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José Antonio Cabrera. ASSOPRESS
Situado en las laderas del Barranco del Guiniguada, el Jardín Botánico Canario "Viera y Clavijo" es el jardín botánico más grande de España y uno de los mejores del mundo en cuanto a la gestión de flora insular. Con sus 27 hectáreas de extensión, representa un puente entre la historia de la botánica y el futuro de la conservación.
El jardín fue fundado en 1952 por el botánico sueco Eric Ragnor Sventenius. Su visión fue revolucionaria para la época: en lugar de crear un jardín de exhibición con plantas exóticas de todo el mundo, decidió dedicarlo exclusivamente a la flora de la Macaronesia (Canarias, Azores, Madeira y Cabo Verde).
El nombre rinde homenaje a José de Viera y Clavijo, el gran polígrafo y naturalista canario del siglo XVIII, quien ya en su "Diccionario de Historia Natural" soñaba con un espacio que albergara la riqueza botánica de las islas.
El Jardín está diseñado para que el visitante recorra los distintos pisos bioclimáticos de las islas en pocos pasos. Entre sus zonas más destacadas se encuentran:
El Jardín de Islas: Una exhibición central con especies endémicas de cada isla del archipiélago.
El Pinar: Una recreación del bosque de pino canario (Pinus canariensis).
La Selva de Doramas: Un intento de recuperar el esplendor de la laurisilva, el bosque húmedo ancestral de Gran Canaria.
El Jardín de Suculentas: Una impresionante colección de cactus, euforbias y verodes.
Más allá de su belleza estética, el Jardín Canario es una institución científica de primer orden. Su labor principal es la preservación de especies amenazadas.
El Banco de Germoplasma: Es el corazón científico del centro. Aquí se conservan semillas de casi toda la flora endémica canaria en condiciones de baja temperatura y humedad. Esto garantiza que, si una especie se extingue en la naturaleza, pueda ser reintroducida.
Laboratorios de Biología Molecular: Se realizan estudios genéticos para entender la evolución de las plantas en las islas y cómo protegerlas mejor frente al cambio climático.
A lo largo de su historia, el centro ha contado con mentes brillantes que han catalogado la biodiversidad canaria:
Eric Sventenius: El fundador, cuya tumba se encuentra dentro del propio jardín, rodeada de las plantas que amó.
David Bramwell: Director durante décadas y una figura clave en la botánica internacional, quien impulsó la faceta investigadora y educativa del jardín.
El Jardín Botánico Canario publica su propia revista científica, Botanica Macaronesica, una de las más respetadas en el ámbito de la botánica insular.
El jardín no es un museo estático. Es un espacio vivo donde la cultura y la naturaleza se dan la mano:
Senderismo Científico: Sus senderos permiten explorar cuevas naturales y puentes de piedra que cruzan el barranco.
Educación Ambiental: Programas constantes para colegios y talleres para ciudadanos sobre jardinería autóctona y sostenibilidad.
Turismo Responsable: Es una parada obligatoria para quienes buscan entender por qué Canarias es conocida como un "laboratorio de la evolución".
El Jardín Canario "Viera y Clavijo" es un recordatorio de que la biodiversidad es frágil, pero que con ciencia y pasión es posible protegerla. Es, en esencia, el lugar donde las plantas de las islas cuentan su historia de millones de años.

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