Director: Juan Carlos Melian Naranjo. contacto: teldehabla@gmail.com

martes, 20 de octubre de 2026

Nuevo libro de Julio César González Padrón.

 

Juan Carlos y Julio González

“HABLAR CON LA LIBERTAD DE LOS CONDENADOS”


Juan Carlos Melián Naranjo. 

 Resulta un especial motivo de satisfacción y orgullo, para este humilde director de la revista, el poder anunciar en primicia informativa, el próximo alumbramiento de la nueva obra literaria de nuestro colaborador Julio Glez  

Mi querido Julio: gracias una vez más, porque tu literatura llega como esas luces de recalada que aparecen en el horizonte después de una larga guardia nocturna. Créeme si te digo que leer tu libros y crónicas ha sido un auténtico privilegio.

Telde Habla no he sido más que un humilde práctico de puerto que en ocasiones te ha ayudado a seguir el rumbo a enderezar alguna vela literaria o a consultar alguna carta de navegación cuando el océano de la actualidad se presentaba cubierto de niebla. Pero el capitán de esta singladura siempre has sido tú.

Más de quinientos artículos no se escriben por casualidad. Detrás de ellos hay disciplina, constancia, experiencia vital, curiosidad intelectual y, sobre todo, una profunda necesidad de compartir con los demás aquello que uno piensa y siente. Eso no lo aporta ninguna herramienta. Eso nace exclusivamente del escritor. Y sobre todo cuando se escribe con titulas tu nuevo libro: “HABLAR CON LA LIBERTAD DE LOS CONDENADOS”

Además, te confesaré algo. Si algún lector abre ese futuro libro por cualquier página al azar, encontrará mucho más que opiniones. Encontrará la mirada de un hombre que ha navegado mares reales y también los mares de la condición humana. Encontrará al marino, al ciudadano, al padre, al abuelo, al divulgador histórico y al viejo lobo de mar que nunca se resignó a quedarse callado cuando consideraba que tenía algo que aportar.

Por eso creo que este proyecto tiene algo de simbólico. No será solamente una recopilación de artículos. Será una bitácora de época. Un cuaderno de navegación donde quedarán reflejadas las mareas políticas, sociales y humanas que has contemplado durante años desde tu particular puente de mando.

Y cuando llegue diciembre, amigo mío, estoy convencido de que sentirás una emoción muy especial al ver ese volumen en las librerías. No porque sea un libro más, sino porque representará la suma de cientos de amaneceres ante el teclado, de miles de reflexiones y de una fidelidad inquebrantable a tu forma de entender la libertad de pensamiento.

Si me permites una última reflexión marinera, los marinos sabemos que existen viajes cuya importancia no se mide por las millas recorridas, sino por la estela que dejan tras de sí.

Y me parece que este libro dejará una hermosa estela.

Así que, continúa preparando la derrota, seleccionando artículos y organizando la carga de la bodega. Cuando llegue el momento de zarpar hacia las librerías españolas y sudamericanas, estoy seguro de que muchos lectores subirán a bordo gustosos para recorrer contigo esas páginas.

Será un honor que, entre ellas, figure la firma de esta modesta revista, donde tantos artículos has publicado.

Y recuerda siempre aquel viejo sueño del piloto que tantas veces has compartido conmigo:

"Si cierras un ojo, abre el otro; y si ambos se cansan, deja que sea el corazón quien vigile el horizonte."

¡Buena guardia, querido amigo! 

Fdo. Juan Carlo Melian Naranjo

Director de la Revista TELDE HABLA







A modo de “enyesque “publicamos hoy, solo el prólogo  

Hablar con la libertad de los condenados

Querido Julio, cuando estas navidades de 2026 tu libro vea la luz, como estoy seguro de que ocurrirá, para mí será un orgullo haber aportado estas palabras al puente de mando de una obra que recoge tantos años de trabajo, compromiso y amor por la escritura de un colega y amigo de tantas mareas pasadas juntos.

 Como dirías tú, mi maestro y viejo lobo de mar: "a los golpes de mar, pecho sereno; y a las grandes travesías, rumbo firme."

Tus palabras que has dejado escritas en esta tu obra literaria número diez y seis, llegan como esas luces de recalada que aparecen en el horizonte después de una larga guardia nocturna. Créeme si te digo que leer tu mensaje ha sido un auténtico privilegio

Hay hombres que escriben porque saben.

Hay hombres que escriben porque quieren convencer.

Y hay hombres que escriben porque no saben vivir de otra manera.

