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miércoles, 6 de marzo de 2019

El final estaba escrito

 Marisol Ayala
Cuando miramos las cosas con distancia, como observadores ajenos de escenas que no te pertenecen tenemos la ventaja de poder intuir como las moverá la vida. Mil veces nos equivocamos y mil veces acertamos.

 Las conocí hace unos diez años y sin saber con certeza que les unía el amor, tuve claro que una amaba más que otra. Una mendigaba y otra daba limosna. Nunca les vi gestos de cariño; se habían acostumbrado a vivir en un corre corre sin tiempo para remendar nada; los viajes eran viajes de trabajo, siempre rodeadas de amigos o conocidos, nunca solas. Las quise y las quiero, pero nunca tuve valor para hablarles de ellas, de su vida, de su futuro, al fin y al cabo, una había levantado un muro que complicaba la comunicación. Hablamos de mil cosas menos de ellas. Yo veía cómo se distanciaban y un día, a cuenta de una conversación, concluí que esa pareja tenía escrito el final, un final y que no sería bueno, sería doloroso, más para una que para otra. Nos vimos durante mucho tiempo más hasta que un día un par de líneas me aclaró mucho. Una se iba a Barcelona otra a Punta Cana. No pregunté. Luego llegaron las comunicaciones y fue así como uní confidencias y cerré el círculo. No querían acabar, pero debían poner punto y final a eso. Tampoco querían hacerse daño así que durante meses evitaron que los sentimientos incontrolados les acercaran al mundo de los reproches. Una quedó muy tocada porque su carácter tímido dificultaba nuevas relaciones y quiso mucho; la otra no tardó en hallar una mujer que la amara, la entendiera.
Con la más afectada hablé mucho allá donde estaba y en una de esas charlas la escuché especialmente cantarina, feliz, risueña. «Loquilla”, pregunté, “¿hay alguien por ahí?». No contestó, pero soltó una sonora carcajada. «Algo, Mari…», me dijo. Me alegré porque sabía de su deficiente manejo de los sentimientos. Llevan dos años de relación y en verano vendrán a Canarias. Está preocupada porque a su padre los negros le gustan poco…”, comenta. “Te quiere tanto que acabará viéndola rubia, verás” y nos reímos. Su ex sigue pintando atardeceres de Marruecos y mantiene intacto su compromiso de salvar el mundo. Dicen que vendrá con un bebé bajo el brazo, el de su pareja y que será pronto. Hace poco recibí una foto en la que cubre su cabeza con un turbante multicolor.
Sus ojos azules brillan más que nunca.
FUENTE:  https://marisolayalablog.wordpress.com/

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