se vuelve un lugar más peligroso; las centrifugadoras
seguirán girando, pero la pregunta es: ¿Quién las hace girar… y con qué propósito?
Porque, en esta partida, lo que está en juego no es solo el equilibrio de Oriente Medio,
sino la capacidad global de elegir entre el diálogo o el abismo.
Esto mismo se lo dije a un primo mío, hispano-venezolano, afincado en Miami y
algo/demasiado “trumpista”, para mi gusto diría yo. (No te me enfades primo J.M. que
sabes que te quiero), JAJAJAJAJA
Y ahora, haciendo uso una vez más de las simpáticas y típicas exclamaciones canarias
con las que me gustan acabar mis artículos de opinión, les cuento qué… “Se me puso
gallo el peninsular y tuve que cantarle las cuarenta, que uno será un maúro de Telde,
pero muy patriota, español y honrado hasta decir basta; por lo tanto, le gusta de toda
la vida hablar en cristiano o lo que es lo mismo, con la lengua del Imperio y no en
inglés Yanque; además de hacerlo con la libertad de los condenados, qué… ¡Casos se
han dado!,
¡Qué cosas!
Fdo: Julio César González Padrón
Marino Mercante y Escritor
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