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viernes, 15 de mayo de 2026

La Ascensión del Señor y el silencio público ¿Estamos olvidando quiénes somos?

Julio con la palabra del señor

Un hecho central… que pasa desapercibido

Por: Julio César González Padrón

 Ayer jueves 14 de mayo celebramos los cristianos “La Ascensión del Señor”.  Es este uno de los acontecimientos más significativos del calendario cristiano.  Según el libro de los Hechos de los Apóstoles (1, 6-11), Jesucristo, tras resucitar, se despide de sus discípulos y “sube al Cielo” ante sus ojos, prometiendo el envío del Espíritu Santo.                                                                                                  Durante siglos, esta solemnidad marcó el ritmo espiritual y cultural de España. Era un día de misa, de fiesta, de celebración comunitaria en definitiva un día grande.

Sin embargo, hoy, en pleno siglo XXI, la Ascensión pasa por nuestro calendario pasa sin que apenas nadie la mencione. Ni en la prensa, ni en la radio, ni en la calle. Un silencio que sorprende, especialmente en un país donde la mayoría de la población sigue declarándose creyente y donde la tradición cristiana ha moldeado nuestra identidad colectiva durante siglos.

Pero antes de que los de siempre me salgan con eso de que España es aconfesional, les contesto con rotundidad que sí; pero amnésica, no

La Constitución define a España como un Estado “aconfesional”, pero eso no significa —ni puede significar— que debamos borrar nuestras raíces culturales. La aconfesionalidad garantiza libertad, no desmemoria. Y, sin embargo, la tendencia dominante en los medios y en la vida pública parece ser la de “evitar cualquier referencia a celebraciones cristianas”, incluso cuando forman parte de nuestro patrimonio histórico.

No se trata de pedir privilegios ni de reclamar imposiciones religiosas. Se trata de algo más básico, tal como el reconocer que España tiene una historia, una tradición y un alma cultural que no pueden ignorarse sin empobrecer lo que somos”.

La sociedad española sigue siendo mayoritariamente creyente, pero los medios han adoptado una postura de “hiper-neutralidad”, confundiendo laicidad con silencio absoluto. El resultado es paradójico, pues la gente mantiene sus creencias, las familias conservan sus costumbres. Y las parroquias siguen llenas en las grandes fiestas., pero a pesar de ello, una cosa es cierta y real; “la representación pública de esa realidad ha desaparecido”. La Ascensión es solo un ejemplo más de cómo celebraciones que durante siglos fueron parte del pulso social hoy se diluyen en la indiferencia mediática.

De esta manera perdemos lenguaje común, perdemos memoria compartida, perdemos continuidad generacional. Las fiestas cristianas no son solo actos litúrgicos: son parte del tejido cultural que ha dado forma a España. Desde la arquitectura hasta la literatura, desde las tradiciones populares hasta el calendario laboral, todo está atravesado por una herencia que no se puede borrar sin consecuencias.

Cuando dejamos de nombrar estas celebraciones, cuando desaparecen de la conversación pública, estamos dando un paso más hacia una sociedad desarraigada, donde cada generación empieza desde cero.

Mi crítica no es religiosa; es cultural pues el  reivindicar la presencia de la Ascensión —y de tantas otras fiestas— en los medios y en la vida pública no es pedir catequesis, de mea pilas santurrones,  sino de  respeto por nuestra historia.

Es perfectamente compatible ser un país moderno, plural y aconfesional con reconocer y valorar las tradiciones que nos han dado forma. Lo contrario —el silencio, la omisión, la indiferencia— no es neutralidad: es amnesia cultural.

Conclusión: un país que olvida sus raíces se vuelve más frágil.

Como español, como creyente o simplemente como maúro ciudadano de Telde, consciente de la importancia de la memoria colectiva, preocupa ver cómo celebraciones como la Ascensión se desvanecen del espacio público. No se trata de nostalgia ni de religión: se trata de identidad.

España no puede renunciar a lo que ha sido sin poner en riesgo lo que es. Y recordar la Ascensión —aunque solo sea como hecho cultural— es una forma de mantener viva esa continuidad que nos une con nuestros antepasados y nos da sentido como comunidad.

Y para acabar con una expresión típica canaria y de mi pueblo te diré que… “Esto se entiende de ahora pá después compadre y con solo tres palabras bien dichas, que se lo digo yo cristiano, que ahí más allá … ¡Casos se dado!

¡Qué cosas!


Fdo:

Julio César González Padrón

Marino Mercante y escritor


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