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| Gritos al ciclista, al mas débil |
En el ecosistema digital y en el tráfico diario ha germinado una hostilidad desmedida hacia un colectivo específico: los ciclistas. Detrás de una pantalla o bajo la impunidad de la carrocería de un coche, los insultos, los desprecios y, en los casos más extremistas, los deseos de desgracia o muerte, se han normalizado de forma preocupante. Sin embargo, al rascar la superficie de estos discursos de odio, lo único que queda al descubierto es una profunda hipocresía respaldada por la ignorancia.
El argumento recurrente de los detractores suele ser siempre el mismo: "no pagan impuestos", "no tienen seguro", "no deberían estar en la carretera". Un discurso tan cómodo como falso.
Quien pedalea en la carretera no vive en un limbo fiscal. La inmensa mayoría de los ciclistas —ya sean aficionados o deportistas habituales— son también conductores. Tienen uno o dos vehículos en casa por los que pagan exactamente las mismas tasas, impuestos de circulación y combustibles que cualquier otro ciudadano. La bicicleta no paga impuesto de matriculación porque no contamina, pero la persona que la maneja ya contribuye de sobra al erario público.
Es falso que el ciclista circule "al margen de la ley". Un porcentaje altísimo de ciclistas aficionados cuenta con seguros de responsabilidad civil, ya sea a través de licencias federativas, pólizas del hogar o seguros específicos contratados voluntariamente para garantizar la tranquilidad en la vía.
Conviene recordar un dato básico de la historia del transporte: la bicicleta llegó a las calles mucho antes que el automóvil. Es el medio de transporte más limpio, eficiente, sostenible y beneficioso para la salud pública jamás inventado. Exigir la expulsión de la bicicleta de la vía pública no solo va en contra de la normativa vigente, sino del sentido común y del futuro de la movilidad.
Más allá del debate fiscal o técnico, lo verdaderamente grave es la deshumanización. Detrás de cada casco, de cada maillot y de cada bicicleta no hay un "estorbo" de dos ruedas: hay un padre, una madre, un hijo, una hermana o un amigo.
Quienes hoy propagan odio en redes sociales o realizan maniobras imprudentes rozando a un ciclista olvidan algo fundamental: la vida da vueltas. Mañana puede ser su propio hijo, su hermano o su mejor amigo quien decida subirse a una bicicleta para hacer deporte o desplazarse.
La carretera no pertenece en exclusiva al motor de combustión. Pertenece a las personas. Tolerar la violencia verbal o física hacia quien elige un vehículo más limpio y vulnerable no es solo un acto de incivismo; es la manifestación más pura de una hipocresía que, tarde o temprano, se vuelve en contra.

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