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martes, 29 de septiembre de 2026

Trump y las dictaduras que no ha logrado derribar.


El pistolero de la pluma


“Parece que, al rubio pistolero americano, se le ha encasquillado el colt 45 largo”

“Pedro Sánchez no es el único que incumple sus promesas electorales”


Por: Julio César González Padrón

Artículo de opinión

“El rubio pistolero de la lejana aldea del salvaje oeste americano Donal Trump”, se presentó ante buena parte de su electorado y mundo entero, como el líder capaz de restaurar el poder de Estados Unidos y enfrentarse a los regímenes, que él consideraba enemigos de la libertad. Así a voz de pronto, más parecía la llegada de un nuevo Mesias redentor, que de un “chulo rubio pistolero americano, dispuesto a usar su Colt 45 largo y cargarse al primero que se le pusiera delante y no le gustar su mirada”

Pero hay una vieja costumbre en la política moderna que se resume en “prometer más de lo que se puede cumplir”. Y pocas veces se ha visto con tanta claridad como en el caso de Donald Trump, un hombre que llegó al poder presentándose como negociador implacable, pacificador mundial y azote de todas las dictaduras incómodas, aunque solo para los Estados Unidos.

Entre sus promesas figuraban “meter en cintura” a Cuba, Venezuela e Irán. Regímenes que, según sus propias palabras, estaban condenados a doblegarse ante la presión de Washington.

 Años después, conviene preguntarse…  ¿Qué quedó de aquellas proclamas que parecían anunciar un vuelco histórico? La respuesta es incómoda y bastante, por cierto.

Pero, como viejo lobo de mar, que además arrastra de por vida el ser un mauro de Telde y siguiendo mi estilo marinero voy a intentar analizar caso por caso, 



“Cuba: la realidad contra la propaganda”

El caso cubano resulta especialmente significativo.

Hace sesenta y seis años, una revolución prometió liberar a los cubanos de una dictadura (Gerenarl Batista), pero lo que vino después con Fidel Castro, Che Guevara y resto compinches revolucionarios, fue otro sistema de poder que, generación tras generación, ha restringido libertades y ha terminado sumiendo al país en una crisis permanente.

Sin embargo, sería un error pensar que la responsabilidad de esta tragedia corresponde únicamente a La Habana. También Washington lleva décadas demostrando una asombrosa incapacidad para comprender la realidad cubana.

Ahora Donald Trump asegura, que no será necesaria una intervención militar porque el Gobierno cubano terminará cediendo ante su presión económica y política.

 El mismo argumento, con distintos matices, lo hemos escuchado durante décadas. “El régimen está a punto de caer. El sistema se encuentra agotado. El final es inminente”. Y mientras tanto pasan los años, cambian los presidentes estadounidenses y Cuba continúa donde estaba, con un pueblo cada vez más jodido y unos gobernantes diciéndoles “Patria o muerte”, como si esa proclama fuera a quitarles el hambre y sacarlos de la mayor de las miserias jamas vista en Cuba. Al menos, al pueblo llano, porque las elites del partido comunista, siguen viviendo como Dios. ¡Faltaría más! ¡Que por algo son comunistas!

Trump ha llegado a afirmar que el régimen cubano se encuentra sometido a una presión sin precedentes y que terminará cayendo.

Pero la historia demuestra algo que demasiados estrategas se niegan a aceptar: “el hambre puede debilitar a un pueblo, pero no necesariamente derriba a quienes lo gobiernan”.

Los cubanos soportan apagones, escasez, salarios insuficientes y una emigración que ha vaciado barrios enteros. Sin embargo, quienes administran el poder siguen conservando los instrumentos esenciales para perpetuarse. Y ahí radica el error de cálculo de quienes, desde cómodos despachos a miles de kilómetros de distancia, creen que el sufrimiento social produce automáticamente cambios políticos. No querido pistolero rubio americano. has olvidado, que por las venas de los cubanos circula sangre española, que nada tiene que ver con la anglosajona, por ejemplo.

Hoy por hoy no hay nada que indique que un régimen vaya a desaparecer simplemente porque la población esté cansada. Si así fuera, muchas dictaduras habrían desaparecido hace décadas. Por lo tanto, que rubio pistolero americano, cambia el rollo, que esa película ya la hemos visto muchas veces e incluso en “fémina” que en el Cine Cervantes de Telde la daban los miércoles por medio duro. Eso sí, las pulgas que agarrabas en la sala, no te las cobraban. Era una gentileza de la casa. Jajajajaja.

“Venezuela: otra profecía incumplida”

Con Venezuela ocurrió algo parecido, con la única diferencia, de que el país es rico en petróleo. 

