Ir al hospital nunca es una elección voluntaria. Nadie madruga, cruza la ciudad o cancela su jornada laboral para pasar horas en una sala de espera por placer. No es un viaje de ocio, ni una tarde de compras, ni una escapada a la playa. La visita a un centro sanitario es una necesidad humana absoluta, una urgencia vital que, lamentablemente, en la isla de Gran Canaria viene acompañada de un castigo económico injustificado: el pago del aparcamiento.
El caso del Hospital Universitario Insular Materno Infantil es uno de los ejemplos más sangrantes de esta realidad. Quien acude a este recinto lo hace, por lo general, en situaciones de alta vulnerabilidad: padres con niños enfermos, familiares de pacientes ingresados en estado grave o personas que acuden a urgencias con el corazón en el puño. En esos momentos de angustia, la prioridad absoluta es atender al familiar, acompañarlo y salir corriendo hacia la entrada del centro. Nadie se detiene a calcular tarifas ni a mirar el reloj.
La verdadera sorpresa —y la indignación— llega horas o días después, cuando el acompañante regresa al vehículo y se encuentra con la factura. Dejar el coche en el parking se convierte en un dineral, una penalización económica que recae directamente sobre quien ya está sufriendo una crisis personal o familiar.
Una contradicción con la sanidad pública
La sanidad pública se fundamenta en el principio de acceso universal y gratuito en el momento del uso. Sin embargo, cobrar por aparcar en las inmediaciones o dentro del propio recinto hospitalario crea una barrera de acceso económica indirecta.
- La urgencia no entiende de tarifas: En una situación crítica, el transporte privado suele ser la única opción rápida y viable. Exigir el pago por estacionar el vehículo equivale a cobrar un peaje por acceder a la atención médica.
- Carga para los pacientes crónicos y sus familias: Tratamientos prolongados, como la quimio o la radioterapia, o ingresos de larga duración en el Materno Infantil obligan a las familias a desembolsar cantidades astronómicas solo para poder estar al lado de los suyos.
- Falta de alternativas reales: Aunque se promueva el uso del transporte público, la realidad geográfica de Gran Canaria y las condiciones físicas de un enfermo hacen que, en la mayoría de los casos, el coche sea indispensable.
Hacia un modelo justo: la salud como prioridad
Resulta incomprensible que la gestión de los aparcamientos hospitalarios se entienda en muchos casos como un negocio o una concesión lucrativa, cuando debería tratarse como un servicio público esencial vinculado a la salud.
El estacionamiento en los hospitales de Gran Canaria debería ser libre y gratuito para pacientes y acompañantes, o al menos contar con un sistema de validación que exima del pago a quienes justifican su asistencia al centro.
Aparcar en un hospital no es un lujo ni un capricho; es una necesidad impoluta. Castigar el bolsillo de quien cuida o sufre en un momento tan delicado es una injusticia que las instituciones deben corregir de inmediato.


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