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jueves, 3 de septiembre de 2026

MELENARA EL ECO DE UN BARRIO MARINERO QUE ANTAÑO IMPRECNO SUS CALLES DE OLOR A PAN DE LEÑA RECIEN ECHO SALITRE Y PEJINES SECOS, por Joaquín Santana

Playa Melenara años 60 y 80

Historia  redactada  por Joaquín Santana Rodríguez

hay recuerdos que no se borran porque están amasados con la propia tierra que nos vio nacer. Hablar de la Melenara de los años 60, 70 y 80 es evocar una época donde la riqueza no se medía en pesetas, sino en la fuerza de una comunidad que compartía absolutamente todo. No hacía falta más. Yo personalmente que redacto este articulo  que naci  en la calle Luis Millares, al calor del hogar y sin la frialdad de un hospital, marcaba el comienzo de una vida ligada al mar, a las redes húmedas del último lance y a la arena donde los chiquillos corrían descalzos sin que los callos protestaran. Aquella Melenara olía a dos cosas inequívocas: al pescado seco del muelle y al aroma inconfundible del pan recien hecho en la panadería de los hermanos Oliva, cocinado con leña y cáscaras de almendra, impregnando el aire matutino.con aquellos bocadillos de chorizo de teror que los asiduos a la playa o los propios marineros compraban antes de empezar la faena.  Donde se recuerdan personajes como Bonifacio conocido todos como "pollonta" como don Manuel conocido como "Taquito"pescador experimentado y conocedor de la mar .y un largo etc de personalidades muy especiales para el entorno de este importante barrio marinero de antaño.

Las fiestas de aquel barrio de pescadores eran el reflejo perfecto de su gente: humildes, auténticas y organizadas peso a peso por los propios vecinos. La playa no era solo un paisaje, era el escenario de la vida. Allí mismo, sobre la arena, se instalaban las atracciones de la feria y se improvisaban los festejos más disparatados y entrañables. ¿Quién podría olvidar la soltada del lechón untado en aceite,que alguna vez se práctico las carreras de sacos o esos míticos partidos de fútbol entre solteras y casadas disputados con la vehemencia y las risas de toda la vecindad?

​La fraternidad era la única norma. En cualquier rincón de la cala se encendía una fogata para un asadero de sardinas, y nadie quedaba fuera; cualquier persona que llegaba encontraba un sitio, un plato y un trago. Mientras tanto, en las casetas a la orilla del mar, los niños jugaban entre barquitas de pesca artesanal, y los barqueros maduros se cobijaban del sol bajo techumbres de lata para jugar a la baraja, compartiendo copas en el bar de Asunción o en el de Juan «el Cojo».como se le conocia 

​Tampoco faltaban las visitas al quiosco de Periquito que todos  conociamos como el del helado el mítico quiosco de los baños— para amortiguar el calor con un helado,también el bar de fernandito herrera o la estampa del imponente bar La Tortuga, ya desaparecido, con sus cinco o seis pisos desafiando al mar sobre columnas ancladas en lo más profundo del lecho arenoso, acogiendo a las familias que llegaban a pasar el verano.como no recordar la tienda de francisquito que nos vendía desde un puñado de galletas a un lápiz  o los típicos trompos de madera ,ó como no la tienda de bonifacito y como no restaurante casa perico y el bar de isidrito 

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