Entre estos últimos se encuentra Julio.

Conocí su voz antes que su nombre. Era la voz de quien observa el horizonte sin dejarse distraer por la espuma de las olas. La voz de un marino acostumbrado a distinguir entre el temporal pasajero y las corrientes profundas que mueven realmente el mundo.

Durante años lo he visto llegar puntual a su cita con la palabra. Día tras día. Artículo tras artículo. Sin rendirse jamás al cansancio, a la moda ni al aplauso fácil.

Mientras muchos escriben para agradar, él escribe para reflexionar.

Mientras otros buscan el refugio cómodo de las opiniones mayoritarias, él prefiere navegar mar abierto.

Y eso, en estos tiempos, tiene mérito.

Porque la verdadera libertad de expresión no consiste en decir aquello que todos desean escuchar, sino en atreverse a expresar con respeto aquello que tal vez nadie se atreve a decir.

A lo largo de las páginas que siguen, el lector no encontrará un tratado académico ni una colección de verdades absolutas. Encontrará algo mucho más valioso: el testimonio sincero de un ciudadano libre.

Un hombre que ha contemplado la vida desde la cubierta de los barcos, desde los puertos del mundo, desde las calles de su querida Canarias y desde la experiencia acumulada durante décadas de observación y servicio.

Cada artículo constituye una singladura.

Cada reflexión, una derrota trazada sobre la carta náutica de la actualidad.

Cada crítica, una llamada de atención para evitar arrecifes que otros prefieren ignorar.

Y cada elogio, un reconocimiento justo a quienes han sabido cumplir con su deber.

Julio escribe como hablan los viejos marinos cuando cae la tarde en cubierta: sin adornos innecesarios, sin miedo al juicio ajeno y con la autoridad que otorga la experiencia.

Desde sus textos asoma constantemente una serie de valores que hoy resultan tan necesarios como escasos: el sentido de la responsabilidad, el amor por España, el respeto a la Historia, la defensa de las tradiciones, la preocupación por los más débiles y una firme convicción de que la sociedad solo progresa cuando es capaz de mirarse al espejo con honestidad.

Pero sería un error pensar que estas páginas son únicamente una colección de opiniones.

Son también una memoria de nuestro tiempo.

Aquí quedan recogidas las inquietudes, los debates, las esperanzas y las preocupaciones de una época convulsa que ha puesto a prueba muchas de las certezas que creíamos inamovibles.

Las generaciones futuras encontrarán en ellas algo más que artículos periodísticos. Encontrarán el retrato humano de un ciudadano que decidió no permanecer callado.

Y eso tiene un inmenso valor.

En una sociedad donde con frecuencia abundan los espectadores, Julio eligió ser participante.

Cuando muchos optaron por el silencio prudente, él prefirió hablar.

Y cuando algunos confundieron la conformidad con la convivencia, él continuó ejerciendo el derecho, y también el deber, de pensar por sí mismo.

Quizá por eso el título de esta obra resulta tan acertado.

Porque hablar con la libertad de los condenados no significa hablar desde el resentimiento.

Significa hacerlo desde la independencia.

Desde la serenidad de quien ya no necesita demostrar nada.

Desde la honestidad de quien sabe que la única fidelidad verdaderamente importante es la que uno mantiene con su propia conciencia.

Los viejos lobos de mar conocen bien esa sensación.

Tras muchos años de navegación llegan a comprender que existen tormentas inevitables y puertos engañosos. Aprenden que las cartas náuticas ayudan, pero que ninguna sustituye al criterio del piloto. Y descubren que, cuando arrecia el temporal, la mejor brújula sigue siendo la experiencia.

Julio pertenece a esa estirpe.

A la de los hombres que no temen al oleaje porque llevan una vida entera enfrentándose a él.

A la de quienes siguen oteando el horizonte cuando otros ya han bajado la vista.

A la de quienes continúan creyendo que merece la pena defender una idea, una convicción o un principio.

Por todo ello, querido lector, te invito a embarcarte en esta travesía.

Recorre estas páginas sin prejuicios.

Déjate acompañar por la voz de quien escribe desde la experiencia, la reflexión y la libertad.

Y cuando llegues al final del viaje, estoy convencido de que comprenderás que no has leído únicamente una recopilación de artículos.

Habrás compartido singladura con un hombre que convirtió la palabra en timón y la conciencia en rumbo.

Y eso, en cualquier mar y en cualquier tiempo, siempre merece la pena.

Firmado 

 Tu Colega de mareas literarias:

 Capitán C. P.


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