Artículo de opinión
El suceso de este jueves por la tarde noche en el centro comercial Las Terrazas no es un caso aislado ni un hecho fortuito. Ver a cuatro hombres asaltar una joyería a plena luz de la actividad comercial, llevarse un botín de miles de euros y huir impunemente no hace más que confirmar una sospecha desgastante: nos estamos acostumbrando a la inseguridad.
No se trata del primer golpe, ni mucho menos. La secuencia de robos cometidos en los últimos meses tanto en Las Terrazas como en El Mirador dibuja un patrón gravísimo. Ya no hablamos de pequeños hurtos al descuido, sino de operaciones coordinadas, rápidas y ejecutadas con una frialdad que denota la presencia de grupos organizados o, cuando menos, de delincuentes que no le temen en absoluto al sistema. Saben perfectamente qué hacer, cómo actuar y por dónde escapar.
La gran pregunta que todos nos hacemos en Gran Canaria es: ¿qué está pasando? ¿Por qué esta aparente dejadez y falta de reflejos para blindar áreas comerciales por las que pasan miles de personas cada día?
La pasividad preventiva es alarmante. Resulta incomprensible que, ante la reincidencia de estos ataques, la respuesta no haya sido un despliegue contundente de vigilancia pública y privada. Los ciudadanos y trabajadores del sector no pueden acudir a sus puestos o a disfrutar de su tiempo libre con la constante incertidumbre de verse atrapados en medio de un atraco violentamente planificado.
Sensación de indefensión, falta de medios o descoordinación policial: da igual el diagnóstico, el resultado sigue siendo el mismo. Gran Canaria no puede permitirse que sus polos comerciales se conviertan en el escenario habitual de bandas que actúan a sus anchas. Exigir más presencia policial, planes de seguridad reforzados y explicaciones transparentes a las autoridades ya no es un deseo, es una urgencia inmediata. Antes de que lamentemos males mayores, alguien tiene que tomar cartas en el asunto y devolver la tranquilidad a las calles.ó tenemos que ir pensando en que no podremos salir con seguridad a las calles que ya estamos como estamos.

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