Y que conste que, por tratarse de mi segunda patria, me duele particularmente y sobremanera 

Se anunciaron aislamientos internacionales, sanciones demoledoras y desplomes inminentes. Se habló una y otra vez del final del chavismo como si se tratara de una cuenta atrás irreversible.

Sin embargo, la realidad volvió a desmentir a los profetas.

Los sistemas políticos no se derrumban únicamente porque una potencia extranjera, USA como es el caso, lo desee. Se sostienen mediante estructuras de poder, intereses internos y alianzas internacionales, mucho más complejas que cualquier discurso electoral.

Y en este caso, salía más efectivo y económico hacer “Santa” a Decy Rodríguez, meter en la cárcel al subnormal del Nicolas Maduro, y darles una palmadita en la espalda a los militares, que ayudar a que se cumpliera la voluntad de un pueblo que sufría la tiranía chavista.

Pero de ello y más extensamente hablaré otro día. Porque los “pendejos venezolanos” -añadió el rubio pistolero- Bien se merecen lo que tienen, y aunque no me gusta, que nadie llame “pendejos” a mis hermanos venezolanos, tengo que admitir que al menos en esta ocasión, algo de razón tienen “el pistolero rubio americano”.

Porque si los cubanos mantienen al menos su dignidad; los venezolanos están demostrando vergonzosamente, para los que amamos Venezuela, como este viejo lobo de mar que suscribe, que no dan “palo al agua” y, por lo tanto, se merecen lo que les ha caído encima; que insisto, me duele en lo más profundo de mi corazón y me pregunto… ¿Dónde y cuándo “panas”, fue, que se les apagó la llama de la hombría isleña?


“Irán: la arrogancia de creer que todo tiene un precio”

El caso iraní, refleja además otro error frecuente de la política exterior estadounidense; la convicción de que cualquier adversario terminará cediendo si la presión es suficientemente intensa. ¡Qué gran error rubio pistolero!

Porque Irán no es una pequeña nación aislada. Es una potencia regional con ambiciones propias, una fuerte identidad nacional y una larga experiencia resistiendo sanciones y amenazas a través de la historia de la humanidad. No hay más que echarle un vistazo al pasado; al primer pueblo, a los “elamitas”, que terminaron fundando el imperio Persa y que Trump por ser americano de USA, de esa asignatura mundial, conoce menos aun menos que un alumno de la LOGSE socialista, que ya es decir.

Pensar que un régimen, así como el de los fanáticos religiosos ayatolás, que además son chiitas, que casi equivale a decir en España, “Sanchista”, que no te despegan de la Moncloa, ni con disolvente del fuerte, van a doblar la rodilla porque lo anuncie un presidente norteamericano, por muy rubio y rápido que sea sacando su Colt 45 largo, revela más soberbia que análisis, y más estupidez que cordura. ¿O es que ya se olvidó lo que les pasó en Vietnam, no hace muchos años?


“El límite del poder”

Quizá el verdadero problema de Trump no haya sido la falta de determinación, sino un exceso de confianza, de chulería anglosajona, y de arrogancia americana.

Muchos líderes estadounidenses siguen comportándose como si el mundo continuara siendo aquel tablero surgido tras la caída de la Unión Soviética, donde bastaba una orden desde Washington, para alterar el rumbo de cualquier nación. 

Pero el mundo ha cambiado y hoy Estados Unidos, aunque siga siendo una potencia formidable, ya no posee la capacidad de moldear a voluntad los acontecimientos internacionales. Y las dictaduras, por desgracia, tampoco desaparecen porque alguien las condene desde una tribuna.

La gran ironía es que Trump, prometió acabar con regímenes que consideraba débiles y acabó demostrando, involuntariamente, la fortaleza que aún conservan.

Porque una cosa es ganar elecciones mediante eslóganes rotundos, demagogia o mucho dinero, y otra muy distinta cambiar la realidad de las cosas.

Y la realidad, siempre terca, sigue recordando que las dictaduras no caen cuando lo ordena un presidente extranjero, aunque sea un “pistolero, rubio, y americano”. Caen cuando sus propios pueblos encuentran la fuerza, la oportunidad y el momento para derribarlas. 

Mientras tanto, las grandes promesas suelen acabar donde terminan casi todas las fanfarronadas políticas; esto es, en las hemerotecas.

Pero…  ¿Que te voy a contar de Donal Trump, que tú a estas alturas no sepas ya de sobra?

 Los canarios mauros de Telde como yo, decimos y no nos equivocamos que…” Quien nace barrigón, ni que lo fajen de pequeñito”; y este “rubio” te aseguro que fue de los que nació “panzudo” y desde luego, no será ésta la primera, ni la última vez que ocurra, pues a lo largo de la historia… ¡Casos se han dado!

¡Qué cosas!


Fdo:

Julio César González Padrón

Marino Mercante y escritor